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17.04.2020

Luchar contra la COVID-19 no es excusa para dar la espalda a la tragedia en el mar Mediterráneo

Hacemos un llamamiento urgente a los gobiernos europeos para que dejen de utilizar la pandemia de la COVID-19 para aplicar políticas de control de la migración mortales y levanten de inmediato los obstáculos que impiden a las ONGs salvar vidas en el mar.

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La organización lanza esta petición después de las escenas grotescas que tuvieron lugar en el Mediterráneo durante el fin de semana de Pascua. Aludiendo a la COVID-19 como justificación para no ayudar, Malta e Italia no respondieron a las llamadas de socorro de múltiples botes sobrecargados en la zona de búsqueda y rescate, y rechazaron proporcionar un lugar seguro para el desembarco de casi 200 personas rescatadas por dos organizaciones no gubernamentales. Mientras tanto, medios aéreos europeos observaban el deterioro de la situación durante días, pero no tomaron medidas. Se ha confirmado la muerte de al menos cinco personas y otros siete están desaparecidas, como resultados directos de estas acciones. Además, el 12 de abril se perdió el contacto con un bote que transportaba alrededor de 85 personas, y a pesar de que la Agencia Europea de la Guardia de Fronteras y Costas (Frontex) afirma que llegó a Sicilia, se teme que haya naufragado

“Como organización médico-humanitaria de emergencia que responde a la COVID-19 en Europa y otros contextos, MSF comprendemos los serios desafíos que presenta la pandemia”, explica Annemarie Loof, responsable de Operaciones de MSF. “Pero salvaguardar el bienestar de los que están en tierra y cumplir el deber de salvar vidas en el mar no son principios excluyentes”.

“La petición de Alemania a las ONG para que cesen las actividades de búsqueda y rescate, y las decisiones de Italia y Malta de cerrar sus puertos a las personas rescatadas, son discriminatorias y desproporcionadas. En el mejor de los casos, son reacciones mal informadas e instintivas; en el peor de los casos, es un uso calculado y cínico de las preocupaciones de salud pública para prohibir las operaciones que salvan vidas, cerrando la puerta a aquellos que necesitan protección desesperadamente. Nos preocupa que los estados estén instrumentalizando las medidas de control de la pandemia para justificar violaciones del derecho internacional y los principios humanitarios, dejando a los más vulnerables morir en la frontera con Europa”.

Con los mecanismos de reasentamiento, reubicación y repatriación suspendidos, actualmente no hay alternativa para los refugiados y migrantes que intentan escapar de Libia, un país que se ha visto envuelto en un conflicto durante el último año. Según la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), al menos 650.000 refugiados y migrantes están ahora varados en el país, y 150.000 libios han sido desplazados. Solo durante la semana pasada, más de 700 personas intentaron huir en endebles botes de madera y goma, su único medio de escapar del desastre humanitario en curso. Además, los desembarcos de refugiados y migrantes interceptados en el mar y devueltos a la fuerza por la guardia costera libia, se han retrasado dos veces en la última semana debido al bombardeo alrededor de los puertos en Trípoli.

Fin de la colaboración entre MSF y SOS Méditerranée 

A pesar de la innegable necesidad de iniciativas de búsqueda y rescate, los estados europeos continúan sin asumir sus responsabilidades y siguen frustrando los esfuerzos de las ONGs. El resultado es un contexto de hostilidad e incertidumbre que paraliza los esfuerzos de aquellos que intentan llenar el vacío dejado por los gobiernos. A pesar de tener un barco y equipos médicos, humanitarios y de rescate listos para regresar al mar, la actual pandemia ha agravado aún más las barreras a la acción humanitaria en el Mediterráneo, lo que hace que MSF y su socio SOS Méditerranée no puedan ponerse de acuerdo para navegar en este momento y socava la viabilidad de esta colaboración.

“Aunque MSF y SOS Méditerranée estamos de acuerdo en la necesidad vital de nuestro trabajo de salvamento en el mar, SOS Méditerranée creía necesaria una mayor garantía por parte de los estados respecto a un lugar de seguro para desembarcar antes de navegar. Para MSF, el imperativo humanitario de actuar era inmediato, con o sin tales garantías: no podíamos esperar con un barco de búsqueda y rescate totalmente equipado en el puerto, ya que las personas continúan huyendo de Libia y corren el riesgo de ahogarse. Como tal, y a pesar de reconocer que los intentos de los gobiernos de exacerbar las barreras existentes para nuestra misión fue un verdadero dilema, hemos tomado la difícil decisión de poner fin a nuestra colaboración con SOS Méditerranée”, explicó Loof.

Los estados europeos, que han reducido la capacidad de búsqueda y rescate de las ONG y han impuesto limitaciones extremas a las pocas que quedan, deben ahora asumir la responsabilidad de la crisis humanitaria en el mar que han fomentado. Esto significa acabar con la pérdida de vidas y el sufrimiento restableciendo la capacidad de búsqueda y rescate de la UE y poniendo fin a la financiación y el apoyo a la guardia costera libia para devolver por la fuerza a las personas a Libia.

MSF hemos trabajado en colaboración con SOS Méditerranée desde 2016, juntos han rescatado y ayudado a más de 30.000 personas con dos barcos de búsqueda y rescate, el Aquarius y el Ocean Viking.

MSF trabajamos en Libia, brindando asistencia médico-humanitaria a los migrantes y refugiados atrapados en el país, tanto dentro de los centros oficiales de detención como en la comunidad. La organización también responde a la pandemia de coronavirus en Europa, Oriente Próximo, África, Asia y América Latina, incluyendo muchos países con sistemas de salud débiles y personas altamente vulnerables, como migrantes y refugiados que viven en condiciones de hacinamiento en centros de detención o campos sin agua o saneamiento adecuados y acceso limitado a la atención médica.

Fin de semana de Pascua

Durante el fin de semana de Pascua, un bote llegó de forma autónoma a Porto Palo en Sicilia, mientras que otro con aproximadamente 47 personas a bordo emitió múltiples llamadas de socorro en aguas maltesas. No recibió asistencia durante más de 40 horas por parte de las Fuerzas Armadas de Malta y finalmente fue rescatada por la embarcación de Salvamento Marítimo Humanitario Aita Mari, que desvió su trayectoria cuando iba a proporcionar asistencia vital.

Otro barco, con aproximadamente 55 personas a bordo, permaneció varado en la zona de búsqueda y rescate de Malta y finalmente fue recogido por un barco comercial en aguas maltesas, con cinco muertos y otros siete desaparecidos. Los supervivientes fueron devueltos a Trípoli por un barco libio, pero no pudieron desembarcar durante varias horas debido a la continua inseguridad en el área del puerto.