Back to top
20.12.2019

Tememos por la salud de un millón de personas en el noreste de Nigeria

La gravedad de los múltiples casos que tratamos en áreas controladas por el gobierno donde podemos brindar ayuda humanitaria nos hace temer por la salud de muchísimas personas en áreas rurales y no controladas por el ejército nigeriano. Sobreviven sin ninguna asistencia médica.

-A A +A

Nuestro coordinador de programas en Nigeria y Níger, Guillaume Baret, confía en que, a pesar de la presencia de grupos armados y las restricciones impuestas por las autoridades nigerianas, se pueden encontrar soluciones para proporcionar asistencia en lugares no controlados por el Ejército.

El noreste de Nigeria atraviesa conflicto desde hace más de una década diez años. ¿Cómo afecta a los habitantes de la región?

La mayoría de la población del estado de Borno se concentra en zonas urbanas, y aún más en la capital, Maiduguri, donde ahora viven más de un millón de personas desplazadas. Los grupos armados, el Estado Islámico en la Provincia de África Occidental (ISWAP) y el JAS -dirigido por Abubacar Shekau- han fortalecido su control sobre las zonas rurales de Borno y las regiones de Níger, Chad y Camerún que comparten fronteras con Nigeria.

Sin embargo, la gente sigue viviendo en estos lugares. La ONU en Nigeria estima que 1,2 millones de personas viven en áreas no controladas por el gobierno donde, como la mayoría de las regiones rurales en el Sahel, los servicios básicos son muy escasos y la atención médica, inexistente. Este problema estructural se ve agravado por el conflicto.

Las personas aquí son aún más vulnerables a las enfermedades de salud estacionales como la malaria, que causa estragos durante la temporada de lluvias, y la desnutrición, durante la temporada de carestía. La malaria y la desnutrición se encuentran entre las principales causas de muerte infantil. Las epidemias también son frecuentes en estas áreas, y desde 2017, brindamos asistencia en brotes de meningitis, hepatitis E y cólera y, más recientemente, de sarampión.

Si bien las necesidades siguen siendo importantes en las áreas controladas por el gobierno, como las ciudades de ‘guarnición’ donde están estacionadas las tropas y la capital del estado de Borno, donde la mayoría de los desplazados se han refugiado, la situación de salud se ha estabilizado gracias a la provisión de ayuda.

Donde estamos presentes, hemos podido brindar asistencia médica a gran escala. Es el caso de Maiduguri. Con la llegada de los desplazados, la población de la ciudad se duplicó. Establecimos un hospital pediátrico con unas 200 camas donde brindamos atención a más de 10.000 niños cada año. En 2019, hemos tratamos a más de 3.500 pacientes con sarampión cuando el brote estalló en todo el estado. En la ciudad particularmente remota de la ‘guarnición’ de Bama, establecimos un hospital pediátrico de 30 camas e implementamo una campaña de quimioprevención de la malaria estacional para proteger a 12.000 niños durante el pico de transmisión. Nuestros equipos también brindan asistencia médica en Gwoza, Pulka y Ngala y, de forma intermitente, en Rann y Banki.

El número de pacientes y la gravedad de los casos que tratamos en áreas controladas por el gobierno donde se puede proporcionar ayuda humanitaria nos hacen temer por la salud de las personas en áreas rurales y áreas no controladas por el ejército que no tienen acceso a ninguna asistencia. Todo nos lleva a creer que un millón de personas que viven en áreas rurales se ven aún más afectadas por la malaria, la desnutrición y las epidemias, pero las organizaciones de ayuda no pueden llegar a ellas.

¿Por qué es imposible llegar a estas áreas en el noreste de Nigeria?

El principal obstáculo para llegar a estas áreas es la inseguridad fruto de la presencia de militantes de ISWAP y JAS. En 2018, el grupo ISWAP comenzó a atacar a organizaciones humanitarias, y en otoño asesinó a dos comadronas que trabajaban para el Comité Internacional de la Cruz Roja. En julio de 2019, seis miembros de Action Contre la Faim (ACF) fueron secuestrados por el ISWAP. Uno de ellos fue ejecutado en septiembre y otros cuatro, en diciembre. El grupo armado sigue reteniendo a varios otros trabajadores humanitarios, y hace dos semanas, se atribuyó la responsabilidad del secuestro de dos personas más cerca de Maiduguri. Durante un ataque a principios de año en Rann, en el este de Borno, grupos armados robaron los suministros de medicamentos y material médico de MSF destinados a las personas desplazadas. Nuestros equipos desplegados en el sur de Diffa en Níger han reportado incidentes similares. Todo esto significa que debemos ser extremadamente prudentes.

Otros problemas son las restricciones de las autoridades para viajar en ciertas carreteras o para las llamadas áreas ‘inaccesibles’. El ejército nigeriano prohíbe o restringe el acceso en los estados de Yobe, Borno y Adamawa, según su capacidad para garantizar la seguridad. Se imponen restricciones similares durante las operaciones militares y de contrainsurgencia destinadas a aislar áreas controladas por grupos armados para cortar su acceso a recursos externos, lo que incluye ayuda humanitaria, sin considerar que los civiles pueden estar presentes.

Estos son los factores que explican por qué la ayuda se concentra en las ciudades de ‘guarnición’. En otros lugares, la situación es todo un desafío para las organizaciones de ayuda, y aún más desde octubre, cuando las autoridades decidieron suspender temporalmente las actividades de ACF y Mercy Corps porque apoyaban a grupos terroristas.

A pesar de los muchos desafíos, ¿se pueden encontrar soluciones para brindar asistencia en estos enclaves?

Se necesita urgentemente proporcionar asistencia en lugares que no sean ciudades de ‘guarniciones’, donde el sistema de salud está roto y los niños son las principales víctimas de la malaria, la desnutrición y el sarampión. Basándonos en nuestra experiencia en el estado de Yobe, confiamos que se pueden encontrar formas alternativas de operación para lograrlo.

Durante casi dos años, nuestros equipos han brindado atención médica en distritos de salud en Yanusari, en el noreste de Yobe. También hemos apoyado el hospital en Maïné Soroa, en la vecina Níger. Nuestros equipos móviles desplegaron una extensa red de trabajadores de salud comunitarios capacitados y equipados para tratar la malaria, la desnutrición y la diarrea, las enfermedades más comunes que afectan a los niños pequeños.

Hasta julio, cuando un incidente de seguridad en Níger nos obligó a suspender nuestras actividades, trabajamos en áreas fuera del control del gobierno, en la región de Yanusari, en Nigeria y en la región de Maïné Soroa, en Níger. Durante nuestro despliegue, nos acusaron de apoyar a los insurgentes y el ejército nigeriano nos pidió repetidamente que suspendiéramos nuestras operaciones, a pesar de que el Ministerio de Salud local autorizaba nuestro despliegue.

Durante dos años, nuestros equipos pudieron ofrecer más de 140.000 consultas y brindar atención hospitalaria a 3.400 personas gravemente enfermas. Nuestros trabajadores de salud comunitarios trataron 24.800 casos de malaria y 2.700 niños con desnutrición aguda grave. También se trataron varios casos de sarampión cuando estalló la enfermedad a principios de año.

En las islas del lago Chad, pasamos varias semanas brindando asistencia similar a lo largo de la frontera que separa Níger de Nigeria, mediante atención médica a las personas que huyen de la violencia en el lado nigeriano del lago. Nuevamente, con el acuerdo de las autoridades sanitarias y de las comunidades locales.

Estas experiencias nos hacen confiar que es posible negociar con las diferentes partes en el terreno. Trabajar con las comunidades locales al desplegar este tipo de asistencia, por limitada que sea, garantiza el tratamiento temprano de las enfermedades y enfermedades que causan la mayor mortalidad infantil.