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10.01.2020

Miles y miles de familias huyen desesperados de la guerra en el noroeste de Siria

Los tiroteos, los bombardeos y las ofensivas terrestres del gobierno de Siria y sus aliados han causado en cuatro meses el desplazamiento de cientos de miles de familias, que sobreviven a duras penas en tiendas de campaña, en pleno invierno. Para muchos, no es la primera vez. Necesitan asistencia humanitaria urgente.

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Las intensas ofensivas militares del gobierno de Siria y sus aliados en el sur de Idlib, en el noroeste del país, han causado una vez más el desplazamiento masivo de miles de personas que buscan escapar de la zona de guerra, donde no cesan los tiroteos, los bombardeos aéreos y las ofensivas terrestres.

El norte de Idlib, cerca de la frontera turca, ya albergaba a alrededor de 1,5 millones de personas. Según la ONU, más de 300.000 han huido de sus hogares desde el 1 de diciembre de 2019, sobre todo en el sur de Idlib. Asustadas y desarraigadas, estas personas se encuentran ahora mismo en una situación de extrema vulnerabilidad. Además, el hacinamiento, las escasas opciones de alojamiento, las frías temperaturas invernales en las montañas, y una respuesta de ayuda al límite de su capacidad complican aún más su realidad.

"Escuchamos historias inquietantes mientras trabajamos en nuestras clínicas móviles", explica nuestro gestor de logística. “A pesar de las temperaturas invernales, las personas nos dicen que temen al sol; lo consideran una mala señal. Relatan que los aviones bombardean cuando el cielo está despejado y, por eso, prefieren los días fríos, nublados y lluviosos. Y el pronóstico del tiempo para los próximos días es soleado…"

Debido a la escalada de violencia, varios hospitales han sido bombardeados y están fuera de servicio, incluido el hospital Maarat al Numan, el más grande de la zona sur de Idlib. Otros fueron evacuados a medida que las hostilidades se extendían hacia su región, y los que están más al norte están saturados. Con el fin de apoyar esta actividad creciente, hemos donado suministros médicos a varios hospitales.

A medida que llegan olas tras olas de nuevas familias, hemos ampliado la actividad en nuestras clínicas móviles para también distribuir mantas, bloques de combustible para calefacción fabricados localmente, y cubrir otras necesidades de cara al invierno. Además, un equipo de ingenieros centrado en mejorar el suministro y la calidad del agua trabaja para cavar letrinas en áreas donde hay concentraciones de familias recién llegadas y para aumentar las cantidades proporcionadas de agua potable.

En el campo de Deir Hassan, en el distrito de Ad Dana, nuestros compañeros han visto cómo llegaban personas durante toda la ofensiva. "Dicen que el viaje fue muy difícil", explica nuestra enfermera Ahmed. “Dejaron todo y escaparon cuando algunos voluntarios les encontraron un vehículo. Algunas otras familias escaparon durante la noche pero, como la gente no usaba las luces de sus coches, hubo accidentes en las carreteras", añade

El campo de Deir Hassan está compuesto por varios asentamientos improvisados donde han llegado más de 11.000 personas en las últimas tres semanas. Estos recién desplazados recibieron solo un pequeño kit de alimentos de emergencia con comida enlatada, pero no tienen refugio ni dispositivos de calefacción.

Una madre con cuatro hijos explicó que su familia y otra de seis integrantes reunieron todo el dinero que tenían para comprar una tienda de campaña: no podían dejar a sus hijos sin refugio en pleno invierno. Algunas familias comparten tiendas de campaña con sus parientes, pero se hacinan enseguida y las condiciones de vida son muy precarias. Para responder al aumento en el número de desplazados internos en este campo, estamos gestionando una clínica móvil para brindar atención médica primaria.

Más al oeste, en el distrito de Harem, una zona montañosa del norte de Idlib, el 7 de enero distribuimos artículos de primera necesidad para el invierno a 52 familias que acababan de llegar. Huyeron de un campo de desplazados más cerca de la línea del frente. Para algunas de ellas, esta es la tercera o cuarta vez que han huido para salvar sus vidas.

"Con más de un millón de personas desplazadas en el área, la falta de refugio y la dependencia casi total en la ayuda son cuestiones críticas", explica Cristian Reynders, coordinador de nuestro proyecto en el norte de Idlib. “A veces no hay espacio disponible para las familias recién llegadas en los campos oficiales, y en otros campos se les pide que traigan su propia tienda de campaña o refugio. Además, hay muy pocas oportunidades de ganar dinero, y la inflación de los precios en los mercados de alimentos es alta, por lo que las personas se endeudan sin esperanza de reembolso y, con el tiempo, se vuelven completamente dependientes de la asistencia”.

"Hay mucha tristeza y desesperación en estos campos", continúa nuestro gestor de logística. “Hablé con un hombre que esperaba su turno en una distribución de ayuda y le pregunté sobre sus esperanzas y sus planes. Su voz se quebró cuando me dijo que su mayor deseo es que esta sea la última vez que él y su familia necesiten huir. ¿Qué puedes  responder a eso?”.

En la parte norte de la gobernación de Idlib, gestionamos cuatro clínicas móviles que rotan las visitas médicas a más de 15 campos y asentamientos informales. Los médicos realizan unas 4.500 consultas al mes, y alrededor de la mitad de los pacientes son niños menores de 15 años. Las patologías más frecuentes son infecciones respiratorias y, en el caso de los recién llegados, el trauma psicológico. Muchos pacientes necesitan ser derivados para recibir tratamiento hospitalario, como los heridos de guerra o las personas con enfermedades crónicas que han pasado demasiado tiempo sin medicación.

La frontera turca está cerrada a los sirios, con la excepción de algunas derivaciones hospitalarias para algunos casos médicos críticos y urgentes, y las líneas del frente de la ofensiva del gobierno sirio se mueven constante y violentamente hacia el norte, hacia las dos carreteras principales que van de este a oeste y de norte a sur a través de Idlib. Así, las comunidades de desplazados quedan atrapadas en un área cada vez más reducida. Muchas organizaciones trabajan para ayudar en el norte de Idlib, pero las necesidades de la población son enormes, muy por encima de su capacidad.

A lo largo del noroeste de Siria, nuestros equipos brindan atención médica materna, general y tratamiento para enfermedades no transmisibles (ENT) mediante clínicas móviles. Distribuyen artículos de primera necesidad y mejoran los sistemas de agua y saneamiento. También brindan apoyo a las actividades regulares de vacunación en dos centros de vacunación, en un hospital y mediante clínicas móviles.

También en el noroeste de Siria, gestionamos una unidad especializada en quemaduras que proporciona servicios de cirugía, injertos de piel, vendajes, fisioterapia y apoyo psicológico. Brindamos asistencia a distancia a las actividades de asistencia médica primaria y secundaria en varios hospitales y clínicas alrededor de Idlib y Alepo, y contamos con asociaciones de cogestión con tres hospitales.

Nuestros proyectos médicos en las gobernaciones de Raqqa, Al Hasakeh y Alepo continúan, a pesar de haber sido reducidas o suspendidas temporalmente en octubre de 2019. Hemos retomado progresivamente algunas actividades en los campos de Al Raqqa, Al Hol, Al Roj y Newroz, así como en Kobane/Ain Al Arab y Tal Kochar/Yaroubiyah. Sin embargo, aún no hemos podido seguir apoyando al hospital de Tal Abyad ni regresar a los alrededores de donde la mayoría de la población, incluido el personal médico, huyó en octubre.

Para garantizar nuestra independencia de cualquier presión política, no recibimos fondos de ningún gobierno para llevar a cabo nuestra labor en Siria.