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15.03.2021

La COVID-19 y la crisis económica marcan el décimo aniversario de la guerra en Siria

Pedimos a todas las partes en el conflicto que garanticen la protección de los civiles, incluidos los trabajadores sanitarios y sus pacientes, así como de las instalaciones médicas.

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Cuando se cumplen 10 años del inicio de la guerra en Siria, sus efectos siguen siendo devastadores para millones de sirios en todo el mundo. Y es que, a día de hoy, 13 millones de personas dentro del país necesitan ayuda humanitaria, según datos de Naciones Unidas.

Casi 12 millones de sirios, la mitad de la población del país antes del conflicto, han tenido que huir de sus hogares y están desplazados dentro y fuera de Siria. Unos 5,6 millones de refugiados se encuentran dispersos por todo el mundo, la gran mayoría en Turquía, Líbano, Jordania, Irak y Egipto. Además, 6,2 millones de personas son desplazados internos, el mayor número en todo el mundo, y la gran mayoría subsiste en condiciones críticas.

Diez años después, la guerra sigue. Durante 2020, zonas civiles e infraestructuras, incluidas instalaciones médicas, fueron regularmente atacadas. Miles de personas murieron o resultaron heridas, y cientos de miles fueron expulsadas de sus hogares. Por ejemplo, casi un millón de personas se vieron obligadas a desplazarse  durante la última ofensiva en el noroeste de Siria, que se prolongó hasta marzo de 2020. Aunque la intensidad de los combates en la zona ha disminuido considerablemente desde que se firmó el último alto el fuego hace un año, muchas personas, incluidas mujeres y niños, siguen fuera de sus hogares y viven en condiciones extremas.

Médicos Sin Fronteras (MSF) somos testigo del continuo deterioro de la situación humanitaria en el norte del país, donde seguimos operando. Las enormes necesidades que ya tenían tanto los desplazados internos como los habitantes de la zona se han visto exacerbadas por la pandemia de COVID-19 y el colapso de la economía siria a finales de 2020. Para las cientos de miles de personas que viven en los abarrotados campos de desplazados del norte del país, las necesidades humanitarias son vastas y diversas, desde artículos de primera necesidad, a agua, alimentos o atención médica.

“La población se enfrenta a una situación desesperada. No ven ninguna salida al conflicto, ni ninguna señal de mejora. Su situación se ve agravada por una grave crisis económica y la pandemia de COVID-19. Y viven en el miedo constante a una nueva ofensiva militar, que significaría otro desplazamiento y la necesidad de encontrar un lugar seguro en un área geográfica muy limitada”, afirma Francisco Otero y Villar, nuestro coordinador general para Siria.

 

Un sistema de salud colapsado para lidiar con la COVID-19

Una década de conflicto ha devastado el sistema de salud sirio. Cientos de instalaciones médicas han sido bombardeadas, gran parte del personal médico ha muerto o huido, y todavía hay una escasez desesperada de suministros médicos en muchas partes del país.

Incluso antes de la pandemia de COVID-19, los recursos humanos en el sector de la salud eran extremadamente limitados. Los hospitales a menudo deben compartir personal sanitario para seguir funcionando. En este contexto, el hecho de que algunos sanitarios resulten infectados por el virus y no puedan trabajar marca una gran diferencia en lo que respecta al acceso a la atención médica. Además, la escasez de suministro de oxígeno en la zona también ha afectado la implementación de una respuesta adecuada en la región.

Dada la limitada capacidad de diagnóstico de COVID-19 en el norte de Siria es difícil conocer la extensión real de propagación del virus en el área. En el norte de Siria se han confirmado casi 30.000 casos y casi 900 fallecimientos por coronavirus. El número de casos ha disminuido en las últimas semanas. Aunque esta disminución se pueda interpretar como una buena señal, también podría estar relacionada con la falta de capacidad de análisis en el norte del país.

Proporcionar ayuda humanitaria dentro de Siria sigue siendo extremadamente complicado. Llevamos a cabo operaciones en el noreste y noroeste del país, pero la inseguridad constante, así como las limitaciones de acceso y suministro limitan y obstaculizan la capacidad de la organización de proporcionar una asistencia humanitaria que se necesita desesperadamente.

No podemos trabajar en las áreas controladas por el Gobierno en Siria a pesar de nuestras repetidas solicitudes de permiso para ello a lo largo de estos 10 años del conflicto.

Pedimos a todas las partes en el conflicto que garanticen la protección de los civiles, incluidos los trabajadores sanitarios y sus pacientes, así como de las instalaciones médicas. Es imprescindible que todas las partes garanticen el acceso de ayuda humanitaria en Siria, incluida la prestación de atención médica imparcial donde sea necesario.

Médicos Sin Fronteras hemos respondido a la crisis en Siria desde su inicio. La organización hemos trabajado en diferentes áreas del país: mediante donación de suministros médicos, instalación de hospitales y clínicas o brindando apoyo remoto a instalaciones médicas y redes de médicos en áreas a las que no podía acceder directamente.

En el noroeste del país, en las provincias de Idlib y Alepo, apoyamos la atención sanitaria básica y especializada en varios centros de salud, clínicas móviles y hospitales, y cogestionamos tres hospitales de referencia. Además, nuestros equipos llevan a cabo actividades regulares en los campos de desplazados y asentamientos no oficiales, como por ejemplo, promoción de la salud, agua y saneamiento, y distribuciones de artículo de primera necesidad.

También se realizan campañas de vacunación en los campos y sus alrededores. Contamos con una unidad especializada en quemaduras en Atmé, que ofrece cirugía, injertos de piel, vendajes, fisioterapia y apoyo psicológico a los pacientes.

En el noreste de Siria, gestionamos un centro de nutrición en el campo de al Hol. En julio de 2020, reabrimos una clínica de atención primaria, que incluye una sala de estabilización para casos de emergencia (antes de las derivaciones), en el campo anexo donde residen los extranjeros. También apoyamos al Hospital Nacional de Raqa. En Kobane/Ayn al Arab, proporcionamos a las autoridades locales vacunas de rutina. La donación más reciente ha proporcionado dosis suficientes para inmunizar a 18.000 niños y niñas.

También llevamos a cabo intervenciones específicas de COVID-19, incluyendo actividades de prevención y tratamiento, tanto en el noroeste con el noreste de Siria.