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25.01.2013

Vacunas. La OMS ignora de momento lo más importante: que sean más baratas y mejor adaptadas a las condiciones del terreno

La Junta Ejecutiva de la Organización Mundial de la Salud (OMS) que se celebra esta semana, y que hoy viernes debate sobre el proyecto de “Colaboración para la Década de Vacunas”, debe aprovechar la oportunidad para mejorar las serias deficiencias en el documento que guiará a la comunidad internacional en relación con las vacunas durante los próximos años. Si no lo consiguen, la pregunta clave de por qué los niños siguen sin estar cubiertos por programas de inmunización seguirá sin tener respuesta.

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“El coste de vacunar a un niño se ha incrementado un 2.700 por ciento en los últimos diez años, por lo que resulta desconcertante que el plan sobre vacunas para la próxima década no tenga como objetivo reducir los precios,” explica el doctor Manica Balasegaram, director ejecutivo de la Campaña de MSF para el Acceso a Medicamentos Esenciales (CAME). “Los gobiernos de los países en los que trabajamos están cada vez más preocupados sobre cómo pagar las vacunas cuando el apoyo de los financiadores se tambalea. Un indicador sólido de los precios fijados mostraría por lo menos que las preocupaciones legítimas que esto suscita se toman en serio.”

Los países van a someter a discusión el marco de evaluación y seguimiento que valorará el éxito del Plan de Acción Mundial sobre Vacunas y que guiará las actividades del mismo. Aunque el elevado precio de las vacunas supone una amenaza considerable para la sostenibilidad de los programas de inmunización, el marco no incluye ninguna medida para monitorear los precios.

En 2001, el coste de vacunación de un niño era de 1,37 dólares americanos por el paquete básico de vacunas con BCG, polio, difteria, tétanos, tos ferina y sarampión. Con la inclusión de más vacunas, y especialmente dos nuevas contra la enfermedad neumocócica y el rotavirus, que juntas representan casi un 75% del precio total de la vacunación de un niño, el coste se ha incrementado a 38,80 dólares americanos en el mejor de los casos, siendo muchos los países que pagan precios más elevados.

“Hay que darle más prioridad al objetivo de reducir el precio de las vacunas, por ejemplo agilizando la entrada en el mercado de productores emergentes que fomentarían la competencia. El proyecto de ‘Colaboración para la Década de Vacunas’ se espera que cueste en torno a los 50 mil millones de dólares americanos, y el coste de las vacunas propiamente dichas absorberá una gran parte de ese dinero. No podemos conformarnos con ignorar este hecho y se acabó“, añade el doctor Balasegaram.

Igualmente preocupante resulta que el plan no sea lo suficientemente ambicioso a la hora de abordar la falta de adaptación de muchas vacunas para su uso en los países en desarrollo. En el transcurso de los últimos cinco años, 112 millones de niños no recibieron si quiera el paquete básico de vacunas para protegerse de las enfermedades de la infancia que más vidas se cobran, en gran parte porque las vacunas con las que contamos en la actualidad son difíciles de utilizar en zonas remotas o rurales (por ejemplo, tienen que conservase con refrigeración, requieren profesionales sanitarios cualificados para administrar las inyecciones o tienen que administrase en múltiples dosis que implica la necesidad de hacer varias visitas a la clínica).

A pesar de estas necesidades apremiantes, el plan de acción se fija una meta muy pobre, consistente en haber conseguido sólo una nueva tecnología de vacunación adaptada de aquí al año 2020, a pesar de que la OMS ya esté a punto de aprobar la calidad de varias nuevas tecnologías de administración de vacunas (por ejemplo sin aguja, mediante una mascarilla o a presión).

“Incluso para una organización con el potencial logístico de MSF, vacunar a niños en lugares de difícil acceso, con vacunas que necesitan conservarse a bajas temperaturas supone un reto importante,  y eso  significa que son muchos los niños que quedan desprotegidos,” declara Kate Elder, Asesora sobre Política de Vacunación de la CAME. “Necesitamos más productos que faciliten la administración de vacunas a los niños. Necesitamos una señal clara de que éste es un objetivo clave para los próximos diez años.”

 

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