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09.03.2022

Desde el realismo y la esperanza: la mujer en Mozambique, vista por nuestras compañeras Belén y Vilelina

Ambas trabajan en Mueda, donde tienen el reto de hacer que se escuche la voz de sus vecinas, cambien los roles asignados y se reduzca la desigualdad.

Belén y Vielina. Mueda, Mozambique.
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Se llaman Belén y Vilelina y forman parte de nuestro equipo en Mueda, en Mozambique. En estos días que dedicamos a las mujeres, conversan sobre el hecho de ser parte del 50% de la población más invisible, sobre roles y responsabilidades, sobre conflictos y migraciones.

Una mirada comprometida sobre las mujeres que empujan por su dignidad incluso en los entornos más hostiles.



¿Qué supone para ti ser mujer?

Vilelina: Ser mujer en este país es un desafío porque la mujer se considera un ser inferior y tiene limitado el acceso a muchas oportunidades. La mujer en Mozambique está muy limitada a las actividades domésticas, cuidado de maridos e hijos. Por otro lado, se espera de ellas una actitud de sumisión de obediencia sin cuestionar.
 

A nivel laboral, es fácil identificar la dificultad en el acceso a oportunidades laborales por ser mujer. En nuestro proyecto, por ejemplo, tener una mujer en el equipo de conductores es algo extraordinario y ha evidenciado la limitación en el acceso a algunos puestos.
 

Además, son pocas las mujeres que llegan a puestos de responsabilidad y muchas veces se cuestiona su capacidad. Ser mujer en Mozambique no es fácil, las mujeres no tienen voz en este país.

Belén y Vilelina, trabajadoras MSF en Mueda, Mozambique.



¿Y ser mujer en un conflicto, en el proceso migratorio?

Vilelina: Ser mujer este contexto de conflicto es un desafío incluso más complicado. La dependencia que se ha impuesto a las mujeres de sus maridos ha dejado en situación de gran vulnerabilidad a mujeres que han tenido que huir solas con sus hijos. Estas mujeres se encuentran ahora con la responsabilidad total del sustento de sus familias. Este nuevo rol, es un desafío para ellas, una responsabilidad nueva en una situación muy complicada.
 

La dependencia que se ha impuesto a las mujeres expone a estas mujeres a una situación de especial vulnerabilidad. La necesidad de asegurar el cuidado de sus familias y la falta de otros recursos acaba por reducir las opciones de estas mujeres.
 

Belén: como dice Vile, la responsabilidad del cuidado de hijos e hijas y personas mayores recae sobre las mujeres. Nos encontramos con mujeres que en el proceso migratorio han perdido a su marido u otras redes de apoyo y que ahora son las únicas responsables del cuidado de familias muy grandes con niños y niñas y personas mayores totalmente dependientes. Observamos en este contexto cómo la mujer está reajustando rápidamente su rol en la comunidad, creando nuevas redes de apoyo y generando otras dinámicas de cuidado y búsqueda de recursos.
 

Por otro lado, cuando hablamos de mujeres en contextos de conflicto, no podemos dejar de hablar de violencia sexual. Al alto nivel de violencia general que la población está sufriendo hay que añadir la violencia sexual que se está perpetrando, siendo las mujeres las principales víctimas de este tipo de violencia. El equipo está trabajando mucho para mejorar las actividades de identificación y gestión de casos de supervivientes de violencia sexual. Sin embargo, aún está siendo difícil entender el alcance de este tipo de violencia en la población. La falta de información y los tabúes son grandes limitantes para que las supervivientes tengan acceso a tratamiento, aumentando el nivel de vulnerabilidad a las que la mujer está expuesta.

 

Belén y Vilelina, trabajadoras MSF en Mueda, Mozambique.