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Superbebés - Nacer luchando: dentro de nuestra maternidad en Gambela

Nacer Luchando

Dentro de nuestra maternidad en Gambela

En el oeste de Etiopía, acompañamos a recién nacidos prematuros o afectados por infecciones y otras condiciones críticas en batallas por sobrevivir que pueden decidirse en segundos. Son superbebés; pequeños grandes luchadores que vienen al mundo en uno de los países con mayor mortalidad neonatal del planeta. Te invitamos a entrar en nuestra maternidad en Gambela y a conocer a Chout y Markuot.

“Habían pasado dos horas después de dar a luz y mi bebé no respiraba, así que una ambulancia nos trajo al hospital desde el campo de refugiados. Pensaba que mi hijo estaba muerto y sentía impotencia por no poder hacer nada”, explica Ninyal Yang, una joven madre de 18 años.

Ninyal abandonó Sudán del Sur antes de que la guerra consumiera su aldea, en el fragor de un conflicto brutal que desde 2013 ha diezmado al país más joven del mundo y llevado a un tercio de los sursudaneses a abandonar sus hogares.

Buscó refugio con su familia en la llana y poco desarrollada región etíope de Gambela, un lugar no muy diferente a su tierra natal, con lluvias torrenciales estacionales y un constante calor húmedo que destroza termómetros. Marchó siendo niña, pero en estos años de exilio se ha convertido en mujer a pasos agigantados.

 

Refugiados y mezcla étnica

 

Unos 360.000 compatriotas suyos viven hoy desperdigados por varios campos de acogida que orbitan en torno a la principal ciudad de la zona, la homónima capital de la región: un popurrí étnico donde a menudo saltan chispas intercomunales y en el que se encuentra el Hospital Regional de Gambela.

 

Allí se derivan todos los casos complicados como el de su bebé Chout, que ingresó en urgencias y fue transferido directamente a la unidad de cuidados intensivos neonatales (UCIN). “Le pusieron en oxígeno nada más llegar”, recuerda Ninyal. Chout es su primer hijo: nació sietemesino con 1,5 kilos de peso y sufriendo infección y anemia severas. 

Fue tratado con antibióticos y habituado poco a poco a fluidos y alimentos por vía intravenosa. “Le hicimos dos transfusiones para aumentar la hemoglobina en sangre. Conseguimos cortar la infección y, poco a poco, el bebé empezó a coger peso”, explica Biyadiglign Tinanun, un alegre supervisor de enfermería, más conocido como ‘Biya’ entre sus compañeros.

Después de tres semanas de lucha por  sobrevivir, Chout descansa ahora plácido en una sala del hospital donde algunas mujeres practican el método madre canguro. La madre quería regresar ya a casa, pero Biya confía en darles el alta en una semana, cuando el bebé supere los 1,8 kilos de peso.

El contacto marsupial ayuda al neonato a mantener una buena temperatura y seguir la progresión –“doy amor y calor a mi hijo y noto que está mejorando”, dice Ninyal-, aunque el bochorno de la zona disuade a veces a las madres en su constancia.

 

Casos complicados de toda la región

 

Los sursudaneses integran el núcleo de los pacientes más críticos en el que es el centro médico de referencia para unas 800.000 personas en la región. En los últimos tres años, hemos apoyado la sala de urgencias, el quirófano, la maternidad e introducido el servicio de neonatología, antes inexistente.

 

Admitimos en la UCIN a recién nacidos con enfermedades críticas que provienen de centros de salud cercanos, que llegaron al mundo en sus propios hogares o en la maternidad del hospital, una sala con mucho trajín donde tienen lugar entre ocho y nueve partos diarios.

“Hay embarazadas que vienen a parir sin haber realizado controles prenatales y otras que vienen tras haber tenido uno o dos. Son muy pocas las que han recibido los cuatro controles recomendados por la Organización Mundial de la Salud”, lamenta la ginecóloga María Marino.

Algunas mujeres llegan cuando su útero ya se ha roto y no hay latido fetal: el bebé está muerto.

Alta mortalidad neonatal

Pese a los avances de las últimas décadas, Etiopía sigue ostentando uno de los índices de mortalidad maternal y neonatal más elevados del planeta. De cada 1.000 partos, el país más poblado del Cuerno de África arroja un saldo de cuatro madres y 28 neonatos fallecidos*.

 

La muerte de recién nacidos supone casi la mitad** de los decesos de niños hasta 5 años en Etiopía y es 16 veces mayor que en España, donde mueren 1,7 neonatos de cada 1.000***. Hay que remontarse a principios de la década de 1960 para encontrar cifras similares en España.

 

Cada mes, ingresamos a entre 60 y 70 neonatos en cuidados intensivos en Gambela (más de 1.300 lo han hecho desde 2017). Antes de ello, el primer desafío tiene lugar en la maternidad, durante el parto, con el conocido como ‘minuto de oro’, un momento crucial en el debemos reanimar al bebé si es incapaz de iniciar y mantener la respiración de forma espontánea.

 

Cinco signos de alerta

“Se trata de una evaluación rápida que mide cinco parámetros”, explica la responsable de maternidad, Judith Agwer: apariencia, pulso, respiración, respuesta y actividad. Si el bebé tiene parte del cuerpo o las extremidades de color azul y no rosado, una frecuencia cardiaca inferior a 100, si no llora ni patalea o si su respiración es más lenta de lo normal, es síntoma de que algo está mal y debe ser reanimado.

 

En ese caso, “revisamos la vía aérea, la respiración, verificamos la función cardíaca y damos medicación cuando es necesario”, detalla Agwer. “Si el bebé continúa sin responder, lo transferimos a la UCIN con oxígeno intranasal”.

 

Markuot acaba de superar este proceso. Es el primer hijo de Nyakout, oriunda de una aldea agrícola situada a tres horas en coche. La madre sufría hipertensión y fue trasladada a Gambela. El parto tuvo que ser inducido y el bebé nació con asfixia. Tras ser resucitado, Markuot fue ingresado en cuidados intensivos, pero ha progresado bien y madre e hijo vuelven a estar juntos apenas 24 horas después.

“He dado a luz a un niño. Es obra de Dios que esto haya sucedido”, cuenta la joven de 18 años, aliviada y con algo de timidez. Le acompaña sonriente un hermano mayor, que viste elegante e impoluto y se muestra feliz con la llegada de un nuevo miembro a la familia.

 

Identificar el problema y actuar rápido

La UCIN de Gambela tiene 26 camas, 11 de ellas para pacientes con un alto riesgo de muerte. Muchos de ellos son bebés prematuros.

 

Según el doctor Michael Gebreslassie, complicaciones como hipertensión o sangrados vaginales por falta de cuidado prenatal, infecciones de transmisión sexual no tratadas, desnutrición, esforzados modos de vida a lo largo del embarazo o haber sufrido traumas severos son algunos de los factores que llevan a las madres a dar a luz antes de lo previsto.

 

Gebreslassie hace la ronda por la sala principal de la unidad. Al entrar, hay que desinfectarse bien las manos y el personal limpia el suelo con regularidad. Allí, una pizarra muestra los parámetros vitales, cada camita está acompañada de un termómetro y se amontonan un sinfín de aparatos como calentadores radiantes y máquinas de oxígeno.

Los bebés están en plena batalla, agarrándose a la vida en sus diminutos cuerpos. Muchos tienen pesos que oscilan entre los 1.000 y 1.700 gramos. A veces llegan al hospital con pesos inferiores a un kilogramo pero, en este caso, hay muy pocas opciones de que sobrevivan.

 

“Sufren dificultades respiratorias severas e infecciones de carácter grave como sepsis. No pueden alimentarse por su cuenta ni ser amamantados y su oxígeno es a menudo consumido por las bacterias presentes en su organismo”, explica Gebreslassie.

 

Muchos -continúa el doctor- no están preparados para hacer frente al entorno natural al que llegan antes de tiempo, así que su cuerpo no es capaz de regular correctamente la temperatura y pueden sufrir hipotermia. Otros padecen hipoglucemia severa.

 

“En cualquier situación, debemos identificar el problema y actuar lo más rápido posible o, de lo contrario, el neonato no sobrevivirá”, afirma el doctor Gebreslassie. “Puede ser cuestión de minutos o de unos solos segundos”.

 

Nuestro apoyo ha contribuido a reducir drásticamente la mortalidad neonatal en la zona. Cada vez que uno de estos bebés sale adelante es una gran alegría. Pero no hay tiempo para el relajo. El cuidado no acaba en el hospital. Continúa con una colaboración cercana con la comunidad para poder advertir las situaciones de riesgo y reaccionar rápido.

 

Siempre en alerta para ayudar a los superbebés de Gambela.