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11.11.2013

Testimonio de la doctora Natasha Reyes, coordinadora de MSF en Filipinas

“Ahora mismo estamos trabajando en un vacío informativo. Lo poco que vemos ya nos indica que la situación es terrible, pero lo que no vemos es lo más preocupante."

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"La información que recibimos de Tacloban es que la ciudad entera, de 400.000 personas, ha sido devastada. Además, hay cientos de pueblos esparcidos a lo largo de miles de kilómetros por los que ha pasado el tifón y en los que las comunicaciones se han cortado. Honestamente, nadie sabe cuál es la situación en estas zonas más remotas y rurales, y pasará un tiempo hasta que tengamos una visión general.

Este tipo de desastres no tiene precedentes en Filipinas. Las consecuencias son parecidas a un gran terremoto seguido de enormes inundaciones.

En una primera fase nos centraremos en la provincia de Leyte, que fue la primera golpeada cuando el tifón tocó tierra. Sabemos que hay centros de salud que han sido destruidos o dañados y que el material médico ha desaparecido. Además, es imposible contactar con la mayoría de profesionales de la salud, lo que significa una merma de los recursos disponibles.

Los heridos se han aglomerado en el aeropuerto de Tacloban, donde el Ejército de Filipinas está ofreciendo asistencia médica. Están bajo mucha presión, sobre todo por la necesidad de medicamentos y suministros, por lo que allí vamos a habilitar un equipo médico para darles apoyo. La gente está llevando a los heridos al aeropuerto en motocicletas o a pie, y el trayecto tarda en cubrirse seis horas caminando.

El hospital regional de Tacloban ha sido golpeado por una inundación costera propiciada por la tormenta y el equipamiento médico ha desaparecido. Todavía no está claro qué ha quedado en pie. Hemos identificado un hospital operativo en Tacloban, al que estamos planeando apoyar con personal médico, suministros y equipamiento en los dos próximos días.

Hay heridos que aún no han recibido atención médica. Normalmente, en este tipo de desastres las principales necesidades están relacionadas con los desplazados y las heridas son relativamente menores: cortes, fracturas de huesos o heridas en la cabeza. Pero con tantas casas y edificios destruidos a causa de los fuertes vientos, esperamos ver heridas de consideración.

La infección por tétanos también es un riesgo importante. Nuestra experiencia en el tsunami de Aceh (2004) y otros desastres nos dice que la gente tiende a rebuscar en los escombros de sus casas y se hacen cortes que se infectan rápidamente, así que la vacunación contra el tétanos es fundamental.

Nuestra prioridad es atender las necesidades médicas urgentes e inmediatas; estamos seguros de que hay muchas. Después vienen muchas cosas más: cobijo, agua y comida. Lo han perdido todo. Nos llega información de que hay gente que deambula por la zona, absolutamente desesperada. Los problemas de salud mental serán enormes: a nuestro equipo se le unirá un psicólogo en los próximos días.

A corto plazo, el reto es hacer llegar al personal y los suministros a la zona afectada. Tacloban tiene capacidad limitada para los vuelos, pero estamos haciendo todo lo que está en nuestras manos para que nuestros equipos estén operativos lo antes posible.

A medida que podamos enviar más equipos a las zonas afectadas, nuestra estrategia será trasladarnos a los alrededores de Tacloban y a las islas vecinas. Creemos que Samar Oriental será probablemente la siguiente zona prioritaria de acción. Eso significará usar un helicóptero para evaluar la situación en las zonas más rurales, y también usar lanchas y barcazas para visitar, tratar y abastecer con suministros a las poblaciones en zonas costeras a través de equipos móviles.

Como filipina, sé que somos resistentes. Hemos sido golpeados una y otra vez por los desastres naturales, por lo que si hay tanta gente desesperada y aturdida, la situación debe de ser realmente mala”.

 

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