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13.10.2010

Esta vez perdimos. II Parte (por Anne Connelly)

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A las siete y media de la tarde escuché fuertes lamentos procedentes del otro lado del patio. El peor de los sonidos… Supe de inmediato lo que había pasado, pero aún así tenía que confirmarlo. La enfermera estaba de pie a varios metros de distancia de la casa donde teníamos aislado al niño. “Se acabó. Se ha ido, ¿verdad?”, pregunté. Ella se giró y asintió con los ojos húmedos. Volví corriendo a la oficina y, antes de entrar, de pura frustración, le di una patada a los escalones de cemento. ¡No era esto lo que tenía que suceder! Cogí la radio y me puse en contacto con Gontikiri de nuevo. “Dile a todos tus coches que regresen a la base, el paciente ha muerto”. Silencio en la radio. “Dile al equipo de Djomo que lo sentimos todos mucho”, me respondieron al rato. Me sentía hundida.

Llamé a la coordinadora general en Bangui para darle la mala nueva. “Mierda”, dijo. “Mierda... Bueno, haremos lo siguiente: tenéis que decirle a la familia que no pueden acercarse al cuerpo. Querrán llevárselo a casa y hacer el velatorio tradicional y el funeral, pero el cuerpo es extremadamente contagioso y tiene que ser enterrado de inmediato. No toquéis el cuerpo. No toquéis a la familia. La enfermera tendrá que encargarse de lavar el cuerpo, así que que se ponga, quiero hablar con ella, y llamadme más tarde para decirme cómo van las cosas”.

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