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08.01.2019

Decenas de miles de cameruneses buscan refugio en el sur de Nigeria

Desde hace un año, un éxodo poco conocido tiene lugar en África occidental, donde miles de personas huyen de la violencia diaria en las regiones de habla inglesa de Camerún para buscar refugio en el sur de Nigeria. Hemos lanzado una respuesta de urgencia para brindar ayuda a los refugiados.

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Violencia diaria en Camerún

Las disputas políticas en las regiones del suroeste y noroeste de Camerún se intensificaron a finales de 2016, después de que las fuerzas armadas secesionistas proclamaran un estado independiente y se enfrentaran al Ejército nacional.

Desde entonces, la violencia diaria ha provocado que miles de personas huyan de sus aldeas y busquen refugio y protección en la vecina Nigeria.

A pesar de las preocupaciones sobre la escalada de violencia, ha habido muy poca respuesta por parte de la comunidad internacional tanto dentro de Camerún, donde el acceso de las organizaciones humanitarias es muy limitado, como en Nigeria.

A fines de noviembre de 2018, unas 437.000 personas se encontraban desplazadas internamente en las regiones del suroeste y noroeste de Camerún.

La mayoría ha huido a la selva, donde las condiciones de vida son pobres, falta la vivienda adecuada y el acceso a alimentos, agua y servicios básicos de salud.

Una atención descentralizada

Para ayudar a satisfacer las necesidades médicas de estas poblaciones desplazadas, estamos fortaleciendo los sistemas de referencias médicas y de respuesta a emergencias en los centros de salud del distrito en Buea (Región Suroeste) y Bamenda (Región Noroeste) y desarrollando las capacidades de los trabajadores de salud comunitarios para lograr una atención descentralizada.

Así, centramos nuestras actividades en áreas rurales y periféricas donde los picos de violencia impiden que un gran número de personas accedan a los servicios de salud.

Con unos 30.000 refugiados que también se refugian en Nigeria, en junio de 2018, iniciamos actividades en el estado de Cross River. Desde julio hasta mediados de noviembre, nuestros equipos médicos llevaron a cabo 3.890 consultas.

La mayoría de las consultas son están relacionadas con la atención de enfermedades respiratorias y enfermedades de la piel como la sarna, ambas relacionadas con las difíciles condiciones de vida en las aldeas y en los campamentos donde se alojan los refugiados.

Nuestros compañeros también están tratando a pacientes con enfermedades crónicas como la hipertensión y la diabetes; pacientes con malaria, que en su mayoría es endémica en el país; y pacientes que necesitan cirugía por lesiones traumáticas y no traumáticas.

Como hermanos y hermanas

Cuando los primeros refugiados cameruneses comenzaron a cruzar a Nigeria, dependían completamente de la asistencia y el apoyo de los aldeanos locales, cuyas condiciones de vida ya eran difíciles.

Afortunadamente, debido a su proximidad geográfica y los vínculos longevos entre ellos, los refugiados recibieron una cálida bienvenida.

"Todas las comunidades aquí en el estado de Cross River son muy hospitalarias y amigables con los refugiados que vienen del sur de Camerún", dice Augustine Eka. "Durante el año pasado, hemos albergado a más de 100 refugiados en mi comunidad: hombres, mujeres y niños".

Fidelis Kigbor es uno de los refugiados que viven en la casa de Augustine. Huyó de Camerún el 1 de octubre de 2017, el día en que las fuerzas secesionistas declararon su independencia. "Vivía con toda mi familia en Mamfee, donde era agricultor", dice Fidelis. "Construí mi casa allí, pero ha sido destruida".

Fidelis y su familia cruzaron la frontera. "Cuando llegamos a la aldea de Amana, los habitantes locales nos dieron la bienvenida, incluso si no tenían mucho que ofrecer", dice. Fidelis espera regresar a Camerún cuando la situación lo permita, pero sabe que no será fácil.

"Me gustaría volver a mi país cuando las cosas mejoren, pero sé que perdí todo allí", dice. "Necesitaré ayuda para reconstruir mi vida".

Lo han perdido todo

Mientras que algunos de los refugiados viven en las aldeas fronterizas de Nigeria junto a los habitantes locales, otros se han trasladado a asentamientos de refugiados.

El asentamiento de refugiados en Adagom, administrado por la agencia de las Naciones Unidas para los refugiados, ACNUR, se construyó a mediados de agosto de 2018. A principios de diciembre, más de 6.400 personas permanecen allí.

Gmoltee Bochum, de 31 años, se sienta afuera de su tienda con su hijo de 2 años, Sema.

"En Camerún vivía en Bamenda, una de las ciudades más grandes de la región anglófona", dice Gmoltee. “Soy ingeniero informático y profesor. No sé cuándo terminará la violencia, pero sé que perdí todo. Ahora vivo con mi familia en este campamento de refugiados, pero la vida es dura. Todos vivimos juntos en una tienda muy pequeña".

El doctor Precious Mudama, uno de nuestros médicos, asegura que las necesidades de la gente en el estado de Cross River son enormes. "Antes de nuestra intervención en el estado de Cross River, había necesidades abrumadoras en el sector de la salud", relata.

“Hubo una gran presión sobre el sistema de salud del estado y la falta de personal y materiales para atender a la población local y de refugiados. Nuestra intervención fue oportuna y ahora satisfacemos esas necesidades médicas con nuestra clínica móvil".

Lydia, de 40 años, es una refugiada camerunesa que vive en el asentamiento de Adagom. Perdió a su hermano y a dos hermanas mientras huían de Camerún. Ahora vive en una tienda de campaña con su esposo enfermo y sus seis hijos.

"Me sentía enferma durante mucho tiempo con dolores abdominales graves", dice Lydia. “Cuando llegué al campamento de Adagom, escuché que MSF estaba ayudando a las personas con atención médica gratuita. Por lo tanto, decidí buscar al doctor y pedir ayuda. Me visitaron y luego me enviaron al hospital sin pedirme dinero. "Sin la ayuda de MSF, probablemente hubiera muerto, pero ahora me siento mucho mejor y estoy de regreso en el campamento con mi familia".

Además de brindar asistencia médica, nuestros equipos de agua y saneamiento han rehabilitado 27 bombas de mano, excavado cuatro pozos y construido 52 letrinas en aldeas donde viven tanto locales como refugiados.