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09.08.2013

Sirios en Líbano: “Las mujeres embarazadas a menudo no saben dónde ir”

“Estaba embarazada de siete meses cuando llegué al Líbano,” explica Maryam de 18 años, una refugiada siria de Alepo. “Muchos de mis familiares perdieron la vida en casa. Vivía aterrorizada y con un temor constante. Tuve que caminar durante horas antes de cruzar la frontera libanesa y tuve una hemorragia. Temí abortar.”

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En abril de 2013, los equipos de Médicos Sin Fronteras (MSF) en Líbano abrieron un proyecto de atención a la salud reproductiva para responder a una importante necesidad entre las refugiadas en el valle de Bekaa, el principal punto de entrada para los sirios que cruzan la frontera con el Líbano. “Muchas mujeres llegan aquí solas, sin su familia ni sus maridos a los que han dejado atrás o han muerto en la guerra,” cuenta Marjie Middleton, la comadrona de MSF a cargo del proyecto. “Algunas están embarazadas y no han podido ver a ningún profesional sanitario durante su embarazo. No saben si su bebé está bien o no porque no han tenido acceso a controles prenatales. Están muy angustiadas, y la mezcla de estrés psicológico y físico es muy peligrosa para su embarazo.”

Falta de acceso a partos seguros y asequibles

Muchos refugiados no conocen a nadie en su nuevo país, por lo que les resulta difícil encontrar ayuda en la comunidad. “Las mujeres embarazadas a menudo no saben dónde ir,” declara Middleton. “Nos han contado historias de mujeres que han dado a luz solas en una tienda. Estas historias me preocupan muy especialmente porque soy comadrona y sé lo peligroso que es, y lo terrible que debe ser para una madre dar a luz asustada y sola.”

El dinero también puede ser un problema. Los controles prenatales son muy caros en Líbano, incluso para las mujeres libanesas. “Una mujer tendrá que gastar el equivalente a 20 dólares americanos sólo para ver a un médico y pagar además las vitaminas que le recete y el transporte,” observa Middleton. “Esto suele suponer más de la mitad del sueldo de una semana.”

El Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) actualmente cubre un 75 por ciento de los gastos que supone dar a luz para las refugiadas sirias independientemente de si constan o no oficialmente como tales en el registro (el ACNUR solía cubrir todos los gastos pero hace poco redujo la cantidad que se había comprometido a dar en un principio, pagando ahora el 75 por ciento debido a la escasez de fondos disponibles). Pero incluso ese 25 por ciento puede ser mucho más de lo que muchas familias refugiadas pueden permitirse, y sólo hay seis hospitales en el valle de Bekaa patrocinados por el ACNUR donde estas mujeres pueden dar a luz.

Los gastos ascienden a 50 dólares estadounidenses para un parto normal y a 200 si se trata de una cesárea. “Si las refugiadas no pueden pagar la cantidad estipulada, se les puede negar el acceso al hospital, o puede que se les confisque su tarjeta de refugiado, lo que suele significar quedarse sin acceso a vales de comida hasta poder saldar la deuda con el hospital,” añade Marjie Middleton.

Unas condiciones de vida deficientes suponen un peligro para los embarazos

Dar a luz en casa sin una partera cualificada conlleva importantes riesgos, que se acentúan en lugares como los que viven la mayoría de refugiados, donde las condiciones de vida suelen ser muy precarias. El hacinamiento y la insalubridad suponen riesgos para las mujeres embarazadas. Se han reportado casos de diarrea acuosa por ejemplo, “También vemos muchas infecciones del aparato reproductor entre muchas pacientes, en parte porque no han tenido acceso a la atención que necesitan durante su embarazo y debido a un acceso limitado a agua potable limpia y a unas debidas condiciones de higiene,” subraya Middleton. “Las infecciones son una de las principales causas de partos prematuros.” Una dieta deficitaria también es un problema, añade: “En muchos casos, las mujeres refugiadas no pueden permitirse los alimentos más básicos, lo que dificulta el crecimiento del bebé y que las madres lleven una vida saludable durante su embarazo. He visto casos de recién nacidos desnutridos.”

Según los estándares de la Organización Mundial de la Salud (OMS), MSF tiene como objetivo practicar cuatro controles prenatales por embarazo. En caso de que haya complicaciones, refiere a las mujeres a un ginecólogo para tratamiento gratuito. Además de practicar controles prenatales en sus consultas mediante comadronas cualificadas, MSF ayuda a las mujeres a reconocer posibles signos de peligro y a planificar el parto, para que las embarazadas que llegan al Líbano sepan qué hacer cuando empiezan las contracciones o si tiene algún problema.

“Hemos atendido a mujeres que han acudido de parto a nuestras consultas y estamos preparados para las urgencias, pero no queremos animar a las mujeres a dar a luz en nuestras instalaciones,” advierte Middleton. “Aunque un 85 por ciento de los partos son normales, un hospital es un lugar mucho más seguro por si se producen complicaciones que requieran una atención especial.”

Controles posnatales y planificación familiar para responder a las necesidades

Tras el parto, tanto el bebé como la madre siguen estando en peligro. MSF ofrece controles posnatales y planificación familiar. “Intentamos que las mujeres regresen a la semana de dar a luz y después de nuevo a las seis semanas para un reconocimiento final y para iniciar la contracepción si lo desean,” dice la comadrona. “Muchas mujeres quieren tener bebés, pero hay muchas que prefieren no quedarse embarazadas.” MSF en la actualidad da respuesta al elevado interés y demanda por servicios de planificación familiar entre las mujeres refugiadas, pues muchas de ellas prefieren evitar quedarse embarazadas mientras vivan en estas condiciones tan difíciles. 

“Mi marido no quiere tener otro hijo de momento, porque la situación se ha hecho insoportable en Siria y nos sentimos muy inseguros en Líbano,” explica una mujer llamada Maryam, que ha venido con su bebé de dos meses a la clínica de MSF en Baalbeck para conseguir anticonceptivos.

Algunas mujeres no han tenido la opción de la contracepción cuando huían de Siria o en el Líbano debido a la falta de información o a problemas económicos. MSF también dispensa atención sanitaria general a las mujeres refugiadas que padecen infecciones, enfermedades de transmisión sexual y cualquier otro problema de salud específico de la mujer.

 

 

MSF gestiona tres clínicas de salud reproductiva en el valle de Bekaa, al este del Líbano, desde abril de 2013. A finales de junio, comadronas libanesas cualificadas habían realizado casi 850 consultas. En Trípoli, la segunda ciudad más grande del Líbano, MSF gestiona un programa de salud reproductiva en su clínica en el hospital de Dar al Zahraa, realizando más de 450 consultas a refugiadas sirias. En enero de o 2013, MSF también empezó a ofrecer servicios de planificación familiar, realizando 118 consultas hasta finales de junio. 

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