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13.09.2022

Retrocesos en la lucha contra el VIH, la tuberculosis y la malaria

Alertamos de las consecuencias de la falta de financiación contra las tres enfermedades y reclamamos a a los países europeos un aumento de las aportaciones al Fondo Mundial.

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La lucha global contra tres enfermedades mortales —el VIH/sida, la tuberculosis y la malaria— se ha estancado. Equipos de Médicos Sin Fronteras en todo el mundo han observado, en los últimos años, signos preocupantes de retroceso en la lucha contra estas enfermedades, agravados por la crisis de la COVID-19 y las dificultades económicas.

Si los países donantes quieren ayudar a vencer estas pandemias mortales, tendrán que demostrar su compromiso con un aumento de las contribuciones en la próxima ronda de financiación del Fondo Mundial de lucha contra el Sida, la Tuberculosis y la Malaria que se celebra en Nueva York el 19 de septiembre. Los 18.000 millones de dólares (17.900 millones de euros) solicitados por el Fondo Mundial son un mínimo. De hecho, incluso si se alcanzara esta cantidad, quedaría una brecha sin financiación del 22%, mayor que el 18% que dejó la anterior ronda. ​

Nuestros equipos en terreno han visto cómo se reducen los programas de VIH para mujeres embarazadas y sus bebés nonatos y los dirigidos a grupos vulnerables. También han sido testigo de la disminución de la calidad de la atención o la omisión de elementos esenciales, como las pruebas para determinar el nivel de virus en la sangre, los medicamentos para tratar a las personas con infecciones oportunistas y complicaciones relacionadas con el sida, y la atención pediátrica adaptada a la tuberculosis.

Ya 2019, MSF advertimos que la respuesta al VIH y la tuberculosis se había paralizado, en gran medida, porque el mundo era demasiado optimista sobre la parte de la financiación de los programas de lucha contra las enfermedades que podían asumir los países de ingresos bajos y medios. Una nueva evaluación realizada nuestros equipos en 2022 muestra cómo la pandemia de COVID-19 y las crisis económicas y sociales concurrentes han agravado los problemas existentes y amenazan los avances logrados en los últimos años. Las consecuencias para las personas que viven con las tres enfermedades son dramáticas: se reduce la cobertura y se ralentiza el despliegue de la prevención y el tratamiento, y los países, presionados por el déficit de financiación, quitan prioridad a intervenciones esenciales, hacen concesiones en la calidad de la atención y retrasan importantes innovaciones.

"El Fondo Mundial tiene razón al destacar los grandes avances conseguidos en los últimos 20 años en la lucha contra las tres enfermedades. Pero estos logros se ven amenazados ahora. Desde MSF queremos subrayar la urgencia del problema, una urgencia que el propio Fondo Mundial menciona cuando reconoce que estamos lejos de alcanzar las metas de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de acabar con las tres enfermedades", afirma Raquel González, responsable de Relaciones Institucionales de MSF.

 

  • 1,5 millones de fallecimientos por tuberculosis en 2020, por primera vez en más de diez años ascienden las muertes.
  • 9,5 millones de personas que viven con el VIH no reciben tratamiento una de cada tres que buscan iniciarlo ya muestran signos de enfermedad avanzada lo que les sitúa en un alto riesgo de muerte. Durante la crisis de COVID-19, muchos pacientes vieron interrumpidos su tratamiento y ahora necesitan retomarlo urgentemente.
  • Las personas que enferman de malaria aumentan hasta los niveles de 2015 y los fallecimientos suben un 12%: 627.000 muertes.

 

Consecuencias en los países afectados, siete casos

Los equipos de MSF, que llevan a cabo programas médicos en todo el mundo, son testigos de las muy reales consecuencias del déficit de financiación para sus pacientes. El informe de MSF ‘Bridging the gaps. The Neglected pandemics: VIH/Aids, tuberculosis and malaria’ (Llenando el vacío. Las pandemias olvidadas: VIH/sida, tuberculosis y malaria) presenta ejemplos de siete países: República Centroafricana, República Democrática del Congo, Guinea, Mozambique, Myanmar, Sudán del Sur y Uganda.

Una consecuencia es la pérdida de lo ganado en los años anteriores. Estamos peor en varios frentes que hace unos años. Cuando los países se enfrentan a una financiación insuficiente de sus programas médicos, tienen que hacer recortes.

Otro efecto del déficit de financiación es el descenso de la calidad de atención, un factor contraproducente y potencialmente muy peligroso para las personas con VIH, tuberculosis o malaria. También hay menos apoyo a los programas de salud comunitaria, aunque han demostrado ser muy eficaces. Y cuando el dinero es escaso, se retrasa la aplicación de enfoques innovadores y la oferta de los tratamientos más recientes. En última instancia, son los pacientes los que se llevan la peor parte.

 

Petición a España

La cuestión clave es si la conferencia de reposición de fondos del Fondo Mundial conseguirá movilizar la financiación necesaria y si los países aumentarán sus compromisos en, al menos un 30%, respecto a las anteriores rondas. Estados Unidos (con 6.000 millones dólares), Alemania (1.300 millones) y Japón (más de mil millones dólares) ya han asumido algunas promesas firmes, pero otros países, España entre ellos, no han hecho público si se comprometerán, cuándo y cuánto. Un déficit de los donantes europeos, en particular, tendría un efecto doblemente negativo, ya que reduciría proporcionalmente el compromiso de EE. UU., que está limitado a un máximo de un tercio del total. ​ ​ ​

En este sentido, Salud por Derecho, Médicos Sin Fronteras y la Coordinadora Estatal de Sida (CESIDA) han solicitado al Gobierno de España una aportación al Fondo Mundial de, al menos, 180 millones de euros para los próximos tres años.

Se estima que se necesitan 130.000 millones de dólares para el VIH, la tuberculosis y la malaria para el periodo 2024-26. Si el Fondo Mundial aporta el 14% (18.000 millones dólares) y otros fondos externos aportan otro 19%, la financiación de los propios países receptores debería representar el 45%, lo que parece poco probable. Esto deja un enorme vacío del 22% (28.500 millones de dólares). Con unas expectativas demasiado optimistas en cuanto a la financiación nacional, es previsible esperar un déficit real mucho mayor que ese 22%.

Muchos donantes internacionales se han retirado de la financiación bilateral de los programas contra el VIH, la tuberculosis y la malaria. Para complementar las contribuciones de los países al Fondo Mundial, los países donantes deberán volver a comprometerse urgentemente en la lucha contra el VIH, la tuberculosis y la malaria o correrán el riesgo de ver cómo se desandan los avances. La primera oportunidad: la conferencia de reposición del Fondo Mundial el lunes en Nueva York.