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17.04.2008

'Y la cenicienta siguió limpiando la oficina'

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Esta semana he estado haciendo entrevistas para cubrir el puesto de técnico de administración para la oficina. Entre los currículos que recibimos destacaban dos: uno era el de una persona que ha estado trabajando dos años en la misión de MSF-Suiza en un puesto similar y el otro era de uno nuestros empleados que trabaja limpiando la oficina. "Yo estoy estudiando porque no quiero pasarme el resto de mi vida limpiando... Sé que soy capaz de hacer mucho más... si tengo una buena formación algún día podré encontrar un trabajo mejor", me comentaba hace unos días.

Estuve revisando todas las candidaturas y, sin duda, la persona con experiencia era la mejor a priori. Llamé a Wang Ya (la financiera de los suizos) para pedirle referencias y me comentó que era muy buena. Además, estaba encantada de poder ayudarla a encontrar un trabajo ahora que ellos cierran sus proyectos en el país. Pensé: "Ésta va a ser, sin duda, la mejor opción, una persona de confianza, con experiencia en el puesto, con conocimiento de MSF,... qué más puedo pedir". Lo tenía muy claro, no había dudas. Eso era el lunes por la tarde.

El martes por la mañana nos pusimos con Carol a revisar la contabilidad. Uno a uno vemos los asientos de los proyectos. Carol lee en voz alta lo que figura en los recibos y yo confirmo la información entrada en el programa de contabilidad. Levanto la cabeza y veo que nuestra candidata está limpiando las ventanas del despacho. Mientras oigo a Carol recitar los gastos no puedo evitar pensar en lo que estará pasando por su cabeza al vernos trabajando delante del ordenador. Me la imagino como una cenicienta a la que el destino (su madrastra) la ha condenado a mirar desde detrás de la ventana lo que a ella le gustaría ser. Me la imagino soñando con poder dejar de lado sus trapos y su vestido roído de tanto limpiar, para poder conseguir su trabajo mejor.

Esa noche no dejaba de rondarme una idea en mi cabeza: "¿Debe ser ella la que se quede con el puesto?... La persona de MSF-Suiza es buena, tiene mucha experiencia y seguro que no tendrá problemas en encontrar un nuevo trabajo. En cambio, ¿quién le va a dar una oportunidad a nuestra cenicienta? ¿No debemos ser nosotros, desde MSF, los que apostemos por ella? ...piensa en la diferencia que esta decisión puede suponer para su vida ".

El miércoles por la tarde empezamos las entrevistas. Son cuatro en total.

La persona de MSF-Suiza realiza una entrevista excelente. Cuando me explica su experiencia en los últimos años veo reflejada en sus explicaciones cada uno de los puntos que había listado en el perfil de puesto. Es joven, agradable y,  a la vez, transmite seguridad y firmeza.

Termino la entrevista, vuelvo a mi mesa y le cuento mis dilemas a Carol. Ella tampoco se atreve a definirse y me anima a tomar la "mejor" decisión.  ¡Qué fácil ! Sin embargo, me hace una reflexión interesante. "Creo que la parte de visas, trámites, etcétera, se puede aprender en poco tiempo, pero deberías asegurarte que sus conocimientos informáticos son buenos. El programa de gestión de personal es complicado y para realizar las demás tareas va a necesitar usar Word y Excel asiduamente, y eso es algo más lento de aprender".

A las 17.00 horas empezamos la entrevista. Le explico detalladamente en qué consiste el puesto y veo que empieza a cambiar la mirada, parece desanimada. Le digo que he revisado su currículo y que no se preocupe, que sé que no tiene experiencia previa en estos temas pero que no es problema, que me explique su historial académico y su experiencia profesional y luego ya veremos cómo lo podemos arreglar. Su rostro se relaja, y empieza a contarme.

"Tengo 28 años. Nací en una familia con pocos recursos y muchos hermanos. Mi padre pronto nos abandonó, mi madre es analfabeta.  Conseguí una plaza en un colegio de misioneros y terminé la primera etapa con muy buenas notas. Para continuar, un doctor del barrio se ofreció a pagar mis estudios en los siguientes dos años. Al terminar el segundo trimestre, el señor falleció. Tuve que dejar el curso a mitad porque no me podía pagar la matrícula. Luego, estuve un tiempo más en la aldea, pero al ver que no podía seguir estudiando decidí mudarme a Kampala.

Estuve un tiempo buscando trabajo sin demasiada suerte. Finalmente, encontré otro señor, un empresario surafricano, que se ofreció para pagar mis estudios. Desgraciadamente, el señor se mudó al cabo de un tiempo y tuve que abandonar de nuevo la escuela.

Volví a la aldea y mi madre me habló de buscar un marido, dejarme de tonterías y asegurarme un futuro. Yo me negué en redondo. Quería conseguir mi sueño. Pienso que si uno se esfuerza y realmente cree en lo que hace, al final consigue aquello que se propone.

Poco tiempo después, volví a Kampala, donde encontré trabajo en MSF-España como limpiadora de la oficina. En paralelo, en los últimos dos años, me he sacado un certificado en contabilidad y ahora estoy estudiando para sacarme el diploma".

Me quedé de piedra, y con el corazón encogido. Ahora todavía tenía más dudas acerca de la decisión a tomar. De nuevo, mi cabeza y mi corazón en plena lucha. Era evidente que su perfil profesional era inferior al de la otra candidata, pero ésta tenía un máster en superación personal, era una luchadora.

"Muy bien" le comenté. "Ahora si te parece, me gustaría realizar un pequeño test de informática".

Nos sentamos delante del ordenador y le pido que abriera el Word y escriba una carta tipo para el ministerio, solicitando un permiso de trabajo para un expatriado. La veo dudar a la hora de encontrar el icono de inicio del programa. Archivo-panel de control-ajustes-...-programas-word-abrir. (uff!).

Empieza a escribir la carta, lentamente, buscando las letras en el teclado. No sabe qué escribir. Me mira. Le comento que improvise un texto tipo "le hago llegar el expediente de XXX para tramitar el permiso de trabajo  ...". De nuevo la mirada perdida, asustada. Lo dejamos en una breve línea para no alargar el ejercicio. Le digo que le ponga fecha y firma a la carta, y que la guarde.

Luego, le pido que abra el Excel y prepare una tabla para registrar las llegadas y salidas de expatriados. De nuevo, queda clara su poca familiaridad con la informática y con estos programas en concreto. Dejamos el ejercicio.

Volvemos a la mesa y me siento en la obligación de decirle que no podrá conseguir el puesto. No quiero que se haga falsas ilusiones. Le explico la importancia de la parte informática para el puesto y de la necesidad de asumir las tareas desde el primer momento, sin poder esperar a que ella consiga la experiencia con los programas. Le animo a que practique en las horas de la comida y al terminar la jornada con los ordenadores de la oficina y así pueda mejorar en este aspecto.

Finalmente, he seleccionado a la persona de MSF-Suiza para el puesto. El tema informático era muy claro y me ha sido un poco más fácil tomar la decisión. Sin embargo, para qué negarlo, en algún lugar de mi interior resuena todavía la vocecita que me cuestiona si he decidido correctamente.

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