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(Sobre)vivir en medio de grupos armados

La vida en Pulka, en el noreste de Nigeria, no es tal: 10 años de conflicto, miles de personas asesinadas y dos millones de personas forzadas a huir de sus hogares. Aún hoy, 7,7 millones dependen completamente de la ayuda humanitaria. Aquí, una vez más, las mujeres son especialmente vulnerables.

En el estado de Borno, Nigeria, muy cerca de la frontera con Camerún, se encuentra Pulka, una ciudad marcada por el prolongado conflicto que ha devastado el noreste del país durante los últimos 10 años. Miles de personas han sido asesinadas; casi dos millones se han visto forzadas a abandonar sus hogares en los estados del noreste de Borno, Adamawa y Yobe; y 7,7 millones necesitan asistencia humanitaria[1]. El conflicto entre los grupos armados no estatales y el Ejército ha tenido graves consecuencias humanitarias para la población, atrapada justo en medio.

[1] Datos de OCHA

Pulka alberga actualmente a más de 40.000 desplazados; algunos viven en campos, y otros, con la comunidad local. Sin ninguna presencia de autoridades civiles, la ciudad está completamente controlada por militares.

La población solo puede desplazarse una corta distancia, más allá del perímetro de la ciudad para cultivar, pero muchas personas tampoco se sienten seguras en este espacio. Además, los movimientos de población desde Camerún –no planificados y no siempre voluntarios– han provocado una grave escasez de agua y refugio en Pulka, y algunas necesidades básicas siguen sin estar cubiertas. Las habitantes de Pulka, tanto desplazados como locales, luchan por sobrevivir.

“Han perdido los medios de subsistencia que tenían, por lo que dependen completamente de la ayuda alimentaria para sobrevivir. Incluso también la población local tiene dificultades porque tiene que ir a sus cultivos, pero no siempre es fácil, porque pueden ser atacados. A veces piden que el Ejército los acompañe para ir a los cultivos”, explica Tharcisse Synga Ngundu, nuestro responsable de actividades médicas en Pulka.

La situación es especialmente difícil para los recién llegados a Pulka; nuevos desplazados siguen llegando a la ciudad y no siempre por elección. Muchas de ellos provienen de áreas controladas por los grupos armados no estatales. Se estima que alrededor de 800.000 personas viven en estas áreas en todo el estado de Borno donde no hay presencia de organizaciones humanitarias. Los militares suelen sospechar de estas personas y acusarlas de colaboradores. La falta de refugio y agua afecta especialmente a los recién llegados.

Una carga que recae sobre las mujeres

El conflicto ha sido especialmente duro para las mujeres y los niños. En Pulka, muchas de ellas explican historias de extrema violencia perpetrada por todas las partes del conflicto. Todas son historias diferentes y, sin embargo, se repiten una y otra vez los mismos patrones: mujeres secuestradas y obligadas a casarse con miembros de grupos armados no estatales; testigos directos de asesinatos y violencia extrema; víctimas de violación; víctimas de abuso físico, mental, verbal y emocional por todas las partes en conflicto.

A menudo, las mujeres llegan a Pulka solo con sus hijos; los hombres han sido asesinados o no se desplazan por miedo a ser considerados partidarios de los grupos armados no estatales. Así, las mujeres se ven obligadas a mantener a su familia trabajando día y noche. Pero la seguridad en Pulka tampoco está garantizada, especialmente fuera del perímetro de la ciudad, donde a veces se ven forzadas a ir para buscar leña para cocinar. Pero incluso dentro de la ciudad, también pueden ser víctimas de violencia.

“Cuando nos atraparon, nos llevaron a la casa de su líder. Quería casarse con mi hija. Ella se negó y la golpearon”.

“Tengo 17 años y me casaron a la fuerza. Me quedé embarazada. Me sacaron al bebé y me dañaron la vejiga”.

“Los que no se despertaron murieron en sus casas cuando las quemaron. También les dispararon. Yo me desperté y busqué a mi hijo, sin saber que dormía con su padre. Y el fuego los mató”.

*Testimonios de mujeres que viven actualmente en Pulka.

Pobreza extrema en el estado vecino

Junto a Borno se encuentra el estado de Yobe, uno de los más pobres de Nigeria. Aunque es relativamente estable, se sabe que los grupos armados no estatales están activos en el norte y sur. Los servicios de salud en Yobe son muy básicos y la población tiene acceso limitado a la atención médica y los centros de salud.

Durante los últimos dos años, hemos trabajado en el hospital estatal de Yobe en Damaturu, la capital del estado. Nuestros equipos gestionan la unidad de urgencias pediátricas y el centro de nutrición terapéutica, que trata a los niños menores de 5 años con desnutrición aguda severa y complicaciones médicas. El pico de la malaria, de agosto a octubre, donde se disparó el número de casos de malaria, fue especialmente difícil en 2018.

“En 2018, durante el pico de la malaria, vimos cuatro veces más pacientes viniendo a este proyecto. 450 ingresos por semana. Nosotros muchas veces tenemos a dos niños, tres niños, en una cama”, explica William Santos, nuestro coordinador de enfermería en Damaturu.

Sin embargo, la situación en el hospital ha mejorado considerablemente desde el pasado mes de octubre y traspasamos nuestras actividades en el hospital de Yobe al Ministerio de Salud, a finales de abril. Con nuestro equipo de emergencia, continuamos monitoreando la situación de salud en Yobe. Como ya sucedió a finales de 2018 durante la epidemia de cólera, a petición del Ministerio de Salud, nuestros equipos están listos para responder ante una emergencia.