Back to top
25.05.2010

Una «expatriada» en el desierto uzbeco (por Sandy Althomsons)

-A A +A

Estar en una misión con Médicos Sin Fronteras es muy diferente de cualquier otra experiencia que hayas podido vivir. De alguna manera, se podría decir que es una experiencia complicada. Y cuando digo complicada, no estoy hablando de vivir con desconocidos de diferentes países, o de tener que lavarme los dientes con agua embotellada... se trata más bien de otras cosas.

Por ejemplo, durante el primer mes, siempre tengo la sensación de que no estoy preparada y me siento incluso inútil... y sin embargo, no sólo nadie pone en duda mis aptitudes, sino que además se supone que debo ser la experta dentro de mi campo de trabajo. Aquí en Uzbekistán, estoy en mi segunda misión, pero tengo la sensación de que esta vez es incluso más difícil que la primera, pues ya no puedo ponerme como excusa la inexperiencia o el no saber hacerlo mejor. Además, está la complicación de tratar de hacer mi trabajo en un contexto delicado, pues soy una estadounidense post-11 de septiembre trabajando en un país musulmán post-soviético... así que podríamos decir que este lugar tiene algo de tierra prohibida para mí. En el terreno, una no cuenta con sus familiares o amigos y en mi caso particular sé que además someto a una prueba constante a mis compañeros de casa con estas frustraciones de las primeras semanas. ¡Pobrecitos, qué paciencia tienen conmigo! Por alguna extraña razón, a mis amigos esto les suena atractivo y fascinante, pero en realidad este trabajo es como si afrontaras una prueba de resistencia cada día.

Nuestro proyecto está en Nukus, una ciudad de unos 300.000 habitantes que se encuentra en la región semi-autónoma de Karakalpakstán. Me imagino que el nombre no os dice mucho, ¿verdad? De hecho, cuando le dije a un amigo que iba a venir aquí con MSF, empezó a tomarme el pelo de inmediato: “no sé si te has inventado el nombre, pero en el caso de que exista esa región, estoy seguro seguro de que está muy lejos”. Y siendo justa, tengo que reconocer que yo tampoco sabía nada de este país antes de venir aquí, y mucho menos de la ciudad que sería mi destino... un lugar que hoy en día es un rincón olvidado en el mundo, pero cuya importancia fue crucial para nuestra historia, ya que un poquito más al sur se desarrolló la ruta de la seda que iba desde el lejano Oriente hasta Europa.

 

Sigue leyendo en la web de La Razón.

Comentarios