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30.09.2016

“Los pacientes tienen que esperar a que otros mueran para poder ser trasladados a cuidados intensivos”

El doctor Abu Wasim es gerente de un hospital de traumatología en el este de Alepo que recibe apoyo de Médicos Sin Fronteras (MSF). Este centro es uno de los ocho hospitales en funcionamiento que quedan en la zona, donde 250.000 personas viven sitiadas, atrapadas entre las bombas.

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¿Cuál es la situación en el este de Alepo?

Desde el pasado mes de julio vivimos en estado de sitio, y conseguir cubrir necesidades básicas como la comida se ha convertido en una misión imposible: las largas colas delante de las panaderías son una escena habitual. Y lo mismo ocurre con otras necesidades  básicas. La ciudad ha estado sin electricidad durante seis meses y la gente usaba generadores, pero estos no podían dar servicio durante mucho tiempo por falta de combustible. Este asedio y la campaña de bombardeos tan feroz que estamos viviendo han convertido esta ciudad en un infierno.

En tales circunstancias, ¿cómo funcionan los hospitales?

Los bombardeos de estos días son los más brutales de los últimos tres años, por lo que los hospitales funcionan 24 horas al día, siete días a la semana, sin parar. Únicamente tenemos tres quirófanos y hace poco tuvimos que realizar más de una veintena de cirugías abdominales graves. El problema principal es que no estamos preparados para niveles tan crueles de violencia. Para empezar, se consumen enormes cantidades de suministros médicos.

¿Cómo hace frente a una situación así el personal médico del hospital?

Los médicos están trabajando más de lo que un ser humano puede soportar. A veces trabajan hasta 20 horas al día. Simplemente, no pueden irse a casa y dejar que la gente muera. Estamos abrumados, y a la vez existe un grado de compromiso que me enorgullece. Hacemos todo lo que podemos para salvar vidas, pero nos enfrentamos a la muerte todos los días.

¿Cuáles son los principales retos a los que se enfrenta como médico?

La ciudad en su conjunto se enfrenta a una grave falta de unidades de cuidados intensivos; con este nivel tan brutal de bombardeos, están todas llenas. Los pacientes tienen que esperar a que otros mueran para poder ser trasladados a una cama disponible. A veces tenemos que tomar decisiones sumamente difíciles como dejar morir a un paciente en estado crítico para que otro pueda tener una oportunidad de vivir.

Otro problema muy importante es que ahora mismo no tenemos ningún centro donde referir a nuestros pacientes. Algunos de ellos sufren quemaduras muy graves u otras condiciones médicas que no podemos tratar en el este de Alepo. Están atrapados aquí con nosotros. Hacemos lo que podemos para salvarlos, pero no siempre lo conseguimos.

¿Ha habido alguna situación especial que recuerde?

Sí, había una niña de 12 años que necesitaba atención urgente en cuidados intensivos, pero no teníamos ventilación mecánica y era medianoche. Llamamos a todos los hospitales de la ciudad, pero no encontramos ninguno. Nos enteramos de que un hospital había sufrido daños por un bombardeo: su unidad de cuidados intensivos estaba parcialmente dañada, pero el respirador había quedado intacto. No nos lo podíamos creer. Inmediatamente fuimos para allá –siete kilómetros de oscuridad bajo las bombas– y conseguimos el respirador. Le salvamos la vida a la niña.

¿Cómo ve el futuro la población y el personal médico?

La gente está desesperada. Viven como pueden en el día a día, y esperan que esta guerra termine. En cuanto a nosotros, seguiremos trabajando mientras tengamos alguna manera de conseguir suministros y material médico, o podamos ir derivando a los heridos y los enfermos, o hasta que nos quedamos sin nada. La gente del este de Alepo está atrapada, y nosotros nos quedamos aquí por ellos.