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12.01.2018

Nigeria: “Antes del conflicto, ya existían deficiencias en la provisión de atención médica”

Trabajamos en el noreste de Nigeria, en los estados de Borno y Yobe desde 2014, cuando estalló el conflicto con Boko Haram. Hoy, los desplazados suman dos millones y hay cientos de miles de refugiados en Níger, Chad y Camerún. En este difícil contexto, proporcionamos atención médica primaria y secundaria, entre otros servicios.

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Tras haber trabajado en las localidades de Benisheikh (Borno) y Jakusko (Yobe) durante 2017, los indicadores médicos han mejorado y ya no suponen una emergencia médica y humanitaria, de manera que hemos cerrado estos proyectos para redirigir el trabajo de nuestros equipos a otros lugares donde las necesidades son más urgentes. Pero las deficiencias en la provisión de atención médica ya existían antes del conflicto. “Es un problema estructural”, explicar nuestro coordinador general, Luis Eguiluz.

¿Cuál es nuestra respuesta de emergencia en Benisheikh y Jakusko?

Durante este periodo, hemos sido el único actor en proveer servicios de salud primaria y secundaria en estos lugares y el balance ha sido muy positivo. Servicios como el programa nutricional de Benisheikh, por ejemplo, ha tenido más de 3.000 admisiones, además de 500 pacientes ingresados, 3.737 consultas antenatales y un programa de apoyo a la inmunización.

En Jakusko, nuestra intervención en malaria y nutrición fue fundamental para reducir la morbilidad y la mortalidad entre la población más vulnerable. Hemos diagnosticado y tratado más de 20.200 casos de malaria entre menores de 15 años. Por otro lado, la unidad de emergencia recibió más de 1.900 casos.

¿Y ahora, quién va a dar ese servicio a la población de estas ciudades?

Siempre que cerramos un proyecto, dejamos las actividades en manos de otro actor, sea una organización humanitaria o el ministerio de Salud. Así ha sido en este caso.  En concreto, los programas de Benisheikh los hemos traspasado a Acción Contra el Hambre, Médicos del Mundo, Save The Children, Plan International y al ministerio de Salud. Y el de Jakusko, a Cooperazione Internationale y también al Ministerio de Salud.

¿Qué situación os encontrasteis allí para tener que poner en marcha estos programas?

En Benisheikh, la llegada masiva de desplazados huyendo del conflicto se sumó a la falta de servicios básicos, así que la población dependía totalmente de nuestra ayuda, y no solo en cuanto a atención médica, también en agua y saneamiento, distribución de alimentos, refugio, etc. La falta de otros actores humanitarios hizo que nuestra organización se tuviera que encargar de cubrir todas las necesidades básicas.

En Jakusko, la población, que vive en condiciones de pobreza extrema, no tiene acceso a los servicios de salud porque no son gratuitos. Asimismo las pocas estructuras de salud existentes están a menudo colapsadas y no hay una provisión adecuada de atención médica en lo que se refiere a personal, medicamentos y equipos. Esto afecta sobre todo a los más vulnerables: niños y mujeres embarazadas.

MSF salió de Jakusko en enero de 2017, pero regresaron en junio de 2017, en solo seis meses los niveles de desnutrición subieron de nuevo. ¿Por qué? ¿No hubo quién retomara su trabajo? ¿No temen que ahora pase lo mismo?

El problema de Jakusko es estructural. El Ministerio de Salud no ofrece un servicio adecuado de salud a la población, lo que agudiza, entre otras cosas, la estación de malaria, de julio a diciembre. Cada año los casos aumentan de manera alarmante.

El año pasado formamos a personal del Ministerio de Salud y donamos material médico y también fármacos. Además, hay otras organizaciones que han empezado a trabajar en esta zona, por lo que esperamos que los indicadores no sean tan dramáticos.

¿Cómo es posible que la malaria y la desnutrición sean dos de las principales causas de mortalidad en este país con una economía supuestamente más fuerte que la mayoría de países de este continente?

Las zonas más vulnerables, las del norte, pertenecen a la Franja del Sahel, el área entre el desierto del Sahara y la sabana. Es una zona de agricultura difícil y lluvias escasas. Y a pesar de ser un país con recursos, esto no se refleja en la sanidad. Además, el acceso a la salud es de pago, lo que priva a la mayor parte de la población de los servicios básicos de prevención y tratamiento de enfermedades.

Estas ciudades, Benisheikh y Jakusko, son áreas a las que ya apenas alcanza el conflicto; pero sigue en crisis. ¿La guerra en Borno y Yobe es causa o consecuencia de los males de estos estados?

Es una buena pregunta. Los bajos estándares de sanidad ya existían antes del conflicto. Ahora se han agudizado por el desplazamiento masivo de población y la falta de acceso a los servicios básicos. En Jakusko, como en muchas otras zonas de Yobe, la crisis es estructural y se debe más a la falta de inversión en salud pública que al conflicto.

Decía al inicio que van a redirigir a los equipos dónde las necesidades sean más urgentes. ¿Dónde?

Nuestros programas se centran donde tenemos un mayor valor añadido, en áreas de difícil acceso a otras organizaciones humanitarias, por ejemplo lugares como Gwoza o Pulka, en el estado de Borno, y también proyectos como Damaturu que no son de especial atención de los donantes institucionales de fondos humanitarios. Además, este año vamos a crear un equipo móvil para asistir emergencias como epidemias, desplazamientos de población o brechas nutricionales en los estados de Borno, Yobe y Adamawa.

Estamos presentes en Maiduguri, capital del estado de Borno, desde agosto de 2014. Actualmente, gestionamos una decena de instalaciones médicas en varias poblaciones de Borno (Maiduguri, Ngala, Monguno, Gwoza, y Pulka) y visitamos regularmente otras cinco: Bama, Banki, Dikwa, Damasak y Rann. También operamos en Damaturu (Yobe).