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07.04.2022

La falta de servicios de salud sexual y reproductiva agrava la difícil situación de las mujeres en el noroeste de Siria

Durante el año pasado, atendimos en la región a una media de 50 partos y 600 consultas al día, pero nuestro esfuerzo no es suficiente para paliar las enormes necesidades creadas a lo largo de 11 años de conflicto. Tampoco para cubrir el vacío dejado por el cierre de numerosos centros y programas de salud en este último año.

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Está lloviendo y hace frío; llegan en moto una mujer y su marido a un hospital que apoyamos en la gobernación de Idlib, en el noroeste de Siria. La mujer ha venido para dar a luz. Ratiba, una madre desplazada con cuatro hijos, tres de los cuales nacieron durante el conflicto sirio, cría a sus hijos en una tienda de campaña y le cuesta llegar a fin de mes. Como miles de mujeres en Siria,1 durante su embarazo se le diagnosticó desnutrición. Dijo que, como consecuencia de la desnutrición, sufría “mareos continuos, hipertensión y fatiga”.

Ratiba no es la única que sufre esta situación. En la actualidad, el noroeste de Siria alberga a cuatro millones de personas. De ese total, 2,7 millones son desplazadas internas, y el 80% de ellas son mujeres y niños y niñas. Durante más de una década, hemos presenciado cómo las mujeres, al igual que el resto de la población, se han visto directamente afectadas por el conflicto y sus consecuencias. Muchas personas viven en condiciones precarias y sufren inseguridad alimentaria.2 Los problemas existentes, como la violencia de género y el matrimonio precoz, agravan aún más la vulnerabilidad de las mujeres. “Hasta las etapas normales de la vida de una mujer, como la menstruación, el embarazo o la lactancia, pasan a ser un duro peso para ellas”, afirma Teresa Graceffa, nuestra coordinadora médica en Siria.

El acceso a la sanidad es otro gran reto debido a la inseguridad, las largas distancias a los centros médicos y el coste de los servicios y el transporte. “Recientemente, una mujer que venía desde lejos dio a luz cerca de la entrada de un hospital apoyado por MSF”, explica Caroline Masunda, nuestra responsable médica en Siria.Estaba esperando a reunir el dinero suficiente para pagar el transporte, ya que no había ninguna ambulancia disponible –señala–. Esto es preocupante, porque un parto tardío podría provocar complicaciones médicas, tanto para la madre como para el bebé».

 

Comadrona MSF pesando a una mujer embarazada en un hospital cogestionado por MSF en la gobernación de Idlib, noroeste de Siria.

 

Once años de guerra también han hecho mella en la salud mental de las mujeres; muchas padecen ansiedad, depresión o trastorno de estrés postraumático. La mayoría de las mujeres y adolescentes que reciben apoyo psicológico en nuestras instalaciones afirman que su angustia está directa o indirectamente relacionada con el conflicto. “Hace poco derivé a una joven de 25 años, desplazada y madre de cinco hijos, a un especialista en salud mental, porque presentaba síntomas de depresión; estaba abrumada por la tristeza de no poder seguir amamantando a su hijo recién nacido”, cuenta Sumaya*, nuestra promotora de salud.

Llevamos desde 2012 ofreciendo servicios de salud sexual y reproductiva a las mujeres del noroeste de Siria. Esto incluye atención prenatal, posnatal y a recién nacidos; asistencia en partos, incluyendo las cesáreas; consultas ginecológicas, planificación familiar y apoyo a la salud mental. En 2021, se atendieron más de 18.000 partos en las gobernaciones de Alepo e Idlib y se realizaron más de 200.000 consultas de salud sexual y reproductiva en hospitales, centros de salud y clínicas móviles cogestionados o apoyados por MSF.

Mientras las necesidades humanitarias siguen aumentando, el frágil sistema sanitario del noroeste de Siria se enfrenta a retos estructurales y los déficits de financiación siguen siendo un enorme desafío.

 

Mujer desplazada que ha dado a luz a su cuarto hijo en el hospital cogestionado por MSF, el principal hospital que realiza cesáreas en la zona.

 

En los campos de personas desplazadas que visitan nuestros equipos, las mujeres con frecuencia manifiestan su preocupación por la menor disponibilidad de servicios de atención materna e infantil. “Cada vez que vamos al hospital de la zona, vemos menos personal trabajando, y la mayoría de los servicios suelen estar suspendidos”, dice Fátima*, madre de siete hijos, que recientemente sufrió un aborto espontáneo. “Me he enterado de que han cerrado el hospital donde nació mi hija”, añade.

En el último año, hemos visto cómo varios centros y programas de salud reducían sus actividades o cerraban por falta de financiación. Además, durante el conflicto, cientos de instalaciones médicas han sido dañadas o destruidas. Muchos sanitarios han muerto o han huido del país. A menudo, no hay medicamentos ni suministros médicos esenciales. Todo esto ha repercutido negativamente en el acceso a los servicios esenciales para las mujeres embarazadas, las niñas y los recién nacidos.

Como respuesta, intensificamos nuestras actividades, ya que, en tres de los hospitales que cogestiona, los partos aumentaron en un 50% y las cesáreas se triplicaron en 2021. Este aumento continuó en los dos primeros meses de 2022.

Está claro que la respuesta humanitaria no está a la altura de las necesidades, y resulta imperioso aumentar la financiación de las actividades vitales en el país, incluidos los servicios de salud sexual y reproductiva. “Las mujeres del noroeste de Siria necesitan servicios de salud sexual y reproductiva de calidad y a largo plazo para poder tener la oportunidad de llevar una vida saludable”, afirma nuestro doctor Faisal Omar, coordinador general de MSF en Siria. “Está claro que ahora no es el momento de defraudarlas”.

 

 Comadrona MSF examinando a un recién nacido en la incubadora en le hospital cogestionado por MSF en la gobernación de Idlib, noroeste de Siria.

 

En el noroeste de Siria, prestamos apoyo a siete hospitales, incluida una unidad de quemados, y a 12 centros de atención primaria y tres ambulancias para derivaciones. Además, apoyamos a once clínicas móviles que atienden a campos de personas desplazadas. También llevamos a cabo actividades de agua, saneamiento e higiene en unos cien campos de desplazados en todo el noroeste.

En el noreste de Siria, prestamos apoyo a la vacunación en doce localidades. Dirige una clínica de atención primaria, un programa de enfermedades no infecciosas, otro de atención móvil a personas heridas y una planta de ósmosis inversa para suministrar agua potable en Al Hol. También gestionamos dos clínicas de enfermedades no infecciosas y presta atención primaria, incluyendo a pacientes con tuberculosis, dentro de un centro de detención. Además, ofrecemos apoyo a un hospital, así como un servicio de consultas externas que incluye una sala de urgencias, y ha puesto en marcha un programa de nutrición.

* Nombre ficticio para proteger su identidad.