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07.03.2018

Día de la Mujer: en Mali, dar a luz puede significar la muerte

Ninguna mujer debería morir dando vida. Debemos hacer todo lo posible para ayudarles durante el parto. Es nuestra labor en Mali, donde las mujeres nómadas sufren hemorragias que pueden ser mortales. Estas son las historias de Tala, Awa, Wanli, Aminatou y Fatoumata.

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Tala caminó dos días para salvar su vida

Tala tiene 17 años y es originaria de una comunidad nómada entre Menaka y Ansongo, en el este de Mali. Tuvo que viajar 100 kilómetrosdurante dos días en condiciones terribles para llegar al Centro de Salud de Referencia de Ansongo. Padecía un caso de anemia grave debido a una hemorragia fruto de haber dado a luz en su hogar.

"Mi hija se puso enferma después de dar a luz. Se quedó muy débil. Después del nacimiento de su hijo, perdió mucha sangre. El centro de salud comunitario está muy lejos de nuestra casa, a más de 50 kilómetros. El estado de la carretera deja mucho que desear y nos da miedo lo que nos pueda ocurrir en el camino”, explica Tahata, de 50 años.

“Se vio obligada a dar a luz en casa, como la mayoría de las mujeres de aquí. Como no se acababa de recuperar, utilizamos medicinas tradicionales para curarla, pero no funcionaban. Fue entonces cuando decidí llevarla yo sola en carromato al centro de salud, porque los hombres estaban pastando con el ganado. Nos llevamos al bebé recién nacido con nosotros”, añade.

“El viaje duró todo un día, y fue muy duro. En el centro de salud, su estado empeoró todavía más. El personal médico nos habló entonces de MSF y de su presencia en el Hospital de Ansongo. Nos volvimos a poner en marcha, otra vez en carromato. Con el calor, mi hija empezó a agonizar. Por suerte, nos encontramos con un vehículo que conseguimos parar y que amablemente nos llevó a Ansongo.

Cuando por fin llegamos, a altas horas de la noche, mi hija fue hospitalizada. Me dijeron que le faltaba mucha sangre. Me preguntaba cómo me las iba a arreglar para pagar la transfusión y los cuidados. Aun así, los equipos de MSF hicieron un gran trabajo, y salvaron la vida de mi hija sin pedirme dinero. Incluso me dieron comida mientras me quedaba con ella. Ahora se encuentra mucho mejor y ya ha podido empezar a cuidar de su bebé".

Awa no sabía que estaba embarazada

Awa sufrió una enorme hemorragia durante su parto prematuro, que tuvo lugar en casa y durante el cual no recibió ninguna asistencia médica. Para ayudarla a detener la pérdida de sangre, sus padres recurrieron en vano a la medicina tradicional. Durante ese tiempo, Awa sufría, dejó de comer, se fue debilitando y llegó a sufrir una anemia grave. No fue hasta después de pasar 20 días en esta situación cuando acudió en triciclo y a toda prisa al Centro de Salud de Referencia de Douentza. Allí garantizamos su asistencia de forma gratuita.

"Somos de Douma, de un pueblo cerca de la ciudad de Douentza, donde no hay ni siquiera un centro de salud. Por eso, traje a mi esposa Awa aquí para que recibiera tratamiento. Era la primera vez que estaba embarazada. Como estamos lejos del hospital, no asistía a las consultas prenatales. Aun así, creíamos que habíamos calculado correctamente los meses del embarazo y que todavía faltaba para el parto. Un día, de repente, sintió dolores en el vientre.

Fue entonces cuando nos dimos cuenta de que estaba a punto de dar a luz a nuestro primer hijo. Era demasiado tarde para llevarla al hospital. Además, no teníamos ningún centro de salud cerca. Era muy duro para nosotros ver lo que estaba ocurriendo: perdió demasiada sangre y el bebé había muerto. Fue muy duro.

La tragedia ocurrió hace veinte días. Para detener la sangre, utilizamos muchas medicinas tradicionales que tardaron mucho en actuar. Para nosotros, ya habíamos superado lo peor, pero Awa no estaba todavía en forma, no tenía apetito, estaba menos activa. Fue entonces cuando comenzó a tener hinchazón en la piel, en la cara, en las manos... todo se le deformó. Así, empezamos a buscar una manera de traerla aquí. Cuando llegamos, la examinaron y, siguiendo el consejo de los médicos, comió alimentos que le permitieran recuperar algo de fuerza", relata Amadou, marido de Awa y granjero originario de Douentza, en Mali.

Wanli y Aminatou temían emprender solas el camino

Aminatou fue llevada de urgencia, temprano por la mañana, a la Unidad de Maternidad del Centro de Salud de Ansongo, 14 días después de tener un parto en casa sin asistencia médica. Ya moribunda, tuvo un total de cuatro crisis de eclampsia durante el examen clínico. Gracias a la movilización de todo nuestro equipo, su estado se estabilizó y su vida dejó de correr peligro.

Como consecuencia de una serie de complicaciones después de dar a luz en casa, Aminatou fue hospitalizada y recibe atención gratuita.  

"Todo comenzó a las cinco de la mañana, mientras tomaba el desayuno. Ahí empezó la eclampsia. No paraba de desmayarse y de temblar. Buscamos un vehículo para traerla aquí, al hospital. Como era de noche, no había ningún hombre que nos acompañara. Teníamos miedo de salir, de emprender solas el camino, por la falta de seguridad”, recuerda Wanli, tía de Aminatou.

A la mañana siguiente, nos la llevamos al centro de salud comunitario donde había asistido a sus consultas durante el embarazo; su última visita fue tres días antes del parto. Mi sobrina sufre complicaciones relacionadas con haber dado a luz en casa sin asistencia médica. Sé que parir fuera del hospital a veces puede salir bien, pero otras veces puede suponer consecuencias nefastas. A causa de la inseguridad, las mujeres no tienen más opción que dar a luz en casa durante la noche", añade.

Sidiki Amadou es médico de MSF y se encargó de asistir a Aminatou. "Gracias a los diferentes tratamientos, la crisis de eclampsia desapareció. El parto en casa es algo que hay que evitar a toda costa, especialmente para las personas de la localidad de Ansongo, porque después del parto a menudo hay complicaciones, como en el caso de esta madre. Para luchar contra esta realidad, MSF se comunica con las mujeres durante las visitas prenatales. También es importante concienciarles a gran escala: deben entender las consecuencias y los riesgos de antes, durante y después del parto”.

Fatoumata casi no sobrevive

Fatoumata es madre de cinco hijos y originaria de una comunidad nómada en Dala, a 5 kilómetros de Douentza, en el centro de Mali. Estaba casi muerta cuando llegó al Centro de Salud de Referencia en Douentza. Nuestro equipo la estabilizó para que ya no estuviera en estado crítico.

"Acompañé a mi esposa enferma. Llegamos a las 11 en punto de la mañana; estaba completamente inconsciente. Sus dolores comenzaron unos tres días antes. Me decía que le dolía el pecho, pero no fuimos inmediatamente al hospital para ver qué pasaba. Cuando su salud realmente se deterioró, cogimos una motocicleta para ir al hospital, aquí en Douentza.

Cuando llegamos aquí al centro de salud, los doctores la atendieron. Ella ya no se movía. Estaba realmente preocupado por si ella sobreviviría o no. Varias comadronas la llevaron en brazos a una habitación y yo me quedé fuera de la habitación. Tras unos momentos, los médicos me preguntaron si sabía qué le pasaba y les dije que no.

Fue entonces cuando me dijeron que mi esposa estaba embarazada, de unos 5 o 6 meses. ¡Nadie en la familia lo sospechaba! Ni ella ni yo nos habíamos dado cuenta. El personal sanitario me dijo que su enfermedad se debía al embarazo. Ahora su condición ha mejorado y está despierta. A partir de ahora vendrá aquí para sus consultas prenatales".