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17.01.2007

Somalia: MSF intenta volver a trabajar a pleno rendimiento

La nueva inseguridad que reina en el país dificulta el trabajo de las organizaciones humanitarias

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En el transcurso de las últimas semanas, el conflicto se ha reavivado de nuevo en Somalia y las consecuencias para la población y para el trabajo de las organizaciones humanitarias son graves. Aunque los equipos de MSF al completo están regresando a los proyectos en todo el país, garantizar la seguridad del personal resulta extremadamente complicado.

Por ejemplo, el 27 de diciembre, representantes de las fuerzas militares entraron en la estructura médica de MSF en Dinsor, acosaron al personal sanitario somalí empleado por MSF y confiscaron todos los expedientes confidenciales de pacientes hospitalizados.

Somalia carece de un gobierno central efectivo desde que Siad Barre fue derrocado en 1991. Desde entonces, continuas luchas entre clanes y cambios de alianzas han convertido a Somalia en uno de los países más difíciles del mundo para prestar ayuda humanitaria. Asimismo Somalia es el país con algunos de los peores indicadores de salud del planeta. Según las estadísticas de Naciones Unidas, más de una cuarta parte de los niños del país muere antes de cumplir los cinco años y la esperanza de vida de los que consiguen sobrevivir es sólo de 47 años.

Los Tribunales Islámicos, que en septiembre del año pasado controlaban las principales ciudades del país, proporcionaron un grado de estabilidad en áreas de Somalia que habían sido inaccesibles para los trabajadores humanitarios internacionales durante la última década. A principios de 2006, MSF pudo abrir dos grandes proyectos en la provincia de Galgaduud, una región casi desprovista de atención sanitaria desde principios de los años 90.

“La derrota casi total de los Tribunales Islámicos ha sumido de nuevo al país en un estado de confusión”, explica el coordinador general de MSF, Colin Mcllreavy. “Por ejemplo, actualmente estamos valorando opciones para regresar a la ciudad de Marere, pero la falta de una administración estable significa que no tenemos contrapartes fiables con quienes trabajar. Hasta que esto no cambie, no podemos enviar a nuestros equipos sanitarios de nuevo a la zona”.

El 23 de diciembre, la declaración de guerra abierta obligó a MSF a retirar a su personal internacional de siete emplazamientos en el sur y el centro de Somalia. Aunque los proyectos continuaron funcionando gracias personal nacional, esta retirada temporal causó una perdida significativa de supervisión y experiencia.

Los equipos regresaron al país a principios de enero, pero la seguridad continúa siendo extremadamente incierta. Entre las primeras zonas a las que regresaron se encontraban Huddur y Dinsor, en las provincias de Bakool y Bay respectivamente, provincias siempre bajo la influencia del Gobierno Federal de Transición, la entidad que ahora aparentemente rige en todo el país con el apoyo de la intervención militar del país vecino, Etiopía.

Un equipo de cuatro personas también ha regresado al hospital de Galkayo, un equipo reducido a Galgaduud el 10 de enero y MSF espera poder volver a empezar en Beledweyne y Jowhar la próxima semana. Representantes de MSF han viajado a Marere, una zona antiguamente bajo el control de los Tribunales Islámicos, para establecer contactos con la nueva administración. Esta región a orillas del río Jubba es motivo de especial preocupación porque recientemente padeció unas graves inundaciones que obligaron a miles de personas a abandonar sus hogares.

MSF lucha para volver a trabajar a pleno rendimiento en todos sus proyectos, pero la situación de inestabilidad que vuelve a reinar en el país significa que esto no está ni mucho menos asegurado.

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