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Atrapados entre EE. UU. y México

Las inhumanas políticas migratorias de ambos países incrementan los riesgos para la salud y seguridad de miles de migrantes y refugiados. Los bloqueos y las devoluciones a lugares donde sus vidas corren peligro han agravado la crisis humanitaria en la región.

La población solicitante de asilo y migrante centroamericana se encuentra atrapada por una combinación de barreras que suponen un riesgo para su salud física y mental. Así lo demostramos en nuestro nuevo informe ‘Sin Salida’.


Basado en 480 entrevistas y testimonios de migrantes y solicitantes de asilo centroamericanos, el informe se refuerza además por los datos y la experiencia de nuestros equipos en la región, que atendieron a más de 26.000 personas a lo largo de la ruta migratoria durante los primeros nueve meses de 2019. 


Los datos médicos evidencian los altos niveles de violencia, abuso y malos tratos sufridos por migrantes y refugiados en sus países de origen, a lo largo de la ruta de migración y bajo la custodia de las autoridades estadounidenses y mexicanas. 


Estos niveles de violencia del Triángulo Norte de Centroamérica (TNCA, que comprende a Honduras, Guatemala y El Salvador) son comparables a los de las zonas de guerra donde hemos estado trabajando durante décadas y son un factor determinante del fenómeno migratorio. 

"Después de años de atención a población centroamericana en tránsito por México y con base en los testimonios y datos de nuestras consultas, tenemos claro que muchos de nuestros pacientes huyen desesperadamente de la violencia en sus países", explica Sergio Martin, coordinador general de nuestros proyectos en México.


“Necesitan protección, asistencia y la oportunidad de poder solicitar asilo. En vez de esto, se enfrentan a más violencia en la ruta migratoria y se les prohíbe la estancia en los países donde podrían estar a salvo. Quedan atrapados y sin ninguna posibilidad de acceder a mecanismos de protección”.


La mitad de los entrevistados (45,8%) cita al menos un hecho violento como motivación para salir de sus países. Esta cifra se eleva al 61,9% si consideramos a la población que afirma haber estado expuesto a algún evento violento durante los dos años anteriores a su migración. 

Más del 75% de las personas que viajan con niños manifiesta que salieron de sus casas debido a la violencia, incluidos los intentos de reclutamiento forzado por parte de pandillas. Esta violencia se reproduce en su viaje por México: el 57,3% de las personas entrevistadas estuvo expuesta a algún tipo de violencia a lo largo de la ruta, incluidos casos de asaltos, extorsiones, agresiones sexuales y torturas.


Las políticas migratorias basadas en la criminalización, contención y disuasión aplicadas por los Estados Unidos (EE UU) y México incrementan los riesgos a los que se enfrentan migrantes y solicitantes de asilo.

Así, el denominado Protocolo de Protección de los Migrantes (conocido como ‘Quédate en México’) fuerza a aquellos que solicitan asilo en EE UU a permanecer en México, expuestos de forma recurrente a intentos de secuestro y otras situaciones violentas que ponen en riesgo su vida. Solo en octubre de 2019, el 75 % de nuestros pacientes (33/44) obligados a permanecer en la ciudad fronteriza de Nuevo Laredo refirieron haber sido secuestrados durante varios días con fines extorsivos.

 

 

A merced de criminales
"Los solicitantes de asilo centroamericanos son perseguidos en México con fines extorsivos y sus vidas están en peligro", explica Martín. “Sin medidas efectivas de protección, quedan a merced de las redes de tráfico de personas y de las organizaciones criminales que se aprovechan de los más vulnerables. Todo esto tiene graves consecuencias para su salud física y mental".


La criminalización de la migración incrementa el riesgo para la salud y la seguridad de las personas. MSF brindamos atención médica y de salud mental en México a personas que han sido detenidas y deportadas por los Estados Unidos y que relatan terribles condiciones de reclusión en los EE UU, en celdas frías (descritas en español como hieleras o congeladores), con las luces encendidas las 24 horas del día, con acceso limitado a atención médica, sin comida, ropa ni mantas adecuadas.


En México, nuestros equipos también realizaron visitas a diferentes Estaciones Migratorias donde el hacinamiento, la atención médica insuficiente y la falta de recursos adecuados son denominador común. Los equipos trataron a personas con enfermedades infecciosas y diarrea, así como a víctimas de violencia y, en especial, con necesidades acuciantes de atención psicológica


Las recientes medidas adoptadas por el Gobierno de Estados Unidos y los acuerdos bilaterales entre los diferentes Gobiernos de la región suponen el desmantelamiento de facto de las políticas de protección. Dejan a los refugiados y solicitantes de asilo sin países a los que acudir en busca de protección y sin opciones para escapar de la violencia.

 

La inseguridad, la violencia generalizada y la falta de adecuados mecanismos de protección tienen un claro impacto en la salud física y mental de los pacientes que atendemos. Además de las patologías propias de una población en tránsito en condiciones precarias (infecciones respiratorias, afectaciones cutáneas o problemas osteomusculares agudos, entre otros), nuestros equipos tratan contusiones, abusos sexuales, violaciones y diversas heridas producidas durante los asaltos y los secuestros. La violencia es una de las causas principales por la que los pacientes recurren a los servicios de salud mental con cuadros de ansiedad, depresión o estrés post-traumático.

"El bloqueo a la obtención de asilo y la devolución de la población a lugares donde su vida está en riesgo han agravado la crisis humanitaria en la región", denuncia Marc Bosch, coordinador de nuestros programas en América Latina. “Estados Unidos y México tienen que incorporar la dimensión personal a la hora de diseñar las políticas migratorias, garantizando que las víctimas de la violencia tengan acceso a asistencia humanitaria, servicios de salud y protección. Todas las personas, independientemente de su estatus legal, merecen ser tratadas con dignidad”.

#conlosrefugiados

 

Consulta aquí el informe MSF "Sin Salida".

Forzados a huir, forzados a sufrir física y mentalmente

Los testimonios de nuestros pacientes atendidos en México y en El Salvador reflejan cómo, tras huir de sus países de origen, se encuentran con más violencia extrema, hasta quedar atrapados a las puertas de EE UU. 

1. El origen: violencia sistemática
“Estoy viajando para ayudar a mi abuela a vivir mejor. Yo soy de ‘Tegus’* y ahí hay pocas oportunidades si no es con las pandillas, y yo no quiero entrar a ese mundo. Yo quiero hacer las cosas bien, trabajar bien para ayudar a mi abuela y a mi hermano, que tiene un hijo. Una vez que entras a las pandillas, ya no puedes salir. Las pandillas mataron a mi papá cuando tenía 7 años, a un tío cuando tenía 6 y a un primo cuando yo tenía 5. Casi no conoce uno a su familia por lo mismo”.
Carlos, paciente hondureño atendido por MSF en Coatzacoalcos (México). * Tegucigalpa.

“Nos amenazaron diciendo que si no dejábamos el hogar nos matarían a todos”
“A eso de las seis de la tarde, seis encapuchados [miembros de pandillas con pasamontañas] rodearon y apuntaron con sus armas hacia la casa. Tenían amenazado a mi esposo sin razón. Ellos entraron a la fuerza y mi esposo intentó huir por la puerta trasera, pero las balas lo alcanzaron. A mis niños y a mí nos amarraron de pies y manos. Nos golpearon y nos apuntaron con las pistolas hasta saber que mi esposo ya estaba muerto. A los ocho días de esa situación, nos amenazaron diciendo que, si no dejábamos pronto el hogar en el que habíamos vivido por casi 50 años, nos iba a pasar lo mismo. Nos matarían a todos”.
Clara, paciente atendida por MSF en El Salvador.

2. Secuestrados en México
“Nos hicieron subir a mi hijo y a mí a una furgoneta”
“Salí de mi país, logré cruzar México, pero cuando llegué a Nuevo Laredo, unos sujetos me agarraron a mí y a mi hijo; nos querían secuestrar. Nos hicieron subir a una camioneta. Golpeado y herido, le pedí a Dios que me ayudara. Quise escapar y me tiré sobre ellos cuando abrieron la puerta de la camioneta. Corrí, pero me alcanzaron y me golpearon. Afortunadamente, el Ejército mexicano me rescató, pero mi hijo seguía secuestrado. Me trajeron a la Casa del Migrante, donde Médicos Sin Fronteras me brindó atención médica y psicológica. Dos psicólogos me ayudaron mucho, porque mi hijo seguía en peligro. Me llevaron al área de trabajo social, donde me orientaron. Un día mi hijo apareció en la puerta del albergue. Dios me lo había devuelto”.
Juan Antonio, paciente hondureño atendido por MSF en Nuevo Laredo (Tamaulipas, México).

“Los criminales los identifican en la terminal de autobuses”
“Las dinámicas son similares: los criminales los identifican en la terminal de autobuses, los llevan a una ‘casa de seguridad’, buscan en su teléfono números de Estados Unidos y los extorsionan para que la persona de fuera pague un rescate. A algunos los golpean. Sufren amenazas de muerte y suele durar un par de días aunque no den dinero. Luego los depositan en el albergue más cercano”.
Emilio, psicólogo de MSF en Tamaulipas (México).

Violencia sexual
“Me desnudaron frente a mi esposo y mi hijo”
“En la entrada de El Ceibo nos asaltaron. Tres hombres nos abordaron, nos robaron todo. Sometieron a todos los que veníamos. Luego me separaron del grupo y me desnudaron frente a mi esposo y mi hijo. Los tres abusaron de mí. No les importó que estuviera mi hijo. Cuando llegamos al albergue y escuché la plática que dieron los Médicos Sin Fronteras sobre los abusos sexuales en la ruta, me acerqué a la doctora. Me dieron atención psicológica y médica para prevenir enfermedades. No me esperaba que fuera a pasar esto. Si lo hubiera sabido, nunca hubiera venido. Allá no teníamos para comer. No puedo dormir, ya no quiero estar en México, tengo miedo de que me vuelva a pasar lo mismo más adelante. Este camino no es fácil. Muchas cosas pasan por aquí. Hombres y mujeres peligran, muchos han muerto. Aún no tengo el valor para subirme al tren con mi hijo”.
Ana Paula, paciente hondureña atendida por MSF en Tenosique (Tabasco, México).

3. Forzados a permanecer en México

“No quiero moverme de aquí hasta saber qué pasó con mi hermana”
“Cuando bajamos del autobús, unos hombres nos jalaron a mi hermano y a mí, y a mi hermana se la llevaron para otro lado. Luego de unas horas, a él y a mí nos soltaron, pero a ella no. Seguimos sin saber de ella. Pagamos 5.000 dólares de rescate, que era todo lo que teníamos, pero no la han soltado. No sé quién puede ayudarnos. No confiamos en la policía de aquí. Nuestro plan era llegar y comenzar el proceso de solicitud de refugio en EE UU., pero ahora no quiero moverme de aquí hasta no saber qué pasó con ella”.
José, paciente hondureño atendido por MSF en Nuevo Laredo (Tamaulipas, México).