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22.02.2021

Un Amazonas muy frágil aguanta el pulso frente a la COVID-19

La situación pero ya es no tan crítica como hace dos semanas. A pesar de que el número de casos de COVID-19 ha empezado a disminuir, el equilibrio en el estado de Brasil sigue siendo muy frágil y la situación es todavía complicada. El reciente colapso del sistema de salud ha supuesto la pérdida de innumerables vidas humanas

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A principios de este mes de febrero, y a raíz del fuerte incremento en el número de casos y muertes por COVID-19 en Amazonas, decidimos reforzar nuestras actividades en varios puntos del Estado. Nuestros equipos regresaron a la capital, Manaos, donde ya habían trabajado durante la primera ola, y han intensificado su presencia y su trabajo en las localidades del interior donde ya estaban presentes.

El sistema de salud de Manaos colapsó por segunda vez en enero de este año, con hospitales operando a su máxima capacidad debido a la rápida escalada de la enfermedad. La capital es el único punto del Estado donde hay camas de UCI, lo que hace que muchos pacientes de áreas rurales que se encontraban en estado grave se quedaran sin la opción de recibir atención médica por falta de plazas. La aceleración de los contagios también resultó en una necesidad de oxígeno muy superior a la capacidad de producción local, lo que provocó centenares de muertes por falta de insumos.

Las estadísticas oficiales muestran que el número de muertes por COVID-19 en enero de 2021 (2.522) fue ligeramente menor que la suma de fallecimientos de todo abril y mayo de 2020 (2.850), que fue cuando se produjo el pico de la anterior oleada. En lo que va de febrero, ya se han superado de nuevo las 2.000 muertes, cifra que muestra la gravedad de la situación y que eleva el número total de muertes en Amazonas desde el inicio de la pandemia a más de 10.000.

“Hace solo unas semanas se produjo la saturación total de la capacidad de los hospitales de Manaos, que ya no tenían capacidad para ofrecer atención médica a todas las personas que la necesitaban”, explica nuestro coordinador de emergencias en Brasil, Pierre Van Heddegem. "Hoy la situación sigue siendo muy grave, pero afortunadamente ya no es tan crítica como hace dos semanas. Hay que seguir de cerca la evolución de los casos para ver si esta aparente mejoría se confirma o no”, añade Van Heddegem.

En el Hospital 28 de Agosto de Manaos, donde ya habíamos trabajado en mayo y junio del año pasado, estamos colaborando con reforzar la capacidad de atención a los pacientes más graves. Además, los equipos de salud mental de la organización están brindando apoyo psicológico a profesionales médicos y no médicos en esta unidad de salud pública, que es la más grande del estado de Amazonas.

La rutina sobre el terreno en el último mes ha sido de constante convivencia con la muerte, sobrecarga de trabajo y miedo al contagio. “Los trabajadores del servicio público de salud tienen una dedicación increíble, pero están absolutamente agotados”, informa nuestra psicóloga, Andrea Chagas. “En muchos casos no logran encontrar alivio en casa a la angustia vivida en el trabajo, pues muchas de estas personas tienen familiares enfermos o han perdido a seres queridos. La velocidad e intensidad con la que ocurre todo no deja espacio para asimilar lo que está pasando ni para procesar tantos sentimientos”, afirma.

Personal del hospital regional de Tefé ayudan a una paciente a salir de la ambulancia en el aeropuerto local. Va a ser referida a un hospital en Manaus.



En la capital, también estamos reforzando al equipo médico de la Unidad de Urgencias (UPA) José Rodrigues, que desde el comienzo de la pandemia se adaptó para enfocar la mayoría de sus servicios a tratar pacientes COVID-19. “Cuando estuvimos allí por primera vez, la UPA estaba totalmente desbordada, con falta de médicos, enfermeras y protocolos de cuidados intensivos”, informa nuestro coordinador en Manaos, Fabio Biolchini Duarte. “Hemos aportado médicos y enfermeras a los equipos y también estamos dando apoyo en salud mental a los trabajadores”.

En el interior del Estado, en lugares que solo son accesibles por avión o por barco, hemos intensificado sus operaciones para reforzar la asistencia médica, prestar también apoyo en salud mental y llevar a cabo pruebas diagnósticas. Ya habíamos estado presentes en las localidades de Tefé y São Gabriel da Cachoeira durante la primera ola de la pandemia y regresamos a ellas en noviembre, cuando comenzaron a subir de nuevo los casos.

Para los pacientes que requieren de cuidados intensivos y que viven en lugares a los que se tarda varios días en llegar en barco desde la capital, la única alternativa para poder ser tratados es la derivación por vía aérea a Manaos. A principios de febrero, debido a la saturación de los hospitales de la capital, resultaba prácticamente imposible conseguir hacer estas derivaciones, lo que provocó un devastador efecto dominó en el resto del Estado que se tradujo en la pérdida de muchas vidas. “Personas que, de haber podido recibir los cuidados adecuados, probablemente habrían sobrevivido” afirma Van Heddergem. En el momento actual, las derivaciones ya están pudiendo hacerse, pero el equilibrio sigue siendo muy frágil, por lo que el principal objetivo del personal médico sigue siendo evitar que el estado de los pacientes empeore hasta el punto de requerir ingresar en UCI.

"Se hizo un esfuerzo muy grande para traer oxígeno desde fuera del Estado y aumentar la producción local. Gracias a eso, afortunadamente la situación se estabilizó", continúa Van Heddergem.

En Tefé, donde trabajamos apoyando al equipo de la Secretaría de Salud, la capacidad del Hospital Regional se amplió gradualmente, pasando de tener 27 camas COVID a tener 67. Debido a la enorme afluencia de pacientes COVID, el resto de pacientes tuvieron que ser trasladados a otras instalaciones improvisadas en otros edificios públicos. Si bien la afluencia y el número de nuevos casos ha empezado a disminuir en los últimos días, el despliegue para atender a los pacientes con COVID se seguirá manteniendo hasta que se confirme la tendencia a la baja de los casos.

En São Gabriel da Cachoeira, también en el interior de Amazonas, atendemos a pacientes moderados en una UBS (Unidad Básica de Salud) adaptada para recibir casos de COVID-19 y ha hecho donaciones de cartuchos para que los exámenes de PCR puedan llevarse a cabo en el propio laboratorio del municipio. Nuestros equipos también están haciendo pruebas rápidas de antígenos en estas UBS; tanto en São Gabriel da Cachoeira como en Tefé.

"Hacemos un seguimiento de los casos positivos para recomendar el aislamiento, evitando la propagación de contagios. También buscamos identificar las personas con síntomas graves para que poder brindarles tratamiento lo antes posible", explica Caroline Debrabant, coordinadora de nuestro proyecto en São Gabriel da Cachoeira. “A través de esta estrategia de pruebas y de seguimiento de casos esperamos poder proporcionar cierto alivio a las estructuras de salud locales”, afirma. “Por otro lado, tenemos varios equipos de promotores de salud que visitan frecuentemente lo que aquí se conoce como ‘barracones’, los alojamientos comunitarios que utiliza la población indígena que acude a la ciudad. Allí ofrecemos orientación sobre atención médica, distancia social y hacemos distribución de kits de higiene”, concluye.