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15.02.2017

Una psicóloga clínica en Nablús

Nuestra compañera australiana Loraine Anderson nos trae su experiencia como psicóloga clínica en Nablús, en el norte de Cisjordania, donde pasó siete meses trabajando en 2016.

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“En Nablús, trataba a los pacientes, daba formación al personal y supervisaba a los estudiantes de la Universidad de An Nayá. Es la primera universidad palestina en la que se imparte psicología clínica y hemos ofrecido un programa de prácticas a sus estudiantes: en el primer año, hemos tenido a ocho estudiantes, que durante tres meses han podido aplicar sus conocimientos en el ámbito clínico.

La atención a la salud mental, y en particular la psicología, no están muy desarrolladas en los Territorios Palestinos Ocupados. Tan solo hay un hospital psiquiátrico, en Belén. En colaboración con el Ministerio palestino de Sanidad, la Organización Mundial de la Salud está trabajando para implantar servicios de salud mental en los centros de salud comunitarios. Por este motivo, nuestra colaboración en la formación en psicología clínica de estos universitarios tiene gran importancia.

En esta universidad palestina, todas las disciplinas científicas se imparten en inglés, entre ellas la psicología clínica. Esto me ha facilitado mucho las cosas a la hora de comunicarme con los estudiantes. Sin embargo, en las sesiones clínicas fue más difícil, ya con los pacientes hablamos en árabe y yo necesitaba un intérprete tanto para entender lo que ellos decían como para entender a los estudiantes. Por suerte, nuestros traductores son muy buenos, muy profesionales y especializados, y de hecho a menudo actúan como moderadores, especialmente cuando atendemos a familias muy numerosas.

Yo supervisaba a dos estudiantes, un día a la semana cada uno. Tenemos pacientes de todas las edades, niños y adultos, y en mi caso pasaba entre 10 y 15 consultas semanales, a veces con personas solas y otras con familias. Además, participé en el programa de atención psicológica y de formación para el personal de un orfanato en Qalqilia, ciudad situada a unos 30 kilómetros al oeste de Nablús.

El impacto de la ocupación

En términos de necesidades, tratamos principalmente las consecuencias de la ocupación militar israelí (los traumas, la pena y el sentimiento de pérdida que provoca el conflicto), así como trastornos generales de salud mental, como la depresión y la ansiedad.

Por ejemplo, atendemos a familiares y amigos de personas que han muerto en enfrentamientos con los israelíes: no son muertes ‘normales’ por lo que los allegados de las víctimas necesitan ayuda profesional para afrontar el dolor, la pérdida y demás secuelas.

También tratamos a niños que han quedado traumatizados después de que los soldados irrumpieran en sus casas o las registraran en plena noche o hicieran uso de sus armas en su presencia, o tras sufrir o ser testigos de abusos y agresiones por parte de colonos.

Pero, sorprendentemente, creo que, durante mis meses en Nablús, la proporción de población que necesita servicios de salud mental era similar a la que he visto en mi país natal, Australia. Posiblemente esto se deba a que aquí la gente ha desarrollado mecanismos de resiliencia, a que se apoyan mucho en su comunidad y también a que llevan muchos años de ocupación y no les queda más remedio que asumirlo.

Lo que vemos es que aún existen ciertas reticencias culturales hacia la salud mental. En los países occidentales hemos hecho una gran labor de pedagogía, se da más importancia al bienestar psicológico y quienes reciben este tipo de atención no sufren estigma. Pero los palestinos no han podido beneficiarse de atención psicológica. Si alguien en Australia sufre depresión o ansiedad, lo tiene muy fácil para recibir tratamiento: solo necesita que su médico de cabecera lo derive al psicólogo. En cambio, en los Territorios, es difícil encontrar estos servicios especializados, más aún si vives en un pueblo o lejos de una ciudad o en una zona conservadora como Qalqilia. Esta ciudad, por ejemplo, es de difícil acceso. Si la observamos en un mapa, es como el ojo de una cerradura: está rodeada por la Barrera israelí y hay menos recursos y ONG que en Nablús.

Nuestro equipo estaba formado por tres psicólogos palestinos y dos internacionales (cada uno con su propio intérprete), dos trabajadores sociales y un médico. El trabajador social se encarga de recopilar la información inicial y derivarla a los psicólogos (también nos llegan pacientes de otras organizaciones y tenemos un teléfono gratuito).

Para realizar la evaluación inicial, el psicólogo realiza una primera evaluación bien acudiendo al domicilio del paciente bien invitándolo a la clínica o a alguna consulta en las afueras de Nablús. El psicólogo también evalúa si va a ser necesaria la presencia de un médico o de un trabajador social, es decir que enfocamos el tratamiento desde una perspectiva multidisciplinar.

Esta experiencia repercutirá en mi forma de trabajar en Australia, y en la formación de futuros psicólogos. Ha hecho que quiera trabajar más con personas refugiadas”.

 

En 2016, nuestros equipos proporcionaron apoyo psicológico y social a las víctimas del conflicto en Hebrón, Nablús y Qalqilia (Cisjordania) y en Jerusalén Este; también ofrecimos formación al personal de salud y de enseñanza y a consejeros. MSF trabajó por primera vez en los Territorios Palestinos en 1989, y en Nablús lleva trabajando desde 2006.