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08.07.2011

Sur de Sudán: cientos de miles de personas siguen viviendo en una situación extremadamente difícil

Apenas faltan 24 horas para que el sur de Sudán declare oficialmente su independencia y se convierta así en el país más nuevo del mundo. El sábado 9 de julio será un momento de celebración para muchas personas, pero no debería olvidarse que para muchos otros la situación seguirá siendo muy difícil.

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Desde principios de año, unos 260.000 nuevos desplazados internos están viviendo en condiciones tremendamente acuciantes, y entre ellos están las 100.000 personas que a mediados de mayo se vieron obligadas a huir de los bombardeos y de los enfrentamientos que se produjeron en la región fronteriza de Abyei, un área que permanece en disputa entre las fuerzas del norte y del sur de Sudán.

La mayoría de las personas que huyeron de los combates se asentaron en lugares que distaban apenas 2 ó 3 días de camino a pie desde sus casas, con la esperanza de poder regresar cuando disminuyese la violencia. Sin embargo, aquellos que temían que la violencia fuese a más, viajaron durante diez días o más hasta encontrar un lugar donde poder sentirse seguros. A principios de junio, un grupo de hasta 5.000 personas buscaron refugio en las aldeas de Juong Pakok y de Mayem Pajok, en la zona norte de Akon, en el estado de Warrap. Y actualmente, el número de desplazados que se encuentran concentrados allí, ya ha alcanzado las 6.300 personas.

“Son personas que llegaban en un estado terrible, completamente exhaustas y traumatizadas. Muchas habían visto morir a miembros de sus familias víctimas de los intensos bombardeos. Con los combates como telón de fondo, muchas se quedaron a enterrar a sus muertos antes de huir a un lugar seguro. Otras perdieron a sus seres queridos durante las emboscadas que les tendían los soldados en su huida hacia el sur... y todavía desconocen si están vivos o muertos”, explica Carole Coeur, coordinadora de emergencias de MSF en el sur de Sudán.

El sur de Sudán padece además una inseguridad alimentaria crónica, y el 75% de la población no tiene acceso ni siquiera a los servicios de salud más básicos. La época de escasez ha empezado y los cientos de miles de desplazados por la violencia, y las más de 300.000 personas que han vuelto a la región con motivo de la independencia, suponen una carga demasiado difícil de asumir para unos recursos locales que ya estaban bastante limitados de por sí.

“La gente que ya vivía en estas aldeas ha acogido a los desplazados y les ha ayudado como buenamente ha podido. Pero ya antes de que llegaran, no había suficiente comida, refugio ni agua para las comunidades que les han acogido, así que ahora, con los miles de desplazados que han venido, más todos los retornados al país, la escasez es todavía mucho más patente”, añade Carole Coeur. “Durante el día las temperaturas alcanzan los 40 grados, y aquí hay poco acceso a agua potable limpia. Y por si fuera poco, la estación de lluvias está empezando y en esta región la malaria es endémica, así que puede que estas personas hayan conseguido escapar de las bombas, pero lo cierto es que siguen viviendo en una situación de auténtica emergencia”.

A mediados de junio, un equipo de emergencias de MSF abrió un nuevo proyecto para asistir a las 6.300 personas desplazadas cerca de las aldeas de Juong Pajok y de Mayen Pajok. Allí, MSF ha vacunado en las últimas semanas a más de 3.000 niños contra el sarampión y ha distribuido artículos de primera necesidad a más de 200 familias. Además, sus equipos han distribuido decenas de miles de galletas enriquecidas y tienen previsto empezar a distribuir unas 2.000 tiendas de campaña que sirvan para proporcionar un refugio más permanente a los desplazados, así como para protegerles mejor contra el sol y la lluvia. También se han puesto en marcha clínicas móviles para dispensar atención primaria de salud y un programa nutricional terapéutico ambulatorio para niños con desnutrición severa.

La independencia del país está a la vuelta de la esquina, pero las emergencias debidas a la violencia y la inseguridad siguen suponiendo una verdadera amenaza para la vida y el sustento de la población. Y aunque durante los últimos días la situación parece estar más calmada en Abyei, la violencia sigue desplazando a personas en el la vecina de Kordofan, donde se estima que otras 70.000 personas se han visto también obligadas a abandonar sus hogares.

Además de la tensión entre el norte y el sur de Sudán, el riesgo de desplazamientos para los sudaneses del sur también aumenta por la amenaza que suponen los enfrentamientos entre las nuevas milicias y el ejército del sur, por la presencia de grupos rebeldes, por los ataques del Ejército de Resistencia del Señor (LRA), por las disputas intercomunitarias e intertribales, o por los enfrentamientos que se dan a causa de cosas tan simples como los robos de ganado.

MSF trabaja en Sudán desde 1978. En el sur de Sudán, la organización cuenta actualmente con más de 2.000 trabajadores nacionales y con unos 200 trabajadores expatriados, que se reparten a lo largo de 13 proyectos que cubren los ocho Estados del sur de Sudán. De enero a abril de 2011, MSF hospitalizó a 6.422 pacientes, llevó a cabo 140.519 consultas ambulatorias y otras 29.278 de atención prenatal. Sus equipos asistieron 2.681 partos, trataron 10.392 casos de malaria y a 6.109 niños con desnutrición. Además, llevaron a cabo 1.828 intervenciones quirúrgicas mayores, trataron 1.079 casos de kala azar y 2.347 de tuberculosis.

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