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08.08.2018

Violaciones de derechos en la frontera franco-italiana por parte de las autoridades francesas

Una misión de observación documenta que los cuerpos policiales franceses devuelven a Italia a menores no acompañados. El restablecimiento de los controles fronterizos ha normalizado prácticas ilegales como los retornos sistemáticos de migrantes a Italia.

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Las autoridades francesas continúan violando a diario la ley y los derechos de los refugiados y migrantes en la frontera franco-italiana. Estas prácticas persisten a pesar de los reiterados llamamientos de las organizaciones, la acumulación de abrumadoras conclusiones realizadas por autoridades públicas independientes y de diversos pronunciamientos judiciales.

Entre el 24 y el 26 de junio, Médicos Sin Fronteras (MSF) formó parte, junto a otras asociaciones, en una nueva misión de observación que arrojó resultados preocupantes.

En Menton, la primera ciudad en territorio francés desde Ventimiglia (Italia), el restablecimiento de los controles fronterizos en 2015 se ha convertido en el pretexto para la normalización de numerosas prácticas ilegales, como la devolución sistémica de personas migrantes a Italia. Este retorno forzoso impide que puedan presentar solicitudes de asilo en Francia aunque tanto la legislación francesa como las normas internacionales garantizan este derecho.

Asimismo, las autoridades francesas no dudan en devolver a Italia a menores no acompañados que cruzan la frontera, haciendo caso omiso de su obligación para con los menores en peligro e ignorando la necesidades de protección de una población particularmente vulnerable.

En febrero de 2018, MSF, junto con asociaciones locales, abogados y organizaciones como Cimade, Amnistía Internacional, Médicos del Mundo y Secours Catholique, documentó estas vulneraciones y pidió el cese de estas acciones.  

Tras estas primeras investigaciones, 20 casos de devolución a Italia de menores no acompañados fueron remitidos al Tribunal Administrativo de Niza. El juez concluyó que estas prácticas eran ilegales y suspendió las disposiciones de denegación de entrada efectuadas contra 19 menores.

El pasado 2 de mayo, el Tribunal Administrativo de Niza también reiteró la obligación de respetar el principio de no devolución en la frontera franco-italiana.

Instituciones públicas independientes como el Defensor de Derechos, el Controlador General de Lugares de Privación de Libertad o la Comisión Nacional Consultiva de Derechos Humanos expresaron recomendaciones en el mismo sentido. Todas ellas denunciaron la situación de “fuera de la ley” que se vive en esta zona fronteriza.

A pesar de esto, nada ha cambiado desde entonces. La misión de observación realizada en la frontera franco-italiana por MSF y otras organizaciones ha expuesto la persistencia de prácticas ilegales por parte de las autoridades francesas.

Entre el 24 y el 26 de junio de 2018, los observadores en el terreno comprobaron que:

  • 157 personas fueron devueltas a Italia y no tuvieron la oportunidad de solicitar asilo o de que su situación individual fuera tomada en consideración.
  • Las personas sujetas a controles, al final del día continúan encerradas en condiciones indignas en la oficina fronteriza de la policía en Menton, sin información ni posibilidad de presentar recurso. Durante la misión de observación, 76 personas permanecieron detenidas allí por un período de hasta 14 horas sin proceso judicial. Este tiempo supera con creces las 4 horas consideras admisibles por el Consejo de Estado en julio de 2017.
  • Los cuerpos policiales no tuvieron en cuenta la minoría de edad de 11 jóvenes que fueron devueltos ilegalmente a Italia.
  • A esto se suman las tensiones cotidianas y el fatídico juego del gato y el ratón que las autoridades francesas juegan y que hace que las personas migrantes corran cada vez más riesgos. Todos los trenes procedentes de Ventimiglia son detenidos y revisados en la estación de Menton Garavan, donde, aunque están prohibidos, los controles por rasgos faciales y color de la piel, son la norma.

En un contexto marcado por la hipocresía y la falta de humanidad de las cuestiones relacionadas con la gestión de la migración a escala europea, MSF insta a los Gobiernos francés e italiano a buscar formas de solidaridad en la recepción de migrantes en lugar de alimentar una competición de acusaciones mutuas, y de continuar con el rechazo de refugiados y migrantes y la violación de derechos como sistema.

Los equipos de MSF están presentes en las operaciones de rescate en el Mediterráneo central y trabajan en el sur de Italia y Sicilia. MSF también gestiona un centro de rehabilitación para víctimas de tortura en Roma. En Francia, MSF cuenta con un centro de recepción y de asistencia médico y administrativa para atender a menores no acompañados. Los equipos de la organización también realizan acciones de observación y vigilancia para dar respuesta a situaciones de emergencia a través de actividades médicas y donaciones de material médico.

El sendero de la muerte
Tras la misión de observación, equipos de MSF emprendieron el llamado ‘sendero de la muerte’, un peligroso camino de montaña que toman refugiados y migrantes para sortear los obstáculos y continuar su ruta.

Menton y Briançon, en la frontera franco-italiana, son lugares peligrosos para quienes tratan de continuar su viaje migratorio. Desde 2015, 22 personas han perdido la vida, entre ellas varios menores. Estas muertes están relacionadas con el aumento de los riesgos que estas personas se ven obligadas a asumir. Al cerrar su frontera a cualquier extranjero sin permiso de residencia, el Estado francés les impide buscar el asilo y la protección a los que tendrían derecho.

Después de un viaje que a menudo ha llevado a estas personas a cruzar parte de África, Libia, el Mediterráneo e Italia, esta última barrera para acceder a Francia o a otro país europeo se convierte en un obstáculo adicional.

Cientos de refugiados esperan en la localidad italiana de Ventimiglia, a apenas 10 kilómetros de la frontera francesa, la oportunidad para continuar su odisea. No es infrecuente encontrarse con quienes ya han intentado una veintena de veces cruzar la frontera.

En Grimaldi, el último pueblo italiano antes de Francia, comienza esta senda que ya fue empleada en el pasado por opositores políticos y población judía para escapar de Italia. Esta pista empinada es seguida ahora por migrantes que intentan evitar los controles policiales.

La ruta es especialmente peligrosa y es cruzada por una autopista frecuentada por camiones pesados. Algunos refugiados y migrantes, en su desesperación, tratan de subirse a ellos con la esperanza de evadir la vigilancia de las autoridades aduaneras. Mileto, una joven eritrea de 16 años, perdió la vida en octubre de 2016. Como menor de edad, habría tenido derecho a protección si el estado francés no hubiera hecho oídos sordos.