Back to top
08.06.2015

“Una vida profesional no da para cubrir todos los conflictos abiertos en el mundo”.

Entrevista a Cristina Sánchez, periodista y directora del programa "Países en Conflicto", de Radio Nacional. Por Fernando Calero, Servicio de Medios.

-A A +A

Esta entrevista fue concedida para la revista 103 de Médicos Sin Fronteras, que puedes leer aquí.

 

Especializada en información internacional, Cristina dirige un espacio semanal sobre conflictos armados, derechos humanos y desigualdades. En los últimos años ha dado voz a la sociedad civil desde Túnez, Libia, los Territorios Palestinos Ocupados o Haití.

 

¿Está ganando la partida el radicalismo a la libertad de expresión?

En Occidente no queremos entender lo que está sucediendo; restringir libertades no es la solución. Hay que seguir el rastro del dinero, revisar nuestras relaciones exteriores, dejar de apoyar a regímenes totalitarios y analizar porqué nuestras políticas están fallando. Los hermanos Kouachi eran franceses, así que algo estamos haciendo mal.

 

¿Qué vas a hacer cuando ya hayas cubierto todos los conflictos?

No creo que una vida profesional dé para cubrir todos los conflictos abiertos en el mundo. Y no hablo solo de guerras convencionales; también están el hambre, la pobreza, la brecha de la desigualdad, las violaciones de los derechos humanos o la discriminación contra la mujer. Puedes encontrarlos sin necesidad de cruzar fronteras. La gran frustración y la mayor impotencia para un periodista que cubre conflictos es que, desgraciadamente, nunca se agotan los temas.

 

¿Sobrevivirías un mes sin redes sociales?

La información internacional es mi pasión y nunca he podido disociar mi vida personal de la profesional. Sobrevivir, sí. Que quiera hacerlo es otra cosa.

 

Como periodista, ¿qué decide hacer después de ver los efectos que provoca una bomba lanzada sobre una escuela llena de niños?

Primero, respetar el dolor. Mantener la distancia e ir acercándome poco a poco para intentar establecer cierto clima de confianza con las personas a las que voy a entrevistar. Hablo con ellas antes de encender la grabadora. Les doy tiempo. Y, la mayoría, acaban verbalizando lo que sienten si perciben empatía. Otras veces, simplemente, necesitan gritarlo. El verano pasado, en un ataque israelí que mató a varios niños en Gaza, un hombre se me acercó con la camisa ensangrentada, me cogió el micro y me contó lo que había sucedido todavía en estado De shock. Yo era incapaz de articular palabra. Cuando terminó, simplemente nos sentamos en silencio, durante unos minutos. Éramos sólo dos seres humanos sentados el uno junto al otro.

 

¿Cree en una radiotelevisión pública? ¿Qué le diría a quienes ponen en peligro su independencia?

Yo soy hija de la pública. Estudié en una escuela y en una universidad pública. Trabajo en un medio de comunicación público. Solo respondo ante los únicos dueños de mi empresa: los ciudadanos. Y defenderé el servicio público hasta el final. Es el mundo en el que creo y por el que lucho. Y quienes lo cuestionan o lo ponen en peligro me encontrarán enfrente.

 

En Egipto, Siria o Libia, ¿puede aún regresar la primavera o el invierno llegó para quedarse?

Las nubes negras están ahí y cada una lleva un nombre. De países occidentales, de monarquías del Golfo, de intereses geoestratégicos, de luchas por el poder regional, de control de recursos naturales... Yo veo los rayos de luz en los rostros de activistas locales, de los hombres y mujeres de la sociedad civil. Soñaron con la primavera y les han impuesto el invierno.

 

Regresaste a Haití 5 años después del terremoto. ¿Qué fue lo primero que decidiste hacer nada más llegar?

Visitar los campos de desplazados que aún quedan en el país. Hablar con los haitianos y haitianas que siguen viviendo en esas condiciones cinco años después. Ha sido de las más profundas impotencias que he sentido. Y también rabia y frustración. Las grietas del terremoto se han ido reparando, pero otra brecha, la de la desigualdad, sigue siendo igual o incluso más profunda que antes.


Se acabó. De esta no salgo.

Tuve aquella sensación en Ucrania; no hace mucho tiempo. Y cuando vi que estaba viva, pensé: ¡pues a seguir contando historias! Dedicarse a esto es algo voluntario. Cuando terminas el trabajo, regresas a la comodidad del hogar. Los que se quedan allí, sufriendo los efectos del conflicto, son los que se merecen toda la atención, todo el respeto, toda la admiración.


Más que contarnos las guerras, lo que diferencia tu trabajo del de otros periodistas es la sensibilidad que tienes para darle voz a aquellos que las sufren.

Es que contar una guerra es imposible. En una crónica apenas puedes dar unos retazos. Yo siempre intento estar lo más cerca posible de los civiles. El periodismo debe ser un generador de empatía. Y las historias personales son, para mí, la mejor vía.

 

 

Comentarios