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04.05.2022

Guerra en Ucrania: así es la vida bajo tierra cuando salir a la superficie es demasiado inquietante

“El mundo va a recordar esto por mucho tiempo”, sentencia la Dra. Lisa Searle, miembro de nuestro equipo que trabaja en las estaciones de metro de Járkov, en Ucrania, para proporcionar atención médica a las personas que la necesitan. En este texto, describe lo que ha visto y lo que viven sus pacientes día con día.

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Ucrania, 2022. El mundo va a recordar esto durante mucho tiempo. Mientras escribo esto, estoy acostada en una cama improvisada construida con cartones, abrigos y mantas, donados o encontrados, y luego montados y proporcionados por las personas que viven aquí para pasar la noche.

'Aquí' es una estación de metro. El sistema de transporte público se ha colapsado por completo, y la red de estaciones de metro se ha convertido en refugios para personas cuyas casas han sido destruidas por ataques aéreos y bombardeos, o que están demasiado asustadas para quedarse en casa, en la superficie.

Estar en la superficie ahora es extraño, es inquietante. Algunas personas corren por las calles de solas o en parejas, mientras cargan bolsas de suministros, tratando de llegar a un lugar seguro antes de que suene la próxima alarma que avisa de un ataque aéreo. Que es a menudo, al menos cuatro o cinco veces al día. Y, después de unos días aquí, el sonido de los bombardeos se ha convertido en un ruido de fondo, el constante golpeteo se desvanece en el fondo. Es demasiado agotador pasar demasiado tiempo pensando en lo que significa que escuchemos ese sonido. Otro edificio destruido, más vidas perdidas y casas destruidas.

 

La estación de metro Akademika Barabashova de Járkov acoge a decenas de personas, la mayor parte de ellas, mayores.

 

Hoy, durante una de mis visitas demasiado breves a la superficie, pude ver cómo salía humo de un edificio que acababa de ser atacado, en una parte de la ciudad que ya está destruida y que, cada día, sufre más daños. Los golpes desde arriba hacen que el contenido de los edificios caiga a las calles.

Libros, ropa, aislantes destrozados, ladrillos, cortinas y ollas de cocina se mezclan en montones desordenados que salen de los edificios y caen al suelo, como intestinos que cuelgan de un cuerpo destripado. Todo el país está en un estado de emergencia. Los pocos habitantes que quedan de esta ciudad se refugian en el subsuelo, hacinados en los subterráneos o en los sótanos improvisados. Tratando de sobrevivir.

La mayoría de las personas que tenían los medios se han ido, dejando atrás a las y los adultos mayores, discapacitados, o a quienes tienen enfermedades mentales crónicas. Las personas más vulnerables. Durante el día, algunas personas se aventuran a salir, entrecerrando los ojos contra las luces brillantes y arrastrando los pies por las calles, aterrorizadas y esperando el próximo impacto. Algunas personas están demasiado asustadas para salir a la superficie y llevan semanas bajo tierra.

 

Clínicas móviles MSF en el metro de Járkov

 

Como siempre es el caso en los proyectos de Médicos Sin Fronteras (MSF), seguimos a las personas necesitadas y les brindamos la atención como podemos, adaptando nuestros proyectos para satisfacer mejor las necesidades de la comunidad. Así que aquí estamos con estas personas, en la gravemente dañada ciudad de Járkov, que alguna vez fue la segunda ciudad más grande del país y una fuente de orgullo para sus habitantes; conocida en esta parte del mundo por la belleza de los edificios, parques y monumentos. Trabajamos en el metro, dirigimos clínicas móviles para la población desplazada y que duerme en las estaciones de metro.

Con la repentina afluencia de personas desplazadas de Ucrania, más de seis millones en todo el país, no quedan artículos de campamento en ninguna parte del país, así que dormimos en las frías baldosas sobre tapetes de yoga con bolsas de dormir de nylon baratos diseñados para temperaturas de 20 grados. Aunque a veces las personas de las estaciones nos proporcionan algo mejor, incluso nos instalan en una esquina de un vagón, un trozo de espuma en el suelo, una almohada de repuesto.

Esta noche hablé con una mujer mayor cuya casa fue atacada y destruida ayer. Ella y su esposo estaban en casa: ella, dentro del apartamento y él, en las escaleras. Escucharon la primera explosión y no tuvieron tiempo de reaccionar antes de que su bloque fuera alcanzado. Los servicios de emergencia los sacaron de entre los escombros y, milagrosamente, la única herida entre ambos fue la ruptura de un tímpano. Ella estaba angustiada. No tiene adónde ir, así que se unió a miles de personas que, como ella, ahora tienen una vida subterránea, sin privacidad ni instalaciones para lavarse, y dependen de las y los voluntarios para todo.

 

Dibujos de niños y voluntarios en la estación de metro de Akademika Pavlova.

 

Historias como esta están en todas partes. La mayoría de las y los pacientes que vemos acuden a nosotros por un problema que inicialmente parece bastante simple, como una recarga de sus medicamentos para la presión arterial o una revisión por dolor de garganta. Pero una vez que empezamos a hablar con estas personas, a menudo se derrumban, y las palabras sobre los horrores que han soportado se derraman.

Hace dos noches atendí a un niño de 11 años cuyo padre lo trajo a verme. Inicialmente se quejaba de dificultad para respirar, y cuando le hice más preguntas quedó más claro que esto solo sucede cuando tiene que subir a la superficie. Ataques de pánico. Son terriblemente comunes entre las personas que viven aquí bajo tierra; les aterroriza salir a la superficie y muchas de ellas experimentan graves ataques de pánico incluso ante la perspectiva tener que subir a la superficie.

Algo inspirador y positivo entre todo este sufrimiento es la aparición de redes locales de personas voluntarias por toda la ciudad; que se organizan y trabajan juntas para ayudar a las personas más necesitadas. Son habitantes de la zona que han decidido quedarse aquí y aceptan las solicitudes de las personas atrapadas en sus casas y coordinan las donaciones de alimentos, artículos de higiene y medicamentos. Los conductores locales recorren la ciudad, asumiendo grandes riesgos para hacer llegar estos artículos tan necesarios a los más vulnerables. Todos los días me encuentro con personas cuya compasión y determinación para ayudar a la población más vulnerable hace que se me salten las lágrimas y me obliga a ver la esperanza que vive en este devastado lugar.