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28.11.2016

“Deberíamos vivir bajo tierra para sobrevivir”

En medio de un conflicto cada vez más intenso y de la afluencia masiva de víctimas en Guta oriental, en las cercanías de Damasco, el pasado viernes 25 de noviembre conseguimos conversar unos momentos con un médico generalista* que trabaja en una clínica improvisada de la zona.

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Durante las últimas tres semanas, hemos experimentado nuevas oleadas de ataques tanto desde tierra como desde el aire. Estas embestidas han golpeado áreas residenciales, especialmente escuelas.

Todavía hay centros médicos en funcionamiento, pero a duras penas podemos hacer frente a esta nueva ola de violencia. Como es ya habitual, las instalaciones médicas se han visto afectadas –algo a lo que ya nos hemos acostumbrado–, pero ahora también las escuelas están siendo atacadas. Esto ha hecho que este momento sea mucho más difícil.

En esta zona, nuestro centro médico es fundamental. La mayoría de nuestros servicios continúan funcionando y están disponibles para los pacientes. Contamos con cirugía general y especializada, un departamento de radiografías, un laboratorio, ambulancias y personal que aún viene a trabajar, por lo que cuando hay un bombardeo, nos llegan muchos heridos.

La mayoría de las lesiones que hemos visto en los últimos tiempos requieren intervenciones quirúrgicas complejas, lo que lamentablemente significa amputaciones. Sumado a eso, tenemos muchos casos de daños en los nervios, para lo cual traemos un médico especialista que se encarga de estas emergencias.

La mayoría de los heridos que hemos recibido en estas últimas semanas han sido niños. Debido a los ataques, hemos visto muchos fallecidos; familias enteras destruidas. Hubo un caso reciente en el que toda una familia, excepto el padre, murió.

En otra familia, el hombre, que es médico, sobrevivió a un bombardeo aéreo, pero su esposa y su suegra están internadas en terapia intensiva, y su hija ha muerto. Ahora mismo, mientras hablo contigo, me avisan de que más muertos y heridos están por llegar –dicen que uno de ellos es una niña que murió al instante.

Ayer, después de un ataque aéreo, trajeron a otro niño que llegó ya sin vida. Tres hombres que trabajaban en un poste eléctrico también ingresaron requiriendo cirugías intensivas, y una mujer que caminaba de regreso a su casa fue herida y traída al centro.

Ahora, en un solo día, estamos haciendo una media de cinco o seis cirugías de urgencia para salvar la vida de nuestros pacientes.

Si esta situación continúa, la mejor solución sería que tal vez todos nosotros –la comunidad entera- nos trasladásemos a vivir bajo tierra para poder sobrevivir.

 

*Se requirió anonimato por razones de seguridad personal.