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08.06.2022

Ansiedad, miedo, ira, tristeza: las heridas invisibles de la guerra en Ucrania

Raúl Manarte, nuestro responsable de salud mental en Ucrania repasa las necesidades psicológicas de las personas desplazadas cuando se cumplen 100 días de guerra. “A todos ellos queremos ayudarles a manejar mejor sus síntomas y a comprender que sus síntomas son una respuesta normal a una situación anormal”, explica.

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Decenas de miles de los siete millones de personas desplazadas, en su mayoría mujeres, niños, niñas y personas mayores; transitan o se establecen en las ciudades y en las zonas rurales de Úzhgorod e Ivano-Frankivsk en el suroeste de Ucrania y de Kropivnitski en el centro del país.

En las ciudades hay una mayor presencia de ONG, pero en las zonas rurales hay menos servicios. Muchas personas decidieron adónde huir porque tienen familiares o amigos en la zona o porque hay refugios disponibles. De hecho, la mayoría se aloja en casas particulares. Cada distrito o aldea suele tener un centro donde las personas desplazadas pueden registrarse, y hay una lista de refugios, como escuelas o centros juveniles, donde hay habitaciones disponibles (en su mayoría compartidas). Estos lugares son administrados por autoridades locales con el apoyo de voluntarios y proporcionan mantas, almohadas, medicamentos, alimentos y otros artículos esenciales.

Las ciudades han aumentado de población con la llegada de las personas desplazadas y se escuchan sirenas intermitentemente. El combustible está racionado, la gente habla de bombardeos y muertes y, a veces, las emociones les desbordan. Están consumiendo muchas noticias sobre la guerra, especialmente a través de los móviles. Hay controles en la carretera y toques de queda, y solo ves aviones militares en el cielo, no hay otros. Ya no hay educación presencial y los niños y niñas reciben clases exclusivamente online.

 

Nuestros equipos de salud mental en el centro de recepción de Zaporiyia

 

A pesar de todo esto, hay cierta sensación de normalidad y las personas continúan realizando sus tareas diarias. Sin embargo, cuanto más al este, más cerca de las líneas del frente, mayor es la angustia. Y cuanto más reciente haya sido la huida de una zona de conflicto, más probable es que la persona haya estado expuesta a una experiencia traumática.

Nuestros equipos ven síntomas agudos de angustia, personas hiperreactivas al sonido y otras que están irritables o enfadadas. Algunas personas tienen pensamientos intrusivos o flashbacks: una persona puede rememorar un ataque en su ciudad natal cada vez que suenan las sirenas.

Muchas están angustiadas por lo que puede suceder en el futuro. Algunas mujeres, por ejemplo, temen que sus maridos tengan que alistarse en el ejército. Otras personas están tristes porque su familia se fue del país y se sienten solas. Recuerdo a una mujer cuyo hijo está actualmente en Austria y su esposo está luchando en la región de Donbás. Los niños a veces muestran conductas agresivas o regresivas, como mojar la cama.

 

Sesión grupal en Yaremche, en la región de Ivano-Frankivsk.

 

También vemos personas que quieren ayudarse entre sí porque sienten la necesidad de ser útiles. Otras se sienten culpables por estar vivas, por no estar en la primera línea, por bailar y escuchar música, porque piensan que no es apropiado.

En Ucrania hay alrededor de 10 psiquiatras y un psicólogo por cada 100.000 habitantes, según datos de la OMS de 2020. Hay varios hospitales, muchos de ellos en zonas remotas, donde las personas eran internadas durante largos periodos de tiempo para recibir atención psicológica, y donde solían tratar los problemas psicológicos con medicamentos en lugar de hacerlo con terapia.

Algunos psicólogos no están capacitados en primeros auxilios psicológicos y no existe un verdadero sistema de derivación de casos. En la parte oriental del país, tienen más experiencia en emergencias debido al conflicto prolongado. Por otro lado, los profesionales ubicados en áreas del oeste, las que están recibiendo personas desplazadas, no suelen contar con suficiente experiencia en el manejo del estrés agudo, y las redes de apoyo de salud mental dependen de voluntarios. A ello hay que sumar un estigma asociado con acudir a un profesional de la salud mental, algo común en muchas partes del mundo.

En las últimas semanas, hemos reclutado a profesionales de este ámbito y ahora estamos comenzando a contratar trabajadores comunitarios de salud mental para ir de puerta en puerta para atender las necesidades en los albergues oficiales y los asentamientos informales.

 

Yevhenia Stupnik, psicóloga de MSF, en una sesión grupal con niños en Berehove.

 

Estamos capacitando a trabajadores de hospitales y policlínicos, y a trabajadores sociales y voluntarios que trabajan en los albergues para desplazados en primeros auxilios psicológicos. Les formamos sobre cómo lidiar con los síntomas de estrés agudo y sobre la detección de casos. También hay un componente de autocuidado porque, si bien los trabajadores de la salud centran sus prioridades en sus pacientes, también experimentan altos niveles de estrés.

Tratamos directamente a las personas desplazadas a través de grupos de psicoeducación y consultas individuales, ya sea en persona o por teléfono. Los trabajadores de salud y los psicólogos escolares nos remiten a los pacientes que también nos llegan a través de un teléfono de atención específico. A todos ellos queremos ayudarles a manejar mejor sus síntomas y a comprender que sus síntomas son una respuesta normal a una situación anormal.


Artículo originalmente publicado en ABC