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Ataques a la atención médica

Cinco años después de la resolución de la ONU que afirma proteger hospitales, pacientes y personal médico y humanitario, seguimos siendo atacados en medio de conflictos y otros contextos violentos. El resultado, muertes evitables y decenas de miles de personas sin la atención médica que tanto necesitan.

Las instalaciones sanitarias se arrastran sin cese al campo de batalla, y los pacientes, sus médicos y enfermeras se sacrifican. Desde 2015, lamentamos y sumamos la pérdida de 23 compañeros y compañeras, miembros de nuestro personal, en nueve eventos separados, incluido durante el asalto o el bombardeo de hospitales. Durante los últimos cinco años, nuestro personal ha perdido la vida en Afganistán, Sudán del Sur, Siria, Yemen y República Centroafricana.

El mayor incidente fue sin duda el sucedido a nuestro hospital de traumatología en Kunduz, en Afganistán, en octubre de 2015, cuando fue destruido en un ataque aéreo militar estadounidense. Nada menos que 42 personas murieron, incluyendo 14 de nuestro personal. En la capital de Afganistán, Kabul, en abril de 2020, grupos armados irrumpieron en nuestra maternidad en el hospital Dasht e Barchi, matando a 16 mujeres y una de nuestras parteras.

En Siria, los hospitales y las clínicas que apoyamos han sido bombardeados de forma rutinaria. Las ambulancias en un Yemen devastado por la guerra a menudo son atacadas. Se han producido incursiones armadas en nuestras instalaciones de salud en lugares como Sudán.

No solo ataques militares
Pero los ataques a la atención médica no se limitan solo a los militares. Los trabajadores médicos y los civiles se ven atrapados en la violencia indiscriminada de los grupos armados.

Muchas veces en los últimos años, hemos tenido que dejar de brindar atención médica y retirar nuestros equipos en varios países debido a redadas a punta de pistola en nuestros hospitales. En diciembre de 2020, tras una serie de incidentes violentos contra nuestros equipos, tomamos la difícil decisión de poner fin a nuestras actividades en el territorio de Fizi, en el noreste de República Democrática del Congo.

Lamentablemente, algunos de nuestros pacientes y personal también han resultado muertos o heridos. Durante 2017 en República Centroafricana (RCA), las personas que buscaban refugio en nuestro hospital de Batangafo por la violencia intercomunitaria fueron atacadas por hombres armados. En otro incidente en el mismo país, un bebé fue asesinado a tiros en los brazos de su madre frente a nuestro personal mientras la población buscaba refugio en nuestro hospital en Zemio.

Pero hay más. Hombres armados detuvieron nuestras ambulancias en la calle, amenazaron a nuestro personal a punta de pistola, sacaron al paciente en la parte trasera de la ambulancia y se lo llevaron, negándoles atención médica. En enero de 2021, una de nuestras ambulancias -claramente señalizada con nuestro logo- que trasladaba pacientes entre Douentza y Sévaré, en el centro de Mali, fue detenida violentamente por hombres armados. La ambulancia y sus ocupantes, incluidos los pacientes, el conductor y el personal médico, fueron detenidos durante varias horas; uno de los pacientes murió fruto de ello.

Resolución 2286 de la ONU
La destrucción de nuestro hospital de traumatología de Kunduz, en Afganistán (el 3 de octubre de 2015), y el devastador asalto a las instalaciones de salud en Siria y Yemen durante 2015 y 2016 llevó a la aprobación de la Resolución 2286 del Consejo de Seguridad de la ONU, en mayo de 2016.

Trabajamos con ahínco para que los estados garantizaran que la provisión de atención médica a ambos lados de la línea del frente estuviera protegida. La resolución era necesaria. Se trató de una reafirmación política sobre la legitimidad y el estatus de protección de la acción médico-humanitaria, en un momento en que la atención médica estaba siendo atacada por parte de los estados, incluidos los miembros del Consejo de Seguridad de la ONU y sus coaliciones.

La resolución también mejoró la protección de la atención médica en situaciones de conflicto. Extendió formalmente la protección en virtud del derecho internacional humanitario (DIH) al personal humanitario y médico dedicado exclusivamente a tareas médicas. Esto incluye personal, actividades médicas e instalaciones de organizaciones humanitarias privadas, como Médicos Sin Fronteras. También aclaró y subrayó la necesidad de proteger a los hospitales.
 

Cinco años después, la atención médica sigue siendo atacada.

Y es que la realidad es que, en los cinco años transcurridos desde que se aprobó la resolución, poco ha cambiado para quienes se encuentran sobre el terreno en zonas de conflicto. Los hospitales y el personal médico y humanitario continúan siendo amenazados y atacados en los conflictos. La adopción de la resolución no ha resuelto los problemas encontrados por nuestros equipos sobre el terreno.

Hablando en términos prácticos, la resolución ha hecho poco para proteger a aquellos para quienes su adopción fue diseñada.

Los Estados deben aclarar y reafirmar su compromiso de proteger a los heridos y enfermos, y a quienes los tratan, ya que la ayuda humanitaria y médica se enfrenta a una creciente tendencia a la criminalización.
 

¿Cómo podemos operar?

Aceptamos que operar en zonas de guerra y situaciones de conflicto no está exento de riesgos. Pero hay medidas que tomamos para ayudar a reducir el riesgo de ser atacados por las partes en un conflicto.

Ética médica y negociación

Según la ética médica, brindar ayudar para salvar vidas no es negociable. Los pacientes llevados a las salas de urgencias de cualquiera de nuestros hospitales o clínicas deben recibir tratamiento, independientemente de quiénes sean, de dónde vivan o de qué lado del conflicto estén.

Desafortunadamente, esta opinión no es compartida por todos, y estamos trabajando para contrarrestar la "criminalización" de la atención médica en el campo de batalla. Por un lado, en virtud de muchas leyes nacionales de lucha contra el terrorismo, cualquier ayuda proporcionada a las zonas donde operan los denominados "terroristas" es motivo de enjuiciamiento y esas zonas suelen ser de muy difícil acceso.

Pero, por otro lado, donde podemos llegar a áreas difíciles (y algunas áreas a las que no es difícil), los grupos armados atacan, secuestran y matan a trabajadores humanitarios y médicos.

Si bien la amenaza para las organizaciones médico-humanitarias es doble y de naturaleza diferente, la razón por la que intentamos acceder a estas áreas es la misma: brindar la atención médica que las personas tanto necesitan. Con ese fin, involucramos a todas las partes en el conflicto para que podamos brindar atención médica en zonas de guerra y conflicto de manera segura. Reafirmamos a todas las partes que nuestro único objetivo es brindar atención a las personas y no interferir con ninguna agenda política o militar.

También nos aseguramos de estar claramente identificados y que los grupos sepan quiénes somos y dónde estamos. En lugares como Yemen y Afganistán, nuestro logotipo está muy claramente marcado en nuestras ambulancias y en el techo de nuestros hospitales, y compartimos de manera proactiva las coordenadas de nuestras estructuras médicas. Estas negociaciones y mecanismos requieren un mantenimiento y una vigilancia constantes mediante el diálogo con las partes en conflicto.

Es crucial preservar la protección de la atención médica, y que tengamos acceso a todas las partes en un conflicto para asegurar esa protección. Establecer estos acuerdos de "solución de conflictos", que luego deben ser respetados por todas las partes, es fundamental para prevenir ataques.
 

Los Estados deben tomar todas las medidas necesarias para garantizar la máxima protección a los heridos y enfermos, así como al personal médico y humanitario.

Las secuelas de los ataques
No obstante, continúan ocurriendo ataques contra el personal sanitario y médico. Después de un ataque, es fundamental establecer los hechos sobre lo que sucedió y por qué, y establecer si podemos volver a poner a los equipos en el terreno. Nos preguntamos: ¿qué pasó?, ¿cómo podemos prevenir un ataque futuro?, ¿podemos mantener un equipo en un contexto específico?

Cuando se cree que el ataque fue llevado a cabo por grupos armados locales o no estatales, a menudo hay muy pocos medios legales posibles, como los tribunales o los canales formales de investigación, para encontrar respuestas o hacer justicia. Nuestros equipos intentan interactuar con los líderes locales o estos grupos directamente. Les preguntamos por los motivos del ataque y evaluamos si podemos seguir operando en ese contexto. También enfatizamos nuestra neutralidad y nuestro papel de brindar asistencia humanitaria y atención médica a todas las personas.

Después del ataque que destruyó nuestro hospital en Kunduz, en Afganistán, pedimos a la Comisión Internacional Humanitaria de Investigación que estableciera los hechos de este ataque. Pero Estados Unidos se negó a cooperar con una investigación independiente sobre Kunduz, a pesar de nuestra insistencia.

Tras incidentes como estos, llevamos a cabo nuestra propia revisión y evaluación internas del evento, a menudo haciendo públicos nuestros propios hallazgos. Pero, a veces, independientemente de si las circunstancias fueron claras o no, decidimos que es demasiado peligroso para nuestros pacientes, nuestro personal o ambos, continuar trabajando en un contexto en el que ha habido un ataque. En varias ocasiones, esto ha llevado a la decisión extremadamente difícil y desgarradora de retirarse, cuyas consecuencias a menudo significan que las personas se quedan sin un acceso adecuado a la atención médica.

Tras el ataque a nuestra maternidad en Dasht e Barchi, en mayo de 2020, decidimos irnos, ya que el riesgo de futuras pérdidas de vidas en los ataques era demasiado grande. Esto dejó a las mujeres del oeste de Kabul y alrededores sin atención de maternidad especializada, en un país donde la mortalidad materna y neonatal es alta.