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17.03.2016

De Qamishli a Zurich: el retrato de Nihad

Nihad, de 36 años, es un kurdo de Siria. Lo tenía casi todo: un techo, un trabajo y una familia. Junto a su hermana, su esposa y su hija Fidanne, de apenas 3 años, huyó de su país en 2012 tras negarse a unirse a las filas del ejército. Tenía miedo a las represalias. Su destino fue el campo de refugiados de Domiz, en Irak.

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En ese campo, Nihad trabajó como psicólogo de Médicos Sin Fronteras. Durante tres años ayudó a aliviar el sufrimiento psicológico y las secuelas mentales que sus compatriotas sufren a raíz del conflicto armado que sacude a Siria desde hace 5 años. Sin embargo, eso no le impidió cuestionarse su futuro y el de su familia. ¿Por cuánto tiempo soportarían vivir en esas condiciones tan difíciles? ¿Qué futuro le podría ofrecer a su hija? Después de meses de discusiones, la única solución que encontró fue la de partir nuevamente. Con sus ahorros y la venta de algunas joyas de su esposa, comenzaron un largo viaje que los llevó hasta Suiza.

La historia de Nihad es una de las pocas que tiene un final feliz. Él tuvo la suerte de iniciar su viaje antes de que los países de los Balcanes se pusieran de acuerdo en levantar vallas y muros. Él y su familia se libraron por apenas unos meses de padecer las penurias que hoy sufren las decenas de miles de personas que están atrapadas entre las fronteras de Serbia, Macedonia y Grecia y que la UE ha decidido dejar abandonadas a su suerte.

A lo largo de la travesía, que les costó más de $12,000 dólares, Nihad y su familia subieron a bordo de una lancha neumática para cruzar el Egeo, se pusieron en manos de traficantes sin escrúpulos, se montaron en infinidad de coches y camiones e hicieron muchísimos kilómetros a pie. A su llegada a Suiza en septiembre de 2015, fueron admitidos en un centro de acogida para solicitantes de asilo y luego se trasladaron a un pequeño apartamento cerca de Zurich. Ahora los cuatro están estudiando francés y alemán con el fin de integrarse mejor a la sociedad suiza.

Sin embargo, a pesar de que Nihad y los suyos están bien, en MSF aún nos preguntamos por qué nuestros políticos siguen empeñados en que personas como él tengan que jugarse la vida para escapar de una muerte casi segura. ¿No se dan cuenta de que por muchas vallas que pongan toda esta gente seguirá intentando llegar hasta suelo europeo a cualquier precio? Cada vez que ponen un nuevo obstáculo en el camino de los refugiados, un traficante de personas se frota las manos con la noticia.