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22.06.2017

Los refugiados y migrantes que huyen de la violencia en Centroamérica necesitan protección urgente

La Conferencia sobre Seguridad y Prosperidad en Centroamérica analizó los retos del crecimiento económico y las medidas de seguridad que se podrían implementar para frenar la migración desde el Triángulo del Norte de Centroamérica (TNCA).

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Como viene siendo habitual en este tipo de foros, los asistentes  se volvieron a olvidar del drama que viven diariamente los centenares de miles de Hondureños, Salvadoreños y Guatemaltecos que tienen que huir de sus países a causa de la violencia y que necesitan de forma inmediata una respuesta humanitaria en términos de asistencia y protección. Sus historias y la responsabilidad de los gobiernos de la región para abordar esta crisis humanitaria no entraron en la agenda de la conferencia en Miami.

En el informe ‘Forzados a Huir del Triángulo Norte de Centroamérica: una crisis humanitaria olvidada’, que Médicos Sin Fronteras publicó hace unas semanas, ilustramos la gravedad de este escenario a través de los datos médicos, las encuestas y los testimonios recabados por nuestros equipos a lo largo de la ruta migratoria en México.

El grado de violencia que afecta a la población que vive en los países del Triángulo Norte centroamericano es similar al que MSF puede encontrar en contextos clásicos de conflicto: los asesinatos,  las desapariciones, los secuestros, las amenazas continuadas, el reclutamiento forzado por grupos armados no estatales, la extorsión y la violencia sexual son realidades brutales que afectan diariamente a la población. La mitad de los casi 500 migrantes y refugiados procedentes del Triángulo Norte de Centroamérica entrevistados por MSF en México se habían marchado de sus hogares por razones relacionadas con la violencia.

Violencia también en México

Desafortunadamente, la violencia no termina con la huida forzosa a México. Una vez llegan a este país, los migrantes y refugiados son víctimas de organizaciones criminales, en ocasiones con la complicidad de las autoridades locales según relatan en sus propios testimonios, y quedan sometidos de nuevo a la violencia y a todo tipo de abusos —secuestro, robo, extorsión, tortura o violación— que, aparte de las lesiones y traumas inmediatos, les dejan graves secuelas.

Resulta alarmante que el 92.2% de los migrantes y refugiados atendidos por nuestros equipos de salud mental en 2015 y 2016 hubieran sufrido un evento violento en su país de origen o durante su paso por México, sin dejar de mencionar que 1 de cada 4 consultas médicas estuvieron relacionadas con lesiones físicas y traumatismo intencionado causado por agresiones directas.

El acceso al sistema de salud Mexicano y peor aún, a las indispensables medidas de protección representa un serio problema para las personas que huyen de la violencia. En México, han aumentado significativamente las detenciones y las deportaciones durante los últimos años como consecuencia de sus acuerdos fronterizos con Estados Unidos.  En 2016, 152.231 migrantes y refugiados procedentes del TNCA fueron detenidos o llevados ante las autoridades migratorias y 141.990 fueron deportados. Las devoluciones, a veces tan rápidas que se ejecutan en menos de 48 horas, no parecen dejar tiempo suficiente a la adecuada evaluación de las necesidades individuales de protección. La situación es igualmente preocupante en relación al acceso a medidas de protección una vez llegan a Estados Unidos.

Reconocer la crisis humanitaria

Abordar las causas y las raíces del problema de la inseguridad y el desarrollo económico en la región es necesario, pero sin duda llevará muchos años. Mientras tanto, es indispensable reconocer la existencia de una  crisis humanitaria que necesita una acción coordinada entre los diferentes gobiernos de la región y las organizaciones internacionales. Los países involucrados, especialmente México y Estados Unidos, deben ofrecer alternativas a la detención, aplicar los principios de no devolución, asegurar el acceso a medidas de protección e incrementar sus cuotas de reasentamiento y reunificación familiar, de forma que los migrantes y refugiados que huyen de la violencia en el triángulo norte de Centroamérica dejen de arriesgar sus vidas y la de sus familias.