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13.11.2020

Undécimo brote de Ébola; nuevas formas de trabajar que pueden servir para la COVID-19

La vacuna se implementó temprano en el 11º brote en República Democrática del Congo: ha jugado un papel importante en la reducción de la propagación del Ébola, y ha permito un cambio radical de enfoque. Se busca limitar la circulación del virus, pero los esfuerzos se centran ahora en la atención y la recuperación del paciente.

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El décimo brote de Ébola en República Democrática del Congo (RDC) azotó el este del país entre 2018 y principios de 2020, y se convirtió en el mayor de su historia. El undécimo, actualmente en curso en la provincia Ecuador, en el oeste de RDC, parece bastante diferente a su predecesor: avanza a baja intensidad, genera pequeños focos en áreas aisladas y se caracteriza por una tasa de mortalidad más baja.

El doctor Guyguy Manangama dirige nuestras actividades frente al Ébola: en esta entrevista, describe la situación tras una visita a la provincia de Ecuador, en República democrática del Congo:

¿Cuál es el estado actual de la epidemia de Ébola en la provincia de Ecuador?
El undécimo brote de Ébola en República Democrática del Congo se declaró el 1 de junio de 2020. Desde entonces, 130 personas han enfermado y 55 han muerto a causa de la enfermedad. Los primeros casos se registraron en la ciudad de Mbandaka, el centro administrativo de Ecuador, antes de que comenzaran a aparecer pequeños focos en los distritos más periféricos. Desde entonces, el brote ha ido avanzando a un ritmo lento. Aunque la situación parece estar bajo control, la experiencia muestra que aún pueden producirse nuevos focos.

Al mismo tiempo, estamos observando niveles bastante más bajos de carga viral y mortalidad, en comparación con el décimo brote de Ébola, que azotó el este del país entre 2018 y 2020. La mortalidad sigue siendo alta ahora, con una tasa de un 43%, pero ha bajado desde el 67% que vimos durante el brote en las provincias de Kivu Norte e Ituri.

Una posible explicación es que existe algún tipo de inmunidad natural entre las personas en la provincia de Ecuador, ya que esta región ha experimentado brotes de Ébola antes, más recientemente en 2018. Los reservorios del virus están tradicionalmente presentes allí. Entonces, es posible que algunas personas hayan experimentado una exposición de bajo nivel al virus antes y puedan ser inmunes de alguna manera.

Esta es solo una hipótesis basada en observaciones: se necesita más análisis para comprender. Además, hoy nos beneficiamos del progreso científico logrado en los últimos años, incluida nuestra capacidad para usar una vacuna y tratamientos curativos que han demostrado ser efectivos en ensayos clínicos realizados durante el brote anterior en Kivu del Norte.

¿Cuáles son las principales diferencias entre el décimo y el undécimo brotes y cómo afectan nuestras actividades?
La epidemia anterior fue excepcional en muchos sentidos, incluido el hecho de que tuvo lugar en un área que nunca antes había visto la enfermedad y que era un área de conflicto. El brote actualmente en curso es bastante diferente. No vemos grandes focos urbanos, sino casos esporádicos que no parecen extenderse de forma lineal; al carecer de carreteras importantes de larga distancia, por ejemplo, las comunidades se mueven a lo largo de los serpenteantes canales de la zona, a medida que van de una pequeña aldea a otra. Como resultado, los pacientes se encuentran dispersos en una vasta área que incluye 12 de los 17 distritos sanitarios de la provincia.

¿Qué pasa con las nuevas herramientas desarrolladas durante el último brote, como la primera vacuna contra el Ébola (que desde entonces ha sido autorizada) y los nuevos tratamientos? ¿Qué papel juegan en la respuesta al brote actual?
La vacuna se implementó temprano en el brote actual y puede haber jugado un papel importante en la reducción de la propagación del virus. La estrategia se basa en vacunar a las personas que tuvieron contacto directo o indirecto con los enfermos, pero en las zonas rurales y escasamente pobladas suele ser más conveniente y eficaz vacunar a toda la comunidad, lo que da como resultado un mayor nivel de protección de facto. Después de algunos retrasos, los nuevos tratamientos también se han implementado en los centros de tratamiento.

Hoy, estas herramientas permiten un cambio radical de enfoque. Si bien limitar la circulación del virus del Ébola sigue siendo un objetivo muy importante para la respuesta, ahora los esfuerzos se centran cada vez más en la atención y la recuperación del paciente.

Anteriormente, podíamos hacer poco más que aislar a los enfermos y proporcionarles tratamientos sintomáticos, por ejemplo, para la fiebre o la deshidratación. Tener tratamientos curativos a nuestra disposición significa que el paciente y la calidad de la atención pueden ocupar un lugar central.

Se han producido más avances en el camino de la profilaxis posterior a la exposición; esto incluye la administración de anticuerpos monoclonales a personas con una alta probabilidad de desarrollar la enfermedad, tras una exposición de alto riesgo al virus (por ejemplo, a través del contacto con la sangre de un paciente), siempre que se realice dentro de las 72 horas posteriores a la exposición.

Uno de los principales desafíos en Kivu del Norte e Ituri fue la reacción de la gente ante la llegada de los equipos de respuesta. ¿Cómo es la relación con la comunidad en la provincia de Ecuador?
En el noreste de la República Democrática del Congo, trabajamos en un contexto inestable, marcado por un conflicto muy violento que generó tensiones políticas durante largos períodos de tiempo. En Ecuador, el ambiente es mucho más tranquilo. La buena relación entre el personal sanitario y la población local también se puede atribuir al nuevo enfoque adoptado por la respuesta, que se basa en el empoderamiento de las microestructuras descentralizadas para la atención del Ébola en los centros sanitarios locales, cercanos a los pacientes y las comunidades, apoyándose en los trabajadores sanitarios locales. Limitando el uso de grandes instalaciones centralizadas y personal importado. En resumen, apoyamos a la red de salud local para identificar, aislar y tratar a los pacientes con Ébola, minimizando la necesidad de un sistema paralelo.

Promovimos este enfoque ya en 2019, mientras abordamos el brote anterior en el este. Ahora ha sido adoptado por todos los involucrados en la respuesta médica, incluido el Ministerio de Salud, y tiene muchas ventajas. Los grandes centros de tratamiento no son apreciados por las comunidades ni fácilmente aceptados por los pacientes y sus familias; están herméticamente sellados, impenetrables... provocan miedo. La incomprensión y hostilidad que generaron los centros en 2018 y 2019 causaron reacciones duras, en ocasiones muy violentas.

Al tener la opción de ser tratado más cerca de casa, en instalaciones conocidas y accesibles para sus familiares, los pacientes están mucho más dispuestos a presentarse en caso de síntomas. Si están infectados con Ébola, la admisión temprana a la atención también aumenta sus posibilidades de recuperación. Al enviar nuestros equipos móviles, también hemos tenido en cuenta las necesidades de salud más amplias de las personas además del Ébola; esto también ha contribuido en gran medida a la buena aceptación de nuestros equipos por parte de las comunidades.

Este virus mortal por fin está comenzando a parecer una enfermedad muy grave pero tratable, e incluso prevenible hasta cierto punto mediante la vacunación, en lugar de una amenaza biológica.