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24.10.2022

El conflicto y las inundaciones en el norte de Sudán del Sur bloquean la llegada de ayuda humanitaria

Hacemos un llamamiento a todos los grupos armados implicados en los combates para que cesen inmediatamente los ataques a la población civil y garanticen el acceso humanitario a las organizaciones para que puedan ayudar a la población civil. Las catastróficas inundaciones agravan aún más la situación.

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El violento conflicto entre facciones armadas en el Alto Nilo y la región del Gran Fangak (situada en el norte de Sudán del Sur) ha provocado cientos de muertes y graves lesiones, y además ha obligado a decenas de miles de personas a abandonar sus hogares en los últimos dos meses.

Las catastróficas inundaciones y la imposibilidad de acceso de las organizaciones humanitarias a efectos de suministrar ayuda esencial vital han agravado aún más la situación. Hacemos un llamamiento a todos los grupos armados implicados en los combates para que cesen inmediatamente los ataques a la población civil y garanticen el acceso humanitario a las organizaciones a fin de que puedan prestar ayuda a la población civil, que la necesita urgentemente.

Los combates iniciales comenzaron en los condados de Panyikang y Fangak en julio, pero se intensificaron hasta convertirse en un fuerte conflicto a mediados de agosto. En septiembre, los grupos armados atacaron deliberadamente un campamento de desplazados improvisado en Adidhiang, donde se habían refugiado principalmente mujeres y niñas y niños pequeños.

 

Inundaciones en el Alto Nilo, Sudán del Sur.



Numerosas personas murieron en el ataque y muchas más se ahogaron intentando escapar en zonas afectadas por las inundaciones. Miles de personas más han quedado desplazadas recientemente debido a los enfrentamientos en los condados de Diel y Fashoda. Algunas de las personas que huyeron dijeron que tuvieron que atravesar pantanos a pie durante hasta una semana para poder llegar a los distintos campos de poblaciones desplazadas.

"Están asesinando gente de las maneras más horribles". ¿Por qué matan así a la gente? Aquí todos somos civiles", dice Peter, que escapó de un ataque a su pueblo hace tan solo unos días. "No podemos volver porque no sabemos si vendrán de nuevo a por nosotros. En un segundo, lo hemos perdido todo".

El campo de Protección de Civiles en Malakal está siendo desbordado, con más de 18.000 personas que buscan refugio en el campamento. Antes de esto, el campo de Protección de Civiles ya albergaba a unas 34.000 personas, y el repentino aumento del número de gente desplazada está saturando la capacidad de los servicios. El hospital que gestionamos en dicho campo ha experimentado un fuerte aumento de los casos en la sala de urgencias, incluidas víctimas de la violencia.

Otras 25.000 personas han huido hacia el sur, hacia Viejo Fangak. Hasta ahora, nuestro hospital en Viejo Fangak ha tratado a 71 pacientes heridos, algunos de los cuales llegaron con infecciones después de que tardaran hasta una semana en llegar al hospital debido a la inseguridad y las inundaciones. Sin embargo, las urgencias médicas deben derivarse a Malakal, donde hay capacidad quirúrgica. Durante la temporada de lluvias, a menudo es necesario transportar a los pacientes por el río Nilo Blanco (ya que las inundaciones impiden que los aviones puedan aterrizar en Viejo Fangak), pero la inseguridad a lo largo del Nilo lo está haciendo imposible. Sin garantía de paso seguro, no está claro cuándo podrá reanudarse el próximo movimiento.

 

Personas desplazadas trasladan sus posesiones sobre las aguas mediante balsas improvisadas

 

Toda la zona al norte de Jonglei y Panyikang está completamente inundada. A medida que la población civil abandona sus hogares en busca de seguridad, las pequeñas porciones de tierra seca se van superpoblando, y esto está creando una situación aun más precaria y vulnerable. Muchos sufren de malaria, infecciones de las vías respiratorias superiores y diarrea, que han proliferado a consecuencia de las inundaciones y de la falta de refugios adecuados para las personas desplazadas.

Cuando estalló la violencia, la gente huyó casi sin nada. MSF hemos estado suministrando a las personas desplazadas artículos de primera necesidad, como lonas de plástico, mantas y mosquiteras. "Garantizar que la gente tenga refugio y protección contra la lluvia, las noches frías y los mosquitos es vital para prevenir enfermedades y más complicaciones de salud", explica nuestra coordinadora general, Esperanza Santos.

"En algunos de estos asentamientos, incluso distribuimos lonas de plástico a los miembros de la comunidad para que pudieran utilizarlas para construir balsas improvisadas y así transportar a personas mayores y niñas y niños pequeños por los pantanos. La situación es muy preocupante".

MSF instamos a todos los grupos beligerantes a que garanticen la seguridad del acceso de la ayuda humanitaria para que las organizaciones puedan prestar servicios médicos y distribuir ayuda y para prevenir más muertes y sufrimiento de civiles inocentes.