Back to top
24.07.2020

En las islas griegas, los turistas vuelven a la normalidad pero los migrantes siguen confinados

Pedimos urgentemente el fin del confinamiento de los migrantes y solicitantes de asilo que se encuentran en los campos de las islas griegas. Llevan cinco meses encerrados a pesar de que no ha habido un solo caso de COVID-19: es una medida absolutamente discriminatoria.

-A A +A

Cuando la COVID-19 llegó a Grecia, más de 30.000 solicitantes de asilo y migrantes se hallaban en los centros de recepción en las islas griegas. Las condiciones de vida, al igual que ahora, eran pésimas, no disponían de acceso a la atención médica más necesaria ni a los servicios más básicos.

En marzo de este año, como ocurrió en España, se decretaron una serie de restricciones de movimiento por parte del Gobierno central en respuesta a la COVID-19. Estas medidas, lógicas durante un tiempo, supusieron que todas estas personas, entre las cuales hay un alto porcentaje de niños, se vieran desde entonces obligadas a permanecer en estos lugares superpoblados y carentes de las más esenciales medidas de higiene. Y lo que es peor: sin posibilidad de escape frente a las peligrosas amenazas que forman parte de su vida diaria. A día de hoy, llevan cinco meses encerrados en condiciones extremas, lo cual está causando un profundo deterioro de su salud y está generando serios problemas de salud mental.

"Las medidas de confinamiento relacionadas con la COVID-19 han tenido un impacto en la vida de todo el mundo y han generado niveles crecientes de estrés y ansiedad para muchos de nosotros. Sin embargo, las restricciones de movimiento impuestas en lugares como Moria y Vathy, en las islas griegas, han demostrado ser terriblemente perjudiciales para las miles de personas vulnerables que se encuentran completamente aisladas en estos campos", explica Marco Sandrone, nuestro coordinador en Moria.

A pesar de que no ha habido un solo caso de COVID-19 en ninguno de los centros de recepción de las islas griegas, y de que la vida ha vuelto a la normalidad en las islas tanto para la población local como para los turistas, el confinamiento continua siendo una realidad para los migrantes y solicitantes de asilo. Se trata de una medida absolutamente discriminatoria que se amplía de nuevo cada dos semanas. La última extensión tuvo lugar el pasado 18 de julio y estará vigente hasta el próximo 2 de agosto.

"Las tensiones en el campo han aumentado en los últimos meses y hay mucha más violencia desde que se produjo el cierre. Lo peor es que ni siquiera los niños pueden escapar ya de esta situación", afirma Mohtar, el padre de uno de los niños a los atendemos en nuestra clínica de salud mental para menores en la isla de Lesbos. “Antes, lo único que podía hacer para ayudar a mi hijo era alejarlo de Moria; salir a caminar o nadar en el mar, intentar encontrar un lugar tranquilo. Ahora ya no. Estamos atrapados".

MSF no podemos permanecer en silencio ante lo que resulta una medida evidentemente discriminatoria por parte del Gobierno griego. Estamos viendo cómo las restricciones de movimiento impuestas a los solicitantes de asilo han reducido drásticamente su ya de por sí limitado acceso a los servicios básicos y a la atención médica. 
En la fase actual de la epidemia de COVID-19 en la que se encuentra Grecia, esta medida no tiene justificación alguna desde el punto de vista de la salud pública; es más: resulta discriminatoria y afecta a personas que no representan riesgo alguno. Es una medida que contribuye a la estigmatización de los migrantes y solicitantes de asilo, al tiempo que les pone en más en riesgo.

"Las restricciones de movimiento para migrantes y refugiados en el campo han afectado drásticamente a la salud mental de mis pacientes", afirma Greg Kavarnos, psicólogo de nuestro proyecto para ofrecer apoyo psicológico a las víctimas de tortura. “Cualquiera de nosotros sabe lo irritables, tristes y estresados que muchos hemos llegado a estar durante el periodo de confinamiento en nuestros hogares, así que, resulta sencillo imaginar cómo deben estar sintiéndose todas estas personas que han sufrido experiencias terriblemente traumáticas y que ahora llevan cinco meses encerradas en campos como el de Moria, donde no logran encontrar la paz que necesitan, donde es imposible tener un espacio de privacidad, donde hay que hacer largas colas para recibir comida o para ir al baño, coger agua…”

La COVID-19 no debe usarse como un pretexto para detener a migrantes y refugiados dentro de los campos. Pedimos una vez más la evacuación de estas personas, especialmente de aquellas más vulnerables y de quienes pertenecen a grupos de alto riesgo frente a la COVID-19, y que sean llevados a alojamientos seguros que reúnan unas condiciones de vida mínimas. Las condiciones de vida en estos campos no son aceptables ni siquiera en condiciones normales, sin embargo ahora, debido a esta decisión arbitraria del Gobierno griego, se han convertido en pozos aún más peligrosos de violencia, enfermedad y miseria.

Islas griegas: los turistas vuelven a la normalidad pero los migrantes siguen confinados

Yasin dice que, cuando sea mayor, quiere "ayudar a los niños, como hace mi psicólogo".

Yasin tiene 9 años, es de Afganistán, y (mal)vive en el campo de refugiados de Moria (Grecia), en un refugio improvisado con sus padres y su hermano de 3 años.

Una vez por semana, visita nuestra clínica pediátrica donde le atiende uno de nuestros psicólogos infantiles.

Y es que Yasin sufre constantemente de pesadillas y miedo a que le pase algo malo en Moria.

En plena pandemia de COVID-19, los Gobiernos DEBEN PROTEGER Y DEFENDER a las personas más vulnerables, como Yasin. No lo están haciendo. En absoluto.