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06.06.2005

"En Somalia no hay libertad porque las pistolas nos apuntan permanentemente"

Anab Mohamud Mohamed es una farmacéutica somalí que desde 1997 trabaja en los proyectos de MSF en Somalia. La semana pasada visitó Barcelona con motivo de la XIX Asamblea General de MSF y compartió impresiones sobre la situación en su país, que tras 14 años de caos, cuenta desde octubre pasado con un nuevo Gobierno

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Usted nació en Mogadiscio, la capital de Somalia, y ha trabajado allí toda su vida. Algunas personas dicen que es la ciudad más peligrosa del mundo. ¿Cómo era la vida en Mogadiscio antes de la guerra y cómo es ahora?

Las cosas han cambiado muchísimo. Mogadiscio era una ciudad bonita y tranquila antes de la guerra. Los somalíes éramos respetuosos y amables... Ahora todo es diferente. Le hemos quitado valor a la vida, nos hemos vuelto agresivos y no le damos valor a nada. Nosotros hemos sido los primeros en abandonar nuestro país, que también permanece en el olvido para el resto del mundo.

¿De qué manera afecta esta situación a la vida cotidiana de los somalíes?

No podemos planificar, no tenemos la libertad de escoger... y todo ello porque vivimos bajo la amenaza de las armas. Con las pistolas apuntándonos permanentemente, es imposible hablar, tomar decisiones; sólo podemos dejarnos llevar por la situación.

Usted lleva más de 10 años trabajando con organizaciones de ayuda. ¿Cuáles son las principales necesidades humanitarias en su país?

El problema principal, además de la violencia, es la falta de servicios públicos. Casi todo lo que hay en Somalia es privado y, por lo tanto, inaccesible para la mayoría de la población. Los centros de salud de MSF en Mogadiscio son los únicos servicios sanitarios gratuitos que hay en toda la ciudad, por eso siempre están colapsados. La gente muere de enfermedades, como la malaria o la desnutrición, que podrían ser curadas con facilidad si hubiese acceso a la salud.

¿En qué consiste su trabajo en MSF?

Soy la farmacéutica del proyecto y asistente de coordinación médica. Mi trabajo consiste en responsabilizarme de la farmacia: sigo el consumo de medicinas y preparo los pedidos. También recojo datos de mortalidad y sobre vigilancia epidemiológica.

El pasado mes de octubre se formó un nuevo Gobierno. ¿Hay esperanzas de que esta vez pueda abrirse un periodo de estabilidad?

La esperanza siempre está ahí. Pero, francamente, no sabemos qué va a ocurrir a partir de ahora. Espero que vaya todo bien y que por fin tengamos paz, pero no sé si será así. Y quiero decirle una cosa a la gente que le preocupa Somalia: que no se preocupen tanto por nosotros, porque estoy segura de que, tarde o temprano, los somalíes arreglaremos lo que pasa en nuestro país.

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