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04.06.2009

Suráfrica: MSF denuncia la desesperada situación de los zimbabuenses

MSF lanza un informe sobre las condiciones de vida y la falta de acceso a la salud de los migrantes, refugiados y solicitantes de asilo de Zimbabue en Suráfrica

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Violencia, abuso sexual, acoso, atroces condiciones de vida, y una seria falta de acceso a la atención básica de salud definen las desesperadas vidas de miles de zimbabuenses que actualmente viven en Suráfrica, como recoge el informe de Médicos Sin Fronteras: “Sin refugio, acceso denegado: necesidades medicas y humanitarias de los zimbabuenses en Suráfrica”.

Los recientes acontecimientos tanto en Zimbabue como en Suráfrica poco han alterado el hecho de que muchos zimbabuenses sigue huyendo a Suráfrica como una cuestión de supervivencia, tampoco han mejorado las condiciones de vida de los zimbabuenses una vez que cruzan la frontera. MSF apela al gobierno de Suráfrica y a las agencias de las Naciones Unidas a que respondan urgentemente a las necesidades humanitarias especificas de los zimbabuenses más vulnerables.
“Cada día, a pesar de las afirmaciones de que la situación en Zimbabue se está normalizando, miles de zimbabuenses siguen cruzando la frontera hacia Suráfrica, huyendo del colapso económico, la inseguridad alimentaria, la confusión política y el colapso total de su sistema de salud”, explica Rachel Cohen, coordinadora general de MSF en Suráfrica. “Pero en vez de encontrar el refugio que tan desesperadamente necesitan, soportan un sufrimiento intolerable tanto en el viaje como en Suráfrica”.

Desde 2007, MSF proporciona atención primaria, referencias a segundo nivel y atención especializada, tratamiento médico de urgencia a víctimas de la violencia y brotes epidémicos, y servicios específicos a los supervivientes de violencia sexual, así como menores no acompañados. Cada mes, los equipos médicos de MSF llevan a cabo entre 4.000 y 5.000 consultas a zimbabuenses en Musina, cerca de la frontera con Zimbabue, y en una clínica en el centro de Johannesburgo, en la Iglesia Central Metodista, un lugar seguro para miles de zimbabuenses. 

“Cada mes, vemos miles de zimbabuenses enfermos, heridos, psicológicamente afectados y marginados, tanto en Johannesburgo como en Musina. Vienen a nosotros porque no tiene ningún lugar a donde ir”, explica el Dr. Eric Goemaere, coordinador médico de MSF en Suráfrica. “Muchos de los que llegan a nosotros sufren enfermedades crónicas como el VIH y la tuberculosis, o heridas graves relacionadas con la violencia, muchos han sido violados o han vivido una agresión sexual mientras cruzaban la frontera desde Zimbabue, pero también en Suráfrica. Las consultas en nuestra clínica de Johannesburgo prácticamente se han triplicado en el último año, una muestra de cómo se deniega constantemente el acceso a los zimbabuenses incluso a los servicios de salud necesarios para su supervivencia”. 

La Constitución de Suráfrica garantiza el acceso a la atención sanitaria y otros servicios básicos a todas las personas que viven en el país –incluyendo refugios, solicitantes de asilo y migrantes– a pesar de su estatus legal. Pero en realidad los enfermos zimbabuenses son rechazados y a menudo tiene que hacer frente a precios desorbitados, están sujeto a largos retrasos o tratamientos inapropiados, altas prematuras, poniendo el cuidado medico fuera del alcance de muchos.

“Las historias de nuestros pacientes son realmente duras”, dice Bianca Tolboom, MSF enfermera y coordinadora el proyecto de Johannesburgo. “Hablo de mujeres embarazadas, inconscientes o críticamente enfermas, incluso una niña de seis años que había sido violada, a la que habían denegado la atención médica urgente que necesitaba. Es deplorable, un incumplimiento de la ética médica y una violación de sus derechos según la Constitución surafricana. Esta pesadilla de olvido debe terminar”. 

MSF ha tratado a un número cada vez mayor de víctimas de la violencia sexual en Musina. En abril, más de la mitad de las personas atendidas había sobrevivido a una violación múltiple y el 70% había sido violada bajo la amenaza de una pistola, un cuchillo o otra arma. Otra tendencia preocupante es el número de menores no acompañados que cruzan solos la frontera. Luego, hacen el camino hacia al Iglesia Central Metodista, un viaje de más de 500 kilómetros, donde unos 4.000 zimbabuenses buscan refugio cada noche, tanto en el espacio disponible dentro del edifico o durmiendo fuera de la iglesia, en el pavimento. Actualmente, hay más de 150 niños no acompañados, entre los 7 y los 18 años, en la Iglesia Central Metodista. Estos niños son extremadamente vulnerables y están expuestos a muchas formas de abuso en Suráfrica, todavía no se ha encontrado ninguna solución viable para asegurar que sean apropiadamente asistidos o protegidos. 

“Cada día, los equipos de MSF son testigos de como el gobierno de Suráfrica en primer lugar, pero también las agencies de la Naciones Unidas, no responden a las necesidades básicas médicas y humanitarias de los zimbabuenses más vulnerables”, explica Rachel Cohen. “El reciente anunció de Departamento del Interior de Suráfrica de un nuevo sistema que ayudará a regularizar el estatus legal de los zimbabuenses en Suráfrica, y parara su sistemática deportación es un buen punto de partido de su anterior política de acoso agresivo, arresto y deportación. Sin embargo, estas medida todavía no se han traducido en mejoras tangibles en la vida de la mayoría de zimbabuenses. Los únicos lugares donde encuentran seguridad pueden ser atacados y siguen relegados a las sombras de la sociedad, forzados a vivir en la miseria y sin acceso a una asistencia y protección adecuadas”.

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