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26.10.2022

“Impresiona ver lo delgados que son los brazos de estos pequeños”

En busca de alimentos, agua potable y atención sanitaria... “Solo a la ciudad de Baidoa [Somalia] llegan cientos de familias cada semana. Nos cuentan que han caminado más de 150 kilómetros, con sus hijos en brazos”, relata nuestro compañero Jairo sobre la preocupante emergencia que atraviesa Somalia.

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Por Jairo González, responsable adjunto de proyectos en el este de África.

“Hace más de 15 años que trabajo en Médicos Sin Fronteras, y pocas veces he visto una serie de crisis tan graves, peligrosas y continuadas como las que está sufriendo Somalia ahora mismo. Su población se enfrenta a una de las peores sequías en décadas –tras dos años sin apenas lluvias–, una devastadora plaga de langostas y más de 30 años de conflicto armado. La escasez de agua ha provocado que se sequen los pozos y se pierdan las cosechas, y la falta de pastos ha diezmado el ganado. Y por si esto fuera poco, la mayoría de las familias no pueden combatir el hambre porque el precio de los alimentos ha subido de forma vertiginosa.

La sequía actual ya es peor que la que originó la crisis nutricional de 2011 en este país; según Naciones Unidas murieron casi 260.000 personas. Además, según las previsiones, durante los próximos meses, empeorará la sequía y crecerá la inseguridad alimentaria.

El somalí es uno de los pueblos con mayor capacidad de adaptación que he conocido, pero ahora está al límite. Cientos de miles de personas, que necesitan ayuda humanitaria para sobrevivir, se han visto forzadas a desplazarse de las zonas rurales a centros urbanos o a asentamientos, en busca de alimentos, agua potable y atención sanitaria. Solo a la ciudad de Baidoa llegan cientos de familias cada semana. Algunas de ellas nos cuentan que han caminado más de 150 kilómetros, con sus hijos en brazos, y otras explican cómo han visto morir por el camino a miembros de su familia.

Llevamos meses viendo signos alarmantes de desnutrición en niños y niñas. Cuando llegan a nuestros centros de atención, para determinar su estado nutricional, lo primero que hacemos es medirles el contorno del brazo con un brazalete MUAC.
Impresiona ver lo delgados que son los brazos de estos pequeños: muchas veces no llegan a los 100 mm, que es poco más de lo que mide una moneda de dos euros.

La emergencia que estamos presenciando es muy preocupante: en febrero, en una semana, admitimos a casi 1.000 niños en nuestro programa de alimentación terapéutica ambulatoria, de los cuales cerca de 300 tenían desnutrición grave.

Además de la sequía y el hambre, los somalíes, en especial las familias desplazadas, también están luchando contra brotes de enfermedades fácilmente prevenibles (como el sarampión y el cólera), que se encuentran entre las principales causas de mortalidad en niños.

Somalia, además, tiene una de las tasas de vacunación infantil más bajas del mundo. Y debido a la mala calidad del agua y a la falta de una alimentación adecuada, los pequeños quedan más expuestos a estas enfermedades o a que se les compliquen, lo que, a su vez, agrava su estado nutricional. De hecho, cuando aparece un brote de sarampión, como el que lleva azotando al país desde hace más de un año, el número de niños desnutridos se dispara. Es un pez que se muerde la cola.

Evitar muchas de esas muertes infantiles es posible gracias a los alimentos terapéuticos preparados. Consisten en una pasta a base de leche en polvo enriquecida, cacahuete, aceite y azúcar, y contienen todos los macro y micronutrientes que necesita un niño con desnutrición grave. Además, se consumen directamente del envoltorio, sin necesidad de utilizar agua, lo que evita su contaminación. Son tan fáciles de tomar que las familias pueden dar el tratamiento a sus hijos en casa. Su uso permite que más del 85% de los niños con desnutrición grave se recuperen en seis semanas.

Ya estamos respondiendo a las enormes necesidades de atención médica y humanitaria. Por ejemplo, desde el pasado abril, nuestros equipos, solo en 20 puntos de atención en Baidoa, han examinado a más de 25.000 niños, de los cuales casi 12.000 han necesitado tratamiento nutricional, y también hemos puesto en marcha proyectos de agua y saneamiento para reducir la propagación de enfermedades. Pero la situación está lejos de mejorar. Ya estamos viendo signos de desnutrición en mujeres embarazadas y lactantes, lo que nos ha obligado a incluirlas en nuestros programas de nutrición.