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15.06.2017

Violencia en República Centroafricana: ¿será Bambari la siguiente?

“¿Será Bambari la siguiente?”. Esta es la pregunta que se hace todo el mundo en la que es la segunda ciudad y el eje comercial de la República Centroafricana. Sus habitantes temen que la violencia que asoló las ciudades de Bangassou y Bria a principios de mayo —en forma de brutales masacres— pueda extenderse pronto a Bambari y vuelva a repetirse un derramamiento de sangre como el de la guerra de 2013-2014.

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El río Ouaka divide la ciudad en dos, con una parte predominantemente cristiana y la otra principalmente musulmana. En los últimos meses, Bambari ha permanecido en calma y sus numerosos grupos étnicos y religiosos han vivido relativamente en paz a un lado y al otro del río. En febrero, la misión de estabilización de las Naciones Unidas, MINUSCA, declaró Bambari como "ciudad sin armas", reforzando su imagen de área segura para aquellos que huyen de la violencia en otras partes del país.

En la actualidad, el 50% de los habitantes Bambari son desplazados procedentes de otras partes del país centroafricano. De las más de 55.000 personas desplazadas que han buscado seguridad en la ciudad, 10.300 han llegado desde mediados de marzo. La mayoría vive en nueve campos que rodean la ciudad. Se trata de asentamientos improvisados ​​sin agua corriente, electricidad ni servicios básicos de salud, carencias que incrementan el riesgo de epidemias.

Los desplazados, junto con los residentes de Bambari, dependen del hospital de la ciudad para recibir atención médica. Tanto el hospital como dos centros de salud reciben nuestro apoyo.

La calma de Bambari se ha visto sacudida recientemente por hechos recientes. Así, el 8 de mayo se produjo una masacre en Alindao. En esta ciudad, a unos 120 kilómetros, murieron 133 personas y barrios enteros fueron incendiados. El resurgimiento de la violencia forzó a la población a huir a Bambari.

En mayo, nuestros equipos en Bambari atendieron a 22 personas, de ellas, cuatro niños, por lesiones relacionadas con la violencia —frente a las 8 asistidas en abril—. Uno de los niños, de apenas tres años de edad, había recibido un disparo en el rostro. "Perdió la mayor parte de su labio inferior y padece una infección grave", explica nuestra doctora Nicole Hart.

La mayoría de los heridos en Alindao presentaban heridas de bala, pero también hubo heridos por arma blanca y quemaduras. "Atendí a Anga, un hombre que le habían cortado la garganta", recuerda Hart. “Había pasado dos días en el bosque cerca de Alindao antes de que lo trajeran a Bambari. La expresión de su rostro era de puro pánico. Tras la operación se está recuperando lentamente".

Desde la cama del hospital, Anga describe el ataque: "Mientras estaba tirado en el suelo protegiéndome del tiroteo, un hombre se acercó, levantó mi cabeza y me cortó la garganta con un cuchillo. Pensé que había muerto, pero parece ser que el corte no llegó a seccionarme del todo la garganta y pude seguir respirando”.

"Una joven llegó con casi todo el cuerpo quemado. La encerraron con su familia en casa y le prendieron fuego a la vivienda con ellos dentro. Tristemente, falleció hace unos días”, lamenta Hart.

Con la afluencia de personas desplazadas, nuestros equipos están comprobando un creciente número de pacientes. "En la zona musulmana, el centro de salud está situado junto a un campo de desplazados donde viven población fulani o peul [grupo étnico nómada]. En estos momentos, estamos realizando 120 consultas cada mañana", explica una de nuestras enfermeras, Andrea Blas. "Estamos asistiendo a un aumento considerable de casos de desnutrición, diarrea y malaria", añade.

El número de personas con desnutrición aguda severa atendidas por nuestros equipos en el centro de salud de Elevage (en la zona musulmana de la ciudad) aumentó desde tres casos en enero a 17 nuevos pacientes en mayo. En este mismo periodo, los pacientes con desnutrición moderada aumentaron desde 36 casos a 126 en mayo.

La situación puede ser tranquila en Bambari, pero nadie sabe cuánto durará. "Después de los incidentes en Alindao, la población está cada vez más alarmada", reconoce Cédric Chapon, nuestro coordinador de proyecto en Bambari. "La inestabilidad ya ha afectado a la mayoría de las ciudades más importantes, con excepción de Bambari. Pero la gente tiene miedo. Incluso habiendo paz entre las dos comunidades, existe el riesgo de que cualquier pequeño incidente criminal pueda ser interpretado como un acto de provocación. Esto podría encender una ola de violencia entre las comunidades de la ciudad".