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13.05.2005

"Una mujer violada está emocionalmente muerta"

Anne Mumina, enfermera, matrona y auxiliar médica, acaba de volver del proyecto de MSF en Liberia, donde ha trabajado como responsable de la maternidad y como responsable del programa de asistencia a las víctimas de violencia de género en el Hospital Benson y en el centro de salud del barrio de Paynsville, Freetown.

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Durante la guerra en Liberia, la violencia sexual se utilizaba como arma de guerra. Actualmente, las víctimas conocen a sus agresores pero tienen miedo de reconocer que han sido abusadas porque la sociedad les hace sentir culpables por lo ocurrido. El perfil de la víctima es variado, incluyendo a menores de edad, estudiantes, madres solteras, mujeres casadas... Interponer una demanda judicial contra el agresor está casi fuera de la realidad. En el sistema legal de Liberia, la definición de violación es muy limitada y los seis únicos casos que fueron procesados en 2004 dan una idea de lo blandos que son los jueces a la hora de aplicar la ley.

 

Las víctimas de violencia sexual sufren, entre otras patologías, depresión, tristeza y sentimiento de culpabilidad. Algunas de las personas que llegan a las consultas de MSF es porque sufren hemorragias y, en el caso de los niños, muchos se quedan mudos porque les han amenazado para que no cuenten nada.

 

“El tema es que hablar de sexo en la sociedad africana es tabú. Por eso es tan complicado que una víctima de violencia sexual salga a la luz. En nuestras consultas he visto incluso niños de 18 meses, que ni siquiera saben que lo que ha ocurrido no está bien”, explica Anne Mumina.

 

Tratamiento y protección

La mayoría de las víctimas que llegan a las consultas de MSF lo hacen porque saben que pueden recibir tratamiento. Si llegan dentro de las primeras 72 horas desde el momento en que ocurrió la violación, MSF les ofrece profilaxis contra el VIH y las infecciones de transmisión sexual, anticonceptivos, inmunización contra la hepatitis B y el tétanos, y un certificado médico. Si el tiempo transcurrido es mayor, se les tratan las enfermedades que pudieran padecer. Además, a todas las víctimas se les ofrece apoyo emocional. E incluso, si la víctima necesita protección porque el abuso es repetido, MSF se lo proporciona en colaboración con otros actores.

 

Como ejemplo, Mumina recuerda “el caso de una niña abusada continuamente por su padre, que le golpeaba si se negaba a someterse y que tuvo el valor de ir a la policía para buscar protección. Fue así como llegó a la consulta de MSF y nosotros pedimos a otra organización especializada en el tema que le proporcionara la protección que necesitaba”.

 

El apoyo emocional es fundamental para ayudar a la víctima a superar el trauma del abuso sexual. Algo que no es nada fácil porque, como explica Anne, “una mujer violada está emocionalmente muerta”. También a nivel social, estas mujeres sufren el rechazo de sus parejas y familias, e incluso son culpadas por lo que ha ocurrido.

 

Desgaste emocional

En el programa de MSF en el Hospital Benson se recibe una media de 40 casos nuevos al mes, aunque ha habido momentos en los que se ha llegado a los 70 casos mensuales. Sin embargo, sabemos que ésta es una pequeña fracción de la realidad. “Necesitamos realizar más actividades de sensibilización, especialmente entre los hombres. Porque son ellos, los padres, hermanos, maridos, los que comenten los abusos”, afirma.

 

Trabajar con víctimas de la violencia sexual es también muy duro a nivel emocional. El personal de MSF recibe a las víctimas, escucha los relatos de cómo ocurrió todo, porque las víctimas confían en MSF y necesitan contarlo todo para liberarse emocionalmente. “Actualmente estamos intentando establecer un sistema de apoyo emocional para el personal de MSF. Es importante poder realizar sesiones cada dos semanas”.

 

Anne comenzó a trabajar con MSF en 1993, como miembro del personal nacional en Garisa (Kenia). Desde entonces, siempre quiso trabajar en la ayuda humanitaria. Es diplomada en enfermería, comadrona y auxiliar médica (clinical officer), pero volvió a retomar sus estudios para poder enfrentarse mejor a los retos que presenta el trabajo en el terreno. Ahora quiere realizar un curso de asesoramiento psicológico para poder apoyar mejor a las víctimas de abusos sexuales en su próxima misión.

 

“A pesar de lo duro que resulta el trabajo en un proyecto de asistencia a las víctimas de violencia de género, quiero continuar mi actividad profesional en este tipo de proyectos. Las mujeres abusadas sexualmente necesitan ayuda, necesitan entender que su cuerpo les pertenece, que nadie tiene el derecho de abusar de ellas y necesitan ayuda para volver a la realidad. Como mujer africana, quiero estar en la línea de frente y decir NO al abuso sexual”.

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