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Nuestra mirada a la pandemia en España: testimonio MSF e incidencia política

La gravedad de la situación fue alarmante y las consecuencias en los profesionales sanitarios, y por extensión en el aumento de los contagios, requirieron una respuesta rápida e ineludible. La pandemia ha evidenciado que la responsabilidad en materia de salud pública está diluida.

En marzo, los contagios y fallecimientos experimentaron un aumento exponencial que empujó contra las cuerdas al sistema sanitario y tensó sus costuras, especialmente en comunidades autónomas como Madrid y Cataluña.

Durante la semana del 22 al 28 de marzo, en estas dos comunidades se dio el mayor número de hospitalizaciones, y el de casos confirmados en Madrid; en Cataluña, el pico de casos llegaría una semana más tarde.

La demanda asistencial crecía diariamente en todo el país sin que hubiera aprovisionamiento ni stocks adecuados, ni tampoco experiencia previa en el tratamiento de la enfermedad.

Hubo que esperar a que fueran llegando los cargamentos de material y a que el personal sanitario asimilara la realidad a la que se enfrentaba. La gravedad de la situación era alarmante y las consecuencias en los profesionales sanitarios, y por extensión en el aumento de los contagios, requerían una respuesta rápida e ineludible.

Por ello, defendimos públicamente la necesidad de invitar a personal sanitario extranjero con experiencia en la gestión de casos de covid-19 para que ayudaran a nuestros profesionales.

Durante toda la intervención, comunicamos de forma regular nuestras actividades en nuestros canales (Twitter, Facebook, Instagram y la web) y a través de los medios de comunicación. Desde un principio, nuestra estrategia de comunicación basculó entre incidir en la necesidad de que las autoridades cambiaran su mentalidad y dar visibilidad a la respuesta de nuestra organización en España.

Concentramos gran parte de nuestros esfuerzos en hablar con las Administraciones, representantes del Gobierno, partidos políticos, asociaciones y colegios profesionales, sindicatos y plataformas de familiares, para transmitir la necesidad de que el país diera una respuesta rápida y eficaz.

Nuestra comunicación fue en todo momento propositiva y aportó soluciones que se pudieran adaptar a las necesidades acuciantes. Ante de la caótica realidad de los primeros días, quisimos poner de relieve, con la máxima preocupación, la situación que los equipos experimentaron en las residencias de mayores y la falta flagrante

de materiales de protección para el personal sanitario y sociosanitario.

Entre la primera comunicación en marzo y las últimas en mayo y junio, MSF hicimos hincapié en unos mensajes que, como organización médico-humanitaria, eran imprescindibles y lo son aún más ahora, cuando la fase más difícil de la emergencia queda atrás.

Extensión hospitalaria en el Severo Ochoa de Leganés



Seguiremos insistiendo en la necesidad de reforzar el sistema de salud y la coordinación entre diferentes Administraciones públicas para contar con una mejor preparación ante posibles rebrotes:

 

1. Los mecanismos de salud pública, sobre todo la prevención y control de infecciones y la vigilancia epidemiológica, deben ser reforzados, con un plan de movilización de personal efectivo y proporcional a las necesidades, y recursos y directrices claras, oportunas y adecuadas a la realidad, con el fin de controlar

eficazmente la epidemia.

El modelo de gestión de crisis, que no había sido puesto a prueba por ninguna pandemia de esta magnitud en el pasado, no ha sido capaz de dar una respuesta adaptada y oportuna. Durante el estado de alarma, el Gobierno central asumió un mando único, pero se mantuvo la gestión descentralizada de las competencias sanitarias, lo que provocó que hubiera 17 respuestas diferentes a la epidemia.

A todo ello se suma la limitada financiación del sistema sanitario y la falta de políticas de sanidad actualizadas y adaptadas. La pandemia de covid-19 ha puesto en evidencia que la responsabilidad en materia de salud pública ha quedado diluida entre los distintos niveles de gestión. Ejemplo de ello son las acusaciones entre los distintos actores políticos sobre la responsabilidad en la gestión de las residencias

de mayores o las diferencias en los cómputos de casos de covid-19 entre comunidades autónomas y Gobierno central.

 

2. España se encuentra entre los países europeos con mayor incidencia de contagios en el personal sanitario, con un 21 % del total de casos de covid-19 confirmados; en total, fueron más de 52.000 profesionales.

La protección del personal sanitario y no sanitario tiene que ser una prioridad. Todo el personal de la salud y el cuidado tiene que poder trabajar con las debidas garantías, desde las unidades hospitalarias más especializadas a los centros de salud más pequeños, desde los cuidadores de las residencias hasta el personal de limpieza

o el de las ambulancias.

Los contagios en el personal sanitario solo disminuirán si se proporcionan equipos de protección adecuados en número y calidad, incluyendo al personal no sanitario cuya labor tiene impacto directo en el control de la infección, como, por ejemplo, el personal de limpieza. Sin duda, la capacidad de producción propia será uno de los elementos esenciales que deberán reforzarse para evitar la dependencia del exterior, en un mercado mundial donde la competencia por el aprovisionamiento de materiales de protección es despiadada.

A la vez, se debe garantizar un paquete de medidas de apoyo psicosocial que incluya aspectos básicos como el alojamiento del personal sanitario en entornos seguros y protegidos, el apoyo en los cuidados a sus familiares o dependientes y garantías para el adecuado descanso.

 

3. La elevadísima mortalidad en las residencias es inaceptable, fueran evitables o no estos fallecimientos. Los mayores que viven en estos establecimientos deben estar en el centro de la atención para toda la sociedad. Son necesarias una mayor cohesión de los servicios sociales y sanitarios y una mayor integración del sistema público de salud, para garantizar así el acceso a la salud y a unos cuidados dignos, que incluyan cuidados paliativos y de final de vida y visitas, y en su caso despedidas, de las familias (siempre con la protección debida).

El 2 de junio, la directora general de MSF España, Marta Cañas, y el director de Amnistía Internacional en España, Esteban Beltrán, se reunieron con portavoces de las Comisiones de Sanidad del Congreso de los Diputados y del Senado, para transmitirles el profundo impacto que la covid-19 ha causado en el personal sanitario y sociosanitario y los cuidadores, y la desprotección a la que se han enfrentado.

No se respondió adecuadamente a la emergencia, pero hoy nadie puede permitirse el lujo de no estar preparado. No se puede bajar la guardia, porque ya han aparecido nuevos brotes, que siguen poniendo en riesgo la vida de las personas más vulnerables.

Al recordar estos meses de trabajo, MSF expresamos nuestra solidaridad con todos los profesionales de la salud y del cuidado que han luchado implacablemente contra un nuevo virus de efectos sin precedentes, y nos comprometemos a compartir recomendaciones y lecciones aprendidas.