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26.10.2020

“Este campo no es un sitio para niños; no es un lugar para nadie”

Omaima Alhabib tiene 52 años y es de Deir ez Zor, en Siria. Omaima tiene asma y su marido sufre hipertensión y problemas cardiovasculares. Viven en el campo de Vathy, en la isla griega de Samos, con sus tres hijos de 11, 14 y 18 años.

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Llevan en el centro de identificación y registro un año y ambos son pacientes de alto riesgo ante la COVID-19 debido a sus complicaciones médicas. La pareja está muy preocupada por su salud ante el brote del virus en el campamento y la falta de un plan de respuesta médica por parte de las autoridades.

“Salimos de Siria a causa de la guerra. Nos fuimos cuando nuestra casa fue bombardeada y mi hija de 19 años y su esposo murieron. La guerra destruyó nuestras vidas. No nos quedaba nada y cuando perdí a mi hija, comencé a sufrir problemas de salud mental.

El viaje de Siria a Grecia nos llevó tres meses. Fuimos encarcelados tres veces en Turquía por intentar cruzar a Grecia y, cuando finalmente conseguimos escapar de la guardia costera turca, estuvimos a la deriva en el mar durante 12 horas. La travesía fue peligrosa y no sabíamos si llegaríamos a la costa. Estuve mareada todo el tiempo y muy asustada.

Todo lo que queríamos, y todavía queremos, es encontrar atención médica y un lugar seguro. Le tenemos miedo a la COVID-19, ya que en estas condiciones de vida es imposible protegernos o aislarnos. Mis hijos también han desarrollado problemas de salud mental debido a que viven en el campamento.

Mi hijo de 11 años tiene miedo todo el tiempo y está muy estresado. Su comportamiento se ha vuelto más agresivo. Hace tres días dijo que quería tirarse al mar. A veces dice que quiere volver a Siria. Este campo no es un lugar para niños; no es un lugar para nadie.

Hemos perdido la esperanza. Trato de motivar a mis hijos, de decirles que algún día volveremos a tener una casa y podrán volver a ir al colegio, tendrán juegos y construiremos una nueva vida. Pero es imposible convencerlos de esto cuando llevamos un año atrapados en este campo.

Nos vimos forzados a dejar nuestra casa a causa de la guerra. Pensamos que en Europa podríamos reconstruir nuestras vidas, pero lo que encontramos aquí fue devastador. Solía tener muchos sueños para el futuro de mis hijos. Somos una familia con formación. Tanto mi esposo como yo éramos maestros de escuela primaria en Siria. Somos solo una familia que lo perdió todo en la guerra. Vinimos aquí para encontrar un lugar seguro y una educación para nuestros hijos, eso es todo".