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05.12.2022

“En Somalia, cuando aún estamos tratando de reponernos de un golpe, enseguida nos viene el siguiente”

Nuestra responsable de actividades médicas en Baidoa, Asma Aweis, relata el día a día del Hospital de la ciudad más grande del suroeste del país. Allí, las enfermedades infecciosas atribuidas a la escasez de agua y al cambio climático y la desnutrición acechan a sus habitantes.

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Por Asma Aweis Abdalá, responsable de actividades médicas de Médicos Sin Fronteras en Baidoa, en Somalia.

La situación en Somalia es muy grave, catastrófica. Nos enfrentamos a una de las peores sequías de los últimos 40 años. El país sufrió una hambruna en 2011 y otra sequía en 2017, además de recurrentes conflictos y emergencias sanitarias como el cólera, el sarampión y la desnutrición. Y todo esto se suma a las altas tasas de mortalidad materna e infantil, que son de las más elevadas del mundo. Da la impresión de que aquí, cuando aún estamos tratando de reponernos de un golpe, enseguida nos viene el siguiente. Y hay veces en que son varios los golpes que nos llegan al tiempo.

El conflicto y la posibilidad de que por quinto año consecutivo las lluvias no lleguen son las principales razones por las que la gente abandona sus hogares y llega a Baidoa en busca de asistencia sanitaria y ayuda humanitaria. Esta ciudad alberga el mayor número de desplazados de Somalia, solo superada por Mogadiscio, al sur del país. Para que se hagan una idea, solo en lo que llevamos de año hemos recibido más de 200.000 nuevas personas, algunas de las cuales han hecho un largo viaje para llegar hasta aquí. Vienen como pueden; algunos tramos a pie y otros en medios de transporte rudimentarios, enfrentándose a todo tipo de peligros en el camino. He conocido a madres que han perdido a sus bebés en la travesía, pero que continúan su viaje hasta aquí para traer a sus otros niños a que reciban tratamiento.

 

Asma Aweis Abdalá, nuestra responsable de actividades médicas en Baidoa, en Somalia.


 

Somos testigos del sufrimiento y del dolor de muchas personas que pasan por situaciones críticas. Hace poco vi a una mujer de 23 años que vino al hospital con su hija: ella tenía sarampión y la niña estaba desnutrida. Como en el hospital no hacemos ingresos hospitalarios para adultos, buscamos un hueco para esta madre con sarampión en la sala de aislamiento pediátrico. Habían caminado 180 kms tratando de encontrar atención médica antes de llegar a Baidoa; no podíamos rechazarla de ningún modo. Sin embargo, aquel viaje tan largo hizo que cuando llegaron al hospital ya tuvieran otras complicaciones. La niña murió dos días después de ingresar y la madre tan solo un día después.

Aquí en Baidoa apoyamos al hospital regional de pediatría con una sala de urgencias, servicios ambulatorios y de hospitalización. También ofrecemos servicios de salud sexual y reproductiva, de maternidad y de salud mental. Admitimos a 500 niños cada semana en nuestros programas contra la desnutrición, construimos letrinas y llevamos agua potable en camiones hasta las zonas donde se encuentran los desplazados. Y como consecuencia de un brote de cólera, empezamos a apoyar a un centro de tratamiento de esta enfermedad. Calculamos que con todos estos programas apoyamos alrededor del 20% de la población, pero las necesidades son mucho mayores y hacen falta muchas más manos.

La mayoría de los niños que recibimos están muy por debajo del peso normal. Algunos han perdido su masa grasa subcutánea y ya tienen solo piel sobre hueso. Y cuando esto se hace crónico, y se repite una y otra vez, afecta al desarrollo del cerebro del niño, a su productividad para el futuro. De hecho, colateralmente, es algo que afecta a toda la comunidad, porque los niños son el activo para la generación del mañana. Y es duro pensar que todo esto se debe solamente a una falta de nutrición adecuada.

Otro efecto que provoca la desnutrición es la reducción de la capacidad de respuesta del sistema inmunológico frente a otras enfermedades infecciosas, por lo que los niños que la padecen son propensos a tener otros problemas de salud. En Baidoa, día tras días, vemos a esa pescadilla que se muerde la cola: niños que llegan a nosotros con enfermedades infecciosas y que luego regresan con desnutrición. O al revés. También hay muchos brotes de enfermedades atribuidos a la escasez de agua, a los efectos del cambio climático y a la falta de cobertura de vacunación de los menores de 15 años. En cualquier caso, todos estos factores están contribuyendo enormemente a aumentar la mortalidad infantil.

Es un sentimiento complicado para todo el mundo, para todo ser humano, presenciar cómo otras personas pasan por situaciones difíciles. Pero el hecho de ser somalí y de ver la situación en la que se encuentra mi propio pueblo, me hace sentir todavía más triste. A pesar de todo, si trabajamos juntos para ofrecer los servicios necesarios a la comunidad, yo estoy convencida de que al menos podremos contribuir a mejorar las cosas y a aliviar su sufrimiento.

En Somalia y Somalilandia, nuestros equipos trabajan en los hospitales de Baidoa, perteneciente al Estado del Suroeste, de Galkayo Norte, perteneciente al Estado de Puntlandia, de Galkayo Sur, que es parte del Estado de Galmudug, y en Las Anod y Hargeisa, que forman parte de Somalilandia. Nuestras actividades médicas se centran en la atención materna, en la atención pediátrica y en las urgencias. También en el apoyo nutricional y en el tratamiento de la desnutrición, y en el diagnóstico y tratamiento de la tuberculosis. También tiene clínicas móviles para atender a las personas que viven en los campos de desplazados y en las comunidades circundantes.


Artículo originalmente publicado en Planeta Futuro