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27.05.2011

Túnez: los refugiados de Libia siguen encontrando violencia

Ante la escalada de violencia de los últimos días en uno de los campos de refugiados de la frontera entre Túnez y Libia, Médicos Sin Fronteras (MSF) expresa su inquietud por la situación de los refugiados llegados de Libia, que están abandonados a su suerte en estructuras temporales y expuestos a la violencia que les rodea.

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Cientos de miles de refugiados han pasado por el campo de Shousha desde que estalló hace ya tres meses el conflicto libio, pero unas 4.000 personas, la mayoría de origen subsahariano, no pueden ser repatriadas a sus países de origen debido a la situación de inseguridad e inestabilidad que existe en todos ellos. El futuro de todos estos refugiados es más que incierto.

“En los últimos días, hemos visto una escalda progresiva de la violencia, con incidentes constantes entre grupos de refugiados de diferentes nacionalidades”, explica Mike Bates, coordinador general de MSF en Túnez. “Se han quedado atrapados en el campo, que recordemos fue construido como una zona de tránsito temporal, por un tiempo que se antoja totalmente indefinido. La mayoría siente que se encuentra en una callejón sin salida, sin ninguna expectativa de futuro en el horizonte”.

Durante la noche del pasado domingo, un incendio de origen desconocido se propagó por el campo de Shousha, acabando con la vida de cuatro refugiados y destruyendo más de 20 tiendas. A raíz de este incidente, la tensión no ha dejado de aumentar y se han producido varios enfrentamientos entre refugiados de diferentes orígenes, en los que también se han involucrado los residentes locales. Por lo menos dos personas más han muerto, mientras que otras muchas han resultado heridas esta semana. Además, como muestra de hasta qué niveles se ha extendido la violencia en el campo, actualmente hay entre 300 y 400 tiendas que han sido reducidas a cenizas.

Desde principios de marzo, MSF gestiona un programa de salud mental para personas que han huido del conflicto en Libia, en el que se han realizado más de 9.000 consultas. Muchas personas han tenido experiencias traumáticas, pues o bien han sido testigos de la violencia durante su huida de Libia, o bien la han sufrido directamente en sus propias carnes. Además, una gran parte de los miles de africanos subsaharianos que han llegado a los campos ya había sufrido diversas persecuciones y malos tratos en Libia antes del conflicto, o habían sido víctimas de la violencia y la inseguridad en sus países de origen.

Desde que estalló el conflicto el 17 de febrero, 800.000 personas, la mayoría de ellas no libias, han huido del país, dirigiéndose casi todas hacia Egipto y Túnez. Miles de personas más han arriesgado sus vidas huyendo hacia el norte a través del Mediterráneo rumbo a Europa, de las que más de 11.000 han llegado a la isla italiana de Lampedusa. Alrededor de 60.000 personas han huido hacia el sur, cruzando el desierto hacia Níger y más allá.

En una carta abierta publicada el 19 de mayo, MSF alertó a los mandatarios de los Estados europeos implicados en la guerra en Libia de la situación tan atroz a la que se enfrentaban los migrantes y refugiados que huían del conflicto, criticando la falta de coherencia de las políticas migratorias europeas y la lucha de egoísmos de los Gobiernos de los países europeos que están involucrados en la guerra contra el régimen de Muamar el Gadafi.

“Los últimos acontecimientos en el campo de Shousha ilustran la ausencia de opciones seguras para la gente que huye de Libia, en particular los ciudadanos subsaharianos, cuyo viaje en busca de una vida mejor es como una pesadilla sin fin”, concluye Bates.

 

MSF ha estado aportando asistencia a las víctimas del conflicto libio desde febrero, con equipos sanitarios trabajando en Libia (Misrata, Bengasi y Zintan); a lo largo de la frontera entre Túnez y Libia; en Italia (Lampedusa); y en Níger. Cada día, el personal de MSF es testigo del impacto que está teniendo el conflicto sobre la población civil, y por ello pide a los Gobiernos europeos que están involucrados en el mismo que asuman las consecuencias de su decisión y pongan los medios necesarios para evitar el sufrimiento de los civiles.

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