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17.09.2020

Un ‘nuevo Moria’ no es en absoluto la solución

Las autoridades están construyendo un nuevo campo de refugiados en la isla de Lesbos (Grecia) para reubicar en contra de su voluntad a decenas de miles de personas que tuvieron que huir tras los incendios del anterior campo.

Nuestros compañeros frente a un control de policía griega en la isla de Lesbos
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Poco más de una semana después de que varios incendios destruyeran por completo el campo de refugiados de Moria, en la isla de Lesbos, en Grecia, un nuevo campo está siendo construido por orden de las autoridades locales.

El objetivo, reubicar y encerrar de nuevo a muchas de las más de 13.000 personas que tuvieron que huir a causa del fuego. Ahora siguen en la calle, sin refugio ni apenas comida ni acceso a atención sanitaria. Así, una operación policial se centra ahora en trasladar a estas personas al ‘nuevo Moria’, incluso en contra de su voluntad.

Durante varias horas de esta mañana, esta operación además bloqueó e impidió a nuestros compañeros acceder a la nueva clínica que tenemos en la zona, limitando aún más a la población a una asistencia médica fundamental. Solo del 12 al 16 de septiembre, hemos brindado 508 consultas en esta clínica. Entre nuestros pacientes, hemos visto heridas, enfermedades de la piel, afecciones obstétricas, enfermedades crónicas y multitud de traumas fruto de todo lo vivido.

Recordamos que este inhumano sistema de contención en las islas griegas es lo que llevó al desastre actual. No se debe reconstruir ‘un nuevo Moria’. Los esfuerzos por parte de las autoridades griegas y los Estados de la UE deberían centrarse en proporcionar a las personas acceso a servicios básicos y, en especial y de forma urgente, en evacuar de todos los solicitantes de asilo de las islas y no en la reconstrucción de una instalación de contención.

La solución real deber ir más allá. Si bien la evacuación de dichas personas es extremadamente importante, los Estados de la UE no pueden vender hoy como solución a unos pocos cientos de personas y luego reconstruir un sistema de contención. Si esto sucede, en unos meses, volveremos a enfrentarnos a una nueva crisis humanitaria que genera las consecuencias en salud y salud mental que venimos denunciado desde hace ya cinco años.

Ahora mismo, Moria se ha convertido en un símbolo muy claro de cómo Europa trata a las poblaciones en movimiento, a cientos de miles de personas (y familias) que huyen de la violencia extrema en sus países de origen en busca de seguridad.

Pero buscar seguridad no es un crimen. Emprenden un duro viaje, una travesía marítima mortal pero, a cambio, cada una de estas personas se encuentran con otro infierno más, planeado por las actuales políticas migratorias europeas: condiciones espantosas en los campos, incontables muertes en el Mediterráneo, violencia y devoluciones en las fronteras de Europa.

 

Médicos Sin Fronteras pedimos de forma urgente a a las autoridades griegas y a la UE:

  • Que detengan sus esfuerzos para reconstruir un nuevo sistema de contención en Lesbos y que rompan de una vez por todas el ciclo de sufrimiento en las islas griegas.
  • Que evacúen ya a todas las personas en Lesbos y en las otras islas griegas y les proporcionen mecanismos de reubicación eficientes y regulares para garantizar un alojamiento seguro y digno tanto en Grecia continental como en otros países europeos.
  • Que cambien de una vez por todas y de forma profunda las actuales políticas migratorias europeas. El desastre de Moria debe aprovecharse como una oportunidad real; el sistema está podrido hasta la médula. Debe asegurar la protección, en lugar de la exclusión. Esto requiere de una mayor solidaridad y un reparto de responsabilidades entre los países europeos y el fin de los abusos sistemáticos de los derechos humanos en las fronteras.

Clínica de urgencias en Moria

Por si esto fuera poco, la pandemia de COVID-19 ha complicado aún más la situación, y las autoridades no han implementado un plan adecuado para proteger a la población de manera humana y digna. En cambio, un plan de cuarentena masiva ha llevado a una escalada de tensión que pone en riesgo la salud y la seguridad de la población. Incluso los servicios de salud en los campamentos han seguido dependiendo principalmente de voluntarios que trabajan bajo alta presión con casi cero medios y en una atmósfera de criminalización cada vez mayor.