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28.08.2018

Un año del éxodo rohingya a Bangladesh, en imágenes

Un año después, los refugiados rohingyas siguen soportando unas condiciones de vida inaceptables. La negación de su estatus de refugiados hace que se enfrenten a un futuro incierto y a un limbo legal.

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Hace ahora un año, el 25 de agosto de 2017, se inició un éxodo masivo y forzoso en el que más de 700.000 rohingyas (400.000 en menos de un mes) llegaron a  Bangladesh huyendo la persecución y la violencia que sufrían en Myanmar. Desde entonces, el campo de refugiados de Kutupalong-Balukhali se ha convertido en el más grande del mundo. Allí, cientos de miles de personas viven hacinados y tienen muy poco acceso a agua potable, letrinas y lugares donde asearse. Además, no disponen de oportunidades para acceder a la educación, a un trabajo o a atención médica.

Por otro lado, la negación de su estatus legal y la falta de estructuras y servicios que puedan funcionar a medio o largo plazo, continúa atrapando a los refugiados en un ciclo interminable de sufrimiento que afecta a su salud tanto física como mental.

Ante esta situación, denunciamos que se deben encontrar soluciones más duraderas para responder a lo que probablemente sea un período prolongado de desplazamiento masivo.