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Abandonados en el mar

Permanecer varados en medio del Mediterráneo es un riesgo médico, pero también un incumplimiento del derecho internacional humanitario y una cuestión de dignidad y de respeto por la vida. Tras un rescate, las personas deben ser llevadas y desembarcadas cuanto antes en el puerto seguro más cercano.

“Tras un rescate, las personas a menudo se desploman. Cuando desaparece la ansiedad que los ha mantenido alerta durante días, semanas o meses, sus piernas sencillamente ceden”.

Son palabras de Stefanie Hofstetter, responsable de nuestro equipo médico a bordo del Ocean Viking, el barco de búsqueda y rescate que operamos con SOS Meditérranée y con el que hemos vuelto al Mediterráneo central con el fin de salvar vidas.

En los primeros cinco días, hemos realizado cuatro rescates y acogido a bordo del Ocean Viking a nada menos que 356 personas. Una abrumadora proporción son menores: 103 viajan con nosotros y solo 11 están acompañados. 

Forzadas a huir a causa de la violencia extrema de sus países de origen -ya sea Nigeria, Sudán, Etiopía, Libia o Siria, entre otros países-, las personas que rescatamos están en situación de absoluta vulnerabilidad y cada día de espera en el mar empeora sus condiciones físicas y mentales.

Llegan a nuestro buque agotados física y mentalmente.

Muchos de los rescatados padecen deshidratación a causa de la dura travesía marítima, pero, sobre todo, sufren lesiones y heridas causadas durante meses de reclusión arbitraria y tortura en los centros de detención de Libia. También de profundos traumas debido a dolorosas experiencias vividas en todo el camino de huida.  

En nuestros rescates a bordo del Ocean Viking, nuestros compañeros han sido testigo del enorme sufrimiento que los rescatados han sufrido en Libia. "Al mirarles a los ojos queda claro por todo lo que han pasado estas personas. Me decían que estaban listos para morir en el mar, en lugar de pasar otro día más sufriendo en Libia",  relata Yuka Crickmar, nuestra responsable de Asuntos Humanitarios a bordo del Ocean Viking.

"Cada persona con la que he hablado hasta ahora ha sido encarcelada de manera arbitraria, ha sufrido extorsión, ha sido forzada a trabajar en condiciones de esclavitud o de tortura. También he visto cicatrices provocadas por fuertes golpes", añade.

Tal y como relata nuestro médico a bordo, Luca Pigozzi, las personas rescatadas “han descrito cómo les torturaron con descargas eléctricas, les pegaron con pistolas y palos, les quemaron con plástico fundido. Cómo aún sienten el dolor de las heridas y cicatrices inflingidas en Libia”.

14 de agosto. "Quiero ir a Europa; donde se respeten los derechos humanos, donde me traten como a un ser humano"

Los testimonios de las personas que hemos rescatado en el Mediterráneo central con el Ocean Viking reflejan la extrema violencia tanto en los centros de detención de Libia como durante su inhumano periplo desde Sudán. Tortura, abusos, disparos, ataques aéreos… su sufrimiento es indescriptible.

"Según lo que vimos desde el primer bote, lo que nos contaron las personas rescatadas y lo que comprobamos en nuestra clínica, los rescatados habían estado expuestos al calor y llevaban unos dos días sin agua potable. Este primer grupo estaba claramente deshidratado, pero la mayoría pudo recuperarse en 24 horas. En el segundo rescate, constatamos claramente que habían estado expuestos al calor y que no tenían agua potable desde hacía más tiempo, unos tres días (lo que llevaban en el mar). Se sentían mucho más débiles, tenían dificultades para caminar, no podían mantener el equilibrio. Algunos casi se desmayaron: hicimos que se recostaran y, después, elegimos unas pocas personas más fuertes del primer grupo para que los apoyaran, a su lado, y se aseguraran de que bebieran y se rehidrataran. Los primeros empezaron a recuperarse después de seis horas. Ahora ya han pasado casi 24 horas, parecen estar mucho mejor, están más fuertes, aunque algunos aún se ven bastante cansados​​".
Stefanie Hofstetter, responsable de nuestro equipo médico a bordo del Ocean Viking. (11 de agosto de 2019, Mediterráneo central)

Muertes totalmente evitables

En lo que va de año, al menos 576 hombres, mujeres y niños han muerto al intentar alcanzar Europa en la que ya es la ruta migratoria más mortal del mundo. 576 muertes y un sufrimiento inhumano que podían haberse evitado.

El Derecho Internacional Humanitario (DIH) establece que todos los barcos tienen el deber de ayudar a cualquier barco cercano en peligro. Sin embargo, muchos barcos privados y comerciales en las aguas internacionales del Mediterráneo central no pueden proporcionar la respuesta rápida y vital que tanto necesitan miles de personas que emprenden esta travesía mortal en busca de una vida mejor en Europa.

Es aquí donde Médicos Sin Fronteras marcamos la diferencia. En situaciones donde existe una clara necesidad humanitaria, actuamos.

Esta es nuestra misión. Nuestra razón de ser. 

"Los políticos quieren hacernos creer que las muertes de cientos de personas en el mar y el sufrimiento de los miles de refugiados y migrantes atrapados en Libia son un precio aceptable a pagar para controlar la migración. La dura realidad es que mientras anuncian el fin de la llamada crisis migratoria en Europa, ignoran la crisis humanitaria que estas políticas perpetúan en Libia y en el mar. Todas estas muertes y todo este sufrimiento se pueden prevenir. Mientras continúen, nos negamos a permanecer de brazos cruzados", sentencia Sam Turner, coordinador general en Libia y en nuestra misión de búsqueda y rescate en el Mediterráneo. 

Salvar vidas no es un crimen

Es una cuestión de humanidad. En medio de políticas de migración inhumanas, y de un discurso xenófobo generalizado por toda Europa, la presencia de barcos de búsqueda y rescate en el Mediterráneo se percibe como un ‘factor de atracción’.

Algunos incluso sugieren que organizaciones como Médicos Sin Fronteras actuamos como un "servicio de taxi en el mar", o incluso que somos traficantes de personas.

Seamos claros: no es así. En absoluto. 

Las pruebas son concluyentes: las personas, en su desesperación, seguirán huyendo de Libia, estén presentes o no los barcos de búsqueda y rescate. Nada, ni un muro, ni un océano, los detendrá, porque tratan de sobrevivir.

Y es que, a pesar de que el número de buques humanitarios en el mar es menor que nunca, cada vez son más las personas que huyen de Libia. En concreto, más de 9.500 personas salieron al mar en embarcaciones precarias en los primeros seis meses de 2019. Alrededor del 70% solo en mayo y junio.

Así es nuestro nuevo barco

El Ocean Viking fue construido originalmente en 1986 como un barco noruego de respuesta a emergencias. Rápido y fácil de maniobrar, cuenta con cuatro botes de rescate de alta velocidad y una clínica médica a bordo con salas de triaje y recuperación.

Desde que comenzamos a operar en los mares Mediterráneo y Egeo en la primavera de 2015, hemos rescatado a más de 60.000 personas y asistido a otras 20.000 en transferencias hacia y desde otros buques civiles y gubernamentales.

El Aquarius, el último de nuestros cinco anteriores buques rescató a casi 30.000 personas entre 2016 y 2018.

Estamos #conlosrefugiados