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25.04.2022

Cinco formas con las que ayudamos a prevenir la malaria en Tanzania

Tratamos y prevenimos la malaria en el campo de Nduta y los pueblos vecinos. Con motivo del Día Mundial de la Malaria 2022, te contamos cómo lo hacemos en cinco claves.

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En la región de Kigoma, en el noroeste de Tanzania, hemos estado brindado durante más de ocho años atención médica a las personas refugiadas de Burundi que viven en el campo de Nduta y a la población de Tanzania que se encuentra en las comunidades de acogida vecinas.

Durante la temporada de lluvias, la malaria es altamente endémica, por lo que las personas son vulnerables a contraer la enfermedad durante todo el año. El riesgo de exposición a la malaria es especialmente alto en febrero, marzo y abril, debido a la temporada de lluvias, cuando el agua estancada y los charcos ofrecen un amplio caldo de cultivo para los mosquitos.

Más allá de monitorear y responder a los picos de malaria en nuestro servicio de urgencias, desde 2017 nuestros equipos también realizan actividades médicas preventivas y de agua y saneamiento para reducir y controlar los vectores que transmiten la malaria en el campo de Nduta y en los pueblos cercanos, como Kumhasha, Biturana, Mlorengwa y Nengo.

 

Hoy te contamos cinco formas en que nuestros equipos están apoyando la prevención de la malaria:

 

1. La importancia de las trampas para mosquitos

Las trampas para mosquitos atraen y atrapan a estos animales, ayudando a reducir la cantidad de mosquitos que transmiten la malaria en las habitaciones, pero también sirven para respaldar el monitoreo y el análisis de cuántos de esos mosquitos transmiten la enfermedad.

 

La entomóloga de MSF Eliza Lupenza y su colega Fulgence Irakoze, supervisor de control de vector, prueban una trampa para mosquitos. Campo de Nduta, Tanzania.

 

Con este análisis, que se realiza una vez al año, se pueden hacer mapas para rastrear qué áreas tienen la mayor incidencia de mosquitos infectados y determinar la mejor manera de reducir la propagación de la enfermedad. Nuestros equipos monitorean la incidencia de mosquitos por zonas en el campo, para ver qué áreas tienen la mayor incidencia y cómo intervenir.

 

2. Recolectando datos para análisis y mapeo

Nuestros equipos realizan encuestas para identificar áreas de alta incidencia e informar a quienes realizan actividades de prevención. Monitoreamos los datos del servicio de pacientes ambulatorios de la Sociedad de la Cruz Roja de Tanzania, que proporciona datos sobre la incidencia de la malaria por zonas.

Usando mapas creados por especialistas del Sistema de Información Geoespacial (SIG), nuestros equipos determinan la mejor manera de reducir la propagación de la enfermedad según el análisis recopilado de las trampas para mosquitos, así como los datos médicos de las clínicas para rastrear el número de casos por zona dentro del campo de Nduta.

 

Julien Riyazimana y Paul Tuyininahaze, técnicos de control de vector, examinan mosquitos con el microscopio que han sido atrapados por las trampas puestas en las casas de diferentes partes del campo de personas refugiadas de Nduta.

 

 

3. Uso de larvicidas

Durante la temporada de lluvias, las fuertes precipitaciones en la región aumentan la incidencia de agua estancada, grandes charcos y pantanos, proporcionando un caldo de cultivo perfecto para que los mosquitos se multipliquen y propaguen la malaria. En respuesta, nuestros equipos usan larvicidas.

Para ello rocían un químico no tóxico llamado Bactivec para matar las larvas de mosquitos en los pantanos y el agua estancada dentro y alrededor del campo, y en los pueblos vecinos. Al matar a los mosquitos en su etapa de larva, aún son demasiado jóvenes para dispersarse y contagiar a alguien con la enfermedad.

Erick Kichali es el presidente del pueblo de Kumhasha en el distrito de Kibondo (un pueblo anfitrión y vecino del campo Nduta). Cuenta que antes de que comenzara el proceso de aplicación de larvicidas en Kumhasha, solían tener unos 40 casos de malaria en el dispensario por semana. Pero ahora, después de implementar este proceso, los casos se han reducido a más de la mitad.

“Durante los últimos tres años, después de que recibimos a Médicos Sin Fronteras en nuestro pueblo, ha habido cambios, especialmente con respecto a los casos de malaria en el hospital”, dijo el Sr. Kichali, quien espera que podamos trabajar en estrecha colaboración con el gobierno para expandir el proyecto con el fin de llegar a más personas en el distrito de Kibondo y protegerlas de la enfermedad.

 

4. Fumigación residual en interiores

La fumigación residual en interiores consiste en rociar insecticida dentro de edificios o estructuras para evitar la entrada de mosquitos y mantener a las personas a salvo de la malaria. Rociamos las estructuras hospitalarias dos veces al año para mantener a nuestros pacientes a salvo de esta enfermedad.

 

5. Las mosquiteras funcionan

Se instalan mosquiteros en las casas y alrededor de las camas para proteger a las personas de las picaduras de mosquitos mientras duermen. Si bien entregamos la mayor parte de las actividades de distribución de mosquiteros a nuestros colaboradores locales, proporcionamos 318 mosquiteras a pacientes con anemia falciforme en 2022, al comienzo de la temporada de lluvias.

En la siguiente foto, puedes a ver Sibomana Louis (izquierda), un hombre refugiado burundés que vive en el campo de Nduta desde 2015, sosteniendo la mosquitera que recibió de MSF.
 

Sibomana, refugiado burundés, sostiene la mosquitera junto a Fulgence, nuestro supervisor de control del vector.

Recuerda cuando las tasas de malaria estaban en niveles altos en el campo de Nduta. “Estábamos sufriendo mucho de malaria”, dice. "Antes de MSF, todos los meses había alguien con malaria".

Ahora, con la distribución de mosquiteras y las actividades de aplicación de larvicidas que realizamos, dice que la comunidad puede reducir el número de casos y la propagación de la malaria.

Médicos Sin Fronteras continuamos con nuestro trabajo para prevenir y tratar la malaria al mismo tiempo que pedimos soluciones más efectivas y sostenibles para combatir la enfermedad y reducir el número de casos y muertes prevenibles a causa de ella.

Trabajamos de manera intermitente en Tanzania desde 1993, respondiendo a diferentes necesidades y emergencias en todo el país como la malaria, VIH/SIDA, cólera, suministro de agua, atención médica primaria y secundaria, preparación para emergencias ante brotes de enfermedades, necesidades médicas de las personas refugiadas y otros proyectos médicos para mejorar el acceso de las personas a la atención médica.