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República Centroafricana

Un año de violencia renovada en un viejo conflicto.

A finales de 2020, la violencia volvió a golpear a República Centroafricana, un país que ha atravesado décadas de conflicto intermitente. Repasamos el trabajo realizado por nuestros equipos apoyando a personas vulnerables necesitadas con atención médica esencial a menudo en situaciones muy difíciles.​

1. Personas desplazadas de sus hogares por la violencia, dentro y fuera de las fronteras de RCA

La gente llega al pueblo de Ndu, en República Democrática del Congo (RDC), después de cruzar el río Mbomou desde República Centroafricana. En medio de las tensas elecciones de diciembre de 2020, una coalición recién formada de grupos armados no estatales llamada Coalition des Patriotes pour le Changement (CPC) lanzó una ofensiva contra el gobierno de la RCA.

Bangassou fue uno de los lugares afectados por la violencia. El 3 de enero, cientos de personas buscaron refugio en el hospital que apoyamos y más de 10.000 personas huyeron hacia Ndu, en RDC. Apoyamos a las personas tanto en Bangassou como en Ndu ofreciéndoles refugio, servicios de comida y atención médica.

La localidad de Bouar fue golpeada por la violencia unos días después. La CPC atacó posiciones de las fuerzas armadas centroafricanas y la Misión de Paz de la ONU (MINUSCA) en la ciudad. Más de 8.000 personas se vieron obligadas a abandonar sus hogares. Casi la mitad se quedaron en la antigua catedral. “Es una situación miserable”, explicó Tristan Le Lonquer, nuestro coordinador en RCA. “Las condiciones de vida en los sitios que albergan a personas desplazadas son deplorables, especialmente debido a la falta de agua potable”.

2. El viaje de una paciente herida

Durante las primeras semanas tras el resurgimiento del conflicto, los combates fueron particularmente intensos. En solo un mes, nuestros equipos trataron a 258 personas heridas por la violencia en todo el país. France Beldo, de 31 años, fue alcanzada por una bala perdida en la terraza de su casa el 13 de enero en Bangui cuando la CPC se aproximó a las afueras de la capital. La llevaron al hospital SICA, un centro de trauma quirúrgico que gestionamos. La bala le penetró la mano, el pecho y el hombro, pero no dañó ningún órgano vital.

El 22 de enero, France recibió el alta, un día después de que el gobierno anunciara un estado de emergencia de 15 días. "Me preguntaba si sobreviviría o no", dijo France. “Cuando llegué aquí los médicos me dijeron: 'Vas a estar bien'. Ahora puedo ver que su trabajo hizo que me recuperara. La gente está muy preocupada. Ojalá cesen los combates para que el país esté tranquilo".

No todos los heridos tuvieron la misma suerte que France. A finales de diciembre de 2020, perdimos a un colega, un sanitario que estaba fuera de servicio y que había tomado un camión de transporte público entre Bambari y Bangui. Durante el trayecto le alcanzaron disparos. Fue trasladado a Grimari para recibir tratamiento, pero sucumbió a sus heridas poco después.

3. La violencia sexual, un problema de salud pública agravado por el conflicto

“Después del asalto, pensé que me quitaría la vida”, dice Charlotte (no es su nombre real), una superviviente de violencia sexual de 18 años de Bangui. Después de que su madre muriera y su padre la rechazara, Charlotte marchó a vivir con unos tíos. Un día, cuando la casa estaba vacía, su tío la violó. Su tía se negó a creerle y Charlotte se sintió completamente sola y desesperada. Charlotte denunció la violación a la policía, pero no se tomó ninguna medida. Después buscó apoyo en nuestro centro Tongolo, donde 9.000 supervivientes de violencia sexual han recibido atención médica, psicológica y psicosocial desde 2017.

La violencia sexual se ha convertido en un problema de salud pública en República Centroafricana, exacerbado durante los periodos de conflicto. Según nuestro personal en Tongolo, las víctimas a menudo conocen a los perpetradores, ya sean amigos, vecinos o familiares. Con la reanudación del conflicto a principios de 2021, las y los supervivientes en áreas afectadas por la violencia identificaron a hombres armados como los perpetradores más comunes de violencia sexual.

4. Necesidades de emergencia en todo el país

"He estado enferma desde que huimos al bosque", dijo en abril Thérèse, una mujer desplazada de su hogar y refugiada en Grimari. "Tengo frío todo el tiempo y tengo dolor en todo el cuerpo. Vomito constantemente y tengo diarrea”. Durante semanas, no pudo ver a un médico, buscó soluciones a través de medicinas y plantas tradicionales.

Dado que el conflicto tuvo un gran impacto en el acceso de las personas a la atención médica, desplegamos equipos de emergencia en todo el país para ayudar a poblaciones afectadas por la violencia. Los equipos llevaron a cabo clínicas móviles en instalaciones de salud, escuelas y campamentos para personas desplazadas. En Grimari, Bossembélé e Ippy realizaron más de 5.000 consultas médicas entre diciembre y abril, con un foco en atención de emergencia, niños menores de cinco años y mujeres embarazadas. La mayoría de los pacientes fueron tratados por malaria, una de las principales causas de muerte de RCA.

5. Volatilidad en zonas rurales

Después del impulso inicial de la oposición armada, el gobierno y las fuerzas aliadas recuperaron gradualmente el control de las principales ciudades y pueblos de la República Centroafricana, lo que obligó a los grupos armados no estatales a retirarse. La situación se volvió muy volátil en muchas áreas rurales de todo el país, con frecuentes enfrentamientos y ataques a las poblaciones locales.

A finales de mayo, Tanguina Chela huyó de su aldea de Gmganga, cerca de la ciudad de Kabo, junto con su esposo y sus tres hijos. La mayoría de los 200 habitantes de Gmganga se fueron por temor a posibles represalias contra las comunidades locales acusadas de colaborar con las fuerzas gubernamentales.

“Dejé todo lo que tenía allí”, dijo Tanguina en junio en Kabo. Esta fue la tercera vez que se veía obligada a dejar su hogar. “A lo largo de mi vida he sufrido mucho. Desde que tenía siete años, siempre se ha repetido la misma historia. He estado en movimiento durante mucho tiempo debido a la guerra. He perdido mis pertenencias, mis tierras de cultivo, todo... tengo hijos, pero ni siquiera sé cómo voy a alimentarlos".

Tanguina es solo una de los 1,4 millones de centroafricanos actualmente desplazados de sus hogares, lo que representa casi un tercio de la población del país.

6. Ataques repetidos contra la atención médica

El conflicto afectó gravemente la prestación de atención médica. En la primera mitad de 2021, nuestros equipos se encontraron con decenas de centros de salud que habían sido saqueados, dañados y ocupados por hombres armados. Las incursiones armadas en los hospitales trajeron como consecuencia que algunos pacientes fueran sometidos a violencia, abuso físico, interrogatorios y arrestos. Los trabajadores comunitarios de la salud en las zonas rurales fueron amenazados y agredidos y los motociclistas que entregaban medicamentos y transportaban a los pacientes enfermos a los hospitales fueron atacados y robados a punta de pistola. Algunos de ellos resultaron heridos e incluso murieron.

Como resultado de estos incidentes, en varias ocasiones tuvimos que suspender temporalmente algunas actividades médicas, incluida la prestación de cuidados que salvan vidas, la supervisión del personal de centros de salud, el suministro de medicamentos y el transporte de pacientes. “Vernos obligados a suspender algunas de nuestras actividades solo exacerba la vulnerabilidad de las personas y tiene como resultado la muerte evitable de niños pequeños y mujeres con complicaciones en el embarazo y el parto, entre otras”, dijo en julio la directora adjunta de nuestros programas, Gisa Kohler.

7. Campos para personas desplazadas que no se salvan de la violencia

Un lugar afectado repetidamente por la violencia fue Bambari. Tras los enfrentamientos a principios de junio, unas 8.500 personas fueron expulsadas del campo para personas desplazadas de Elevage, en las afueras de la ciudad. El campo fue incendiado por completo y también fue destruido un punto de malaria que administramos en ese lugar. La mayoría de los residentes buscaron refugio inicialmente en el recinto de una mezquita en la ciudad de Bambari, donde vivieron durante meses en condiciones difíciles.

La destrucción del campamento de Elevage resultó ser demasiado para la anciana madre de Youmousa, que había vivido años de conflicto y desplazamiento. "No pudo hacer frente a un cambio más", explicó Youmousa en agosto. “Después de que nos echaran de Elevage, ella se negó a comer, no dormía y apenas hablaba. Murió y la enterramos en el cementerio de Bambari, muy lejos de su ciudad natal”.

8. Regresar a un centro de salud en ruinas

Cuando nuestro equipo entró en el pueblo de Nzacko en julio, encontró una sucesión de edificios en ruinas cubiertos de vegetación, coches quemados y mercados y tiendas abandonados. Desde enero, la mayoría de los habitantes habían huido del pueblo, viviendo en condiciones muy precarias, sin poder acceder a la asistencia humanitaria debido a la inseguridad. Cuando terminaron los combates, la población regresó gradualmente.

“Cuando llegamos, encontramos el centro de salud en ruinas”, dijo nuestro enfermero Pelé Kotho-Gawe. “Mientras tanto, la malaria y la desnutrición habían hecho mella entre los aldeanos que se habían refugiado en el bosque”.

Octavia Braza, de 33 años, estaba a punto de dar a luz a su séptimo hijo. No había comido en todo el día porque no le quedaba comida para alimentar a sus otros hijos. En los últimos meses se había registrado un marcado aumento de la mortalidad materna en la zona, pero afortunadamente para Octavia, la llegada de nuestro equipo con suministros la ayudó a evitar complicaciones y dar a luz de manera segura. Después de cinco horas de trabajo de parto, nació el bebé.