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03.05.2006

Tanzania: noticia de una repatriación forzosa

Cerca de 8.000 refugiados burundeses fueron obligados por el Gobierno tanzano a volver a su país en condiciones precarias. Vicky Pérez trabajó en uno de los tres centros de acogida temporal, en la región de Kigoma, frontera con Burundi, una intervención de MSF que fue interrumpida a la fuerza.

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El sábado 1 de abril, unas 8.000 personas de Burundi, refugiadas en centros de acogida temporal (Way Station) en territorio de Tanzania, fueron obligadas a volver a sus lugares de origen por las autoridades de este país. Habían huido hacía tiempo de la situación de inseguridad alimentaria y de la violencia que aún azota ciertas zonas de Burundi. Ahora volvían a todo aquello en una marcha multitudinaria y precipitada que pasó desapercibida como tantas otras veces a los ojos de la comunidad internacional, como si nunca hubiera existido.

Lo que sigue es el relato que Vicky nos hace de esta repatriación controvertida que en cuatro días cambió completamente la vida de miles de personas refugiadas, y los planes de intervención de MSF que finalmente sólo pudo durar dos semanas y media. Es una muestra de la vulnerabilidad a la que se ven expuestas muchas poblaciones en África. La urgencia súbita del gobierno tanzano y las actitudes de algunos miembros de agencias humanitarias que prefirieron mirar para otro lado fueron la causa de todo lo que sucedió, y que merece contarse.

Vicky, parece que a vuestra llegada, ya empezasteis a encontraros con problemas.
Sí. Nosotros llegamos el 4 de marzo y tardamos bastantes días en tener el permiso del gobierno tanzano para trabajar en la Way Station. Supimos más tarde que era debido a que el gobierno no estaba muy contento con la llegada de los llamados "refugiados”, que para ellos no eran refugiados sino hambrientos que cruzaban la frontera. Entonces tuvimos que esperar varios días el permiso de la autoridades del país para poder trasladarnos a Kibondo. El gobierno tanzano se muestra muy reticente a recibir más ONG que vayan a trabajar con los refugiados.

Entonces, con esas reticencias desde el principio, ¿te pudiste imaginar lo que pasó después. ¿Se podía prever?
Sólo algunos sabían como terminaría todo, entre ellos las autoridades de Tanzania, disgustados con la llegada de tanta gente, y creo que también ACNUR.

Al fin conseguisteis llegar.
Bueno, primero perdimos varios días en Dar Es Salaam, esperando poder trasladarnos a la zona de Kibondo, e incluso llegando allí tuvimos nuevamente que esperar el permiso oficial para poder trabajar con los refugiados. Fueron tres o cuatro días más. El centro de atención médica no estaba acabado. Tuvimos que finalizar las obras nosotros. Sólo estuvo abierto dos semanas y media en la que dimos atención a unas 2.500 personas, lo cual es una cifra muy alarmante.

¿Qué enfermedades eran las más comunes?
Hubo muchos casos de neumonía, malaria, diarrea, etc.

¿Cuántas personas acudían a este centro?
Pues es difícil de decir, porque no existía un registro muy claro del mismo. Al principio se nos dijo que se trataba de entre 4.000 y 5.000 personas. Luego vimos que existía un registro de unas 7.800 personas.

¿Por qué hubo tanta variación?
Porque en el transcurso de esas dos semanas y media sucedió que ACNUR decidió cerrar los otros dos campos de acogida y trasladar a todo el mundo al que nosotros atendíamos en Nykinomonomo. Nosotros mostramos nuestra preocupación porque no era posible que trajeran al centro 2.000 personas de uno y 1.000 de otro si no teníamos capacidad para acoger a tantos. Durante las discusiones, consiguieron llevar, casi sin darnos cuenta, a unas 500 personas. De ahí que termináramos atendiendo a 7.800 personas. Todos ellos eran burundeses.

¿Han sido frecuentes estas repatriaciones en otras ocasiones?
Hemos visto varias movilizaciones de repatriación con población congoleña y algunos burundeses gestionadas por ACNUR. En cierta forma, es comprensible que al gobierno de Tanzania le urja que tantas personas vuelvan a sus territorios, porque llevan mucho tiempo acogiendo población de otros países. Muchos tanzanos no reciben la ayuda que sí reciben los refugiados. Pero las cosas no pueden hacerse así cuando se trata de personas tan vulnerables.

¿Cómo se produce el desenlace al final de esas dos semanas y media?
Desde Barcelona, nos informaron de una reunión que se había producido el 31 de marzo en Burundi que sostuvieron entre autoridades tanzanas, burundesas y del ACNUR para desarrollar una repatriación que daría comienzo el siguiente lunes 3 de abril. También supimos que pretendían hacerlo en tan sólo tres días.

¿Y eso a pesar de que no sabían qué iba a pasar con toda esta gente al regresar a Burundi?
Sí, y hay que resaltar que el ACNUR reconocía verbalmente que en el campo existían un 20 a un 30% de gente en el campo de Nykinomonomo que venían por razones de seguridad no alimentaria. Se sabía que muchos venían de zonas muy alejadas, de la otra punta del país.

¿Al enteraros de que se produjo esta reunión qué hizo el equipo de MSF?
Comenzamos a preguntar al IRC (International Rescue Committee) y al ACNUR. Al principio nadie parecía saber nada. El sábado por la mañana nos avisaron de que había empezado la repatriación. El representante del distrito del Gobierno tanzano dijo que todo el mundo tenía que irse, y que tenían de plazo como máximo hasta el lunes. Dijo más o menos textualmente que “quien tuviera la valentía de quedarse, se las vería con el lunes y veríamos lo que pasaría”. Todo el discurso fue muy amenazante.

¿Y cómo reaccionasteis a eso?
Con un desconcierto total. No sabíamos cómo podía ocurrir. Mirábamos a los representantes del ACNUR y de IRC. IRC se mostró muy dolido por las formas. El delegado de ACNUR no dijo nada, sólo hizo gestos de sorpresa. Pero después de ese discurso, transcurrieron unas cuatro horas y empezamos a ver la gente saliendo de allí. Luego el representante del distrito vino a nuestro centro y nos reiteró el ultimátum hasta el lunes y nos dijo que ya no teníamos permiso para seguir trabajando. Nosotros le respondimos que no nos iríamos mientras quedaran refugiados allí, y le pedimos que nos comunicara todo lo que había dicho mediante una orden escrita oficial. Nos prometió que antes del lunes nos la traería. El sábado por la noche tuvimos una reunión con el delegado de ACNUR y de IRC y pudimos comprobar que en realidad el delegado de ACNUR tenía más conocimiento que lo que había aparentado en el encuentro con el representante del distrito. Nos explicó que se había pactado la repatriación y que las actuaciones del representante del distrito respondían a una fase de “sensibilización” para explicar a los refugiados que tenían que irse. Desde el mismo sábado todos los servicios, como el del agua, quedaron clausurados.

¿"Sensibilización"? ¿Así le llamó?
Sí, esa palabra empleó. El lunes comenzaría la repatriación. No se habían pactado que se pudiera ayudar con camiones u otro tipo de vehículos. Consideraban que todos los desplazados podían volver caminando, a pesar de que había muchas mujeres, niños, enfermos. Hasta el siguiente miércoles, el ACNUR de Burundi atendería en un punto de la frontera a la gente que hubiera llegado.

¿Y qué pasaría con la gente que estaba refugiada por razones de seguridad?
Supuestamente, el ACNUR iba a dejar abierto el campo de acogida temporal de Mugunzu para los refugiados por motivos de seguridad, pero no podían precisar si se había informado a la gente de esta alternativa. Había mucho descontrol y dudo de que los refugiados por seguridad se dieran cuenta de esto. Creo que la mayoría no fue informada y se volvieron a Burundi, de donde habían huido. El domingo salió la mayor parte de esta población.

¿Cuáles fueron los pasos siguientes del equipo de MSF?
Tras el cierre de la Way Station, nuestro equipo pasó la frontera con Burundi y pudimos comprobar la situación en la que se encontraba la gente, tras pasar cuatro días a la intemperie sin ningún tipo de atención, ni agua, ni comida, absolutamente nada. La verdad es que todo el equipo tuvimos una sensación de impotencia y tristeza al ver las circunstancias.

Las fotografías muestran cómo era la situación. Esos días hubo una lluvia intensa. Allí no había llegado nadie todavía que pudiera atender a toda esta gente. Nosotros hicimos una atención muy limitada con todo el agua que pudimos llevar. Luego tuvimos problemas logísticos para seguir llevando agua el lunes. El martes se desmontó el centro completamente. Ese mismo día, el ACNUR empezó a atender a la gente que había llegado a Burundi, pero no fue hasta el miércoles que comenzaron la distribución de comida.

¿Cuántas personas se encontraban en ese área de tránsito?
Nosotros encontramos a unas 2.000 personas el sábado sin cobijo, sin agua ni comida. Completamente abandonados.

¿Qué ocurrió con el resto de ellos? Eran más de 8.000 al principio.
No lo sabemos. No sabemos dónde están.

¿Ni siquiera ACNUR lo sabía?
No. Y tampoco nos dejaron consultar a la población que estaban atendiendo.

¿Qué expresaban los refugiados en el camino de vuelta?
Miedo y resignación al mismo tiempo. Miedo de quedarse por lo que les podía pasar si se quedaban. A muchos que estaban refugiados por razones de seguridad les dijimos que en lugar de volver a Burundi, se trasladaran al campo de Mugunzu, como nos había dicho ACNUR. La sorpresa fue encontrárnoslos en el camino de vuelta. Nos dijeron que les habían desaconsejado irse al campo de Mugunzu. Muchos de ellos nos habían ayudado bastante cuando estuvimos trabajando. También había una resignación, como si aquello fuera parte de una costumbre de ida y vuelta. Todos tenían claro que iban a volver tarde o temprano a cruzar la frontera. Sólo esperarían la oportunidad de volver.

¿Después de cerrar el campo, en un tiempo tan corto, cómo te sientes?
Lo que siento es un enfado muy grande. El panorama que encontramos en Burundi daba rabia. La gente llevaba varios días sin agua, bajo una lluvia incesante, y el reparto de comida empezó cuatro dias después de la primera ola de regreso del sábado. Fue innecesario hacer que la gente sufriera todo aquello. Si se hubiera hecho una repatriación en condiciones, con tiempo, con buena voluntad,...

Esto más que una entrevista es una crónica de despropósitos.
Sí, es una crónica del despropósito.

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